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sábado, 6 de febrero de 2016

"EL SUEÑO DEL REY": MODÉLICA LITERATURA DE VIAJES



El sueño del rey
Viajes y mesianismo en el Renacimiento peninsular
Isabel Soler
Acantilado, Barcelona, 2015, 351 páginas

   Isabel Soler (Barcelona, 1964), profesora de literatura y cultura portuguesas en la Universidad de Barcelona, es una de las más importantes investigadoras y conocedoras no solo de la historia, sino también de la intrahistoria, de las motivaciones, intereses, sueños de aquellos individuos de los siglos XV, XVI y XVII que, desde la Península Ibérica, y especialmente desde Portugal, en auténticas marejadas de demencia, se precipitaron por las sendas marítimas o por los caminos pedestres en búsqueda errante de nuevas rutas oceánicas, de regiones remotas con pueblos perdidos y culturas desconocidas. Quizás la razón última de esas “marejadas de demencia” resida en la condición viajera constitutiva de la esencia humana, como ya anoté en el comentario del libro de Isabel Soler, Derrota de Vasco de Gama. El primer viaje marítimo a la India (2011). En efecto, junto con la irrupción de la sabiduría y el desorden, penetra en aquellos primates de cerebro grande otra ubris no menos intensa: la necesidad de abrir horizontes, de viajar y de conquistar el mundo. El desarrollo del pensamiento empírico-lógico, el despliegue de múltiples aptitudes intelectuales para la invención, la organización y la creación, y con igual o superior empuje, la capacidad imaginativa hizo concebir a nuestros antepasados,  a los viajantes y marinos renacentistas temerarias quimeras expansivas, conquistadoras o simplemente exploradoras. Todo ello lo ha analizado Isabel Soler en obras como la arriba citada, en El nudo y la esfera (2003) y en Los mares náufragos (2004).
   En este marco general se inscribe ahora este valioso ensayo, El sueño del rey. Viajes y mesianismo en el Renacimiento peninsular. Un análisis, a la vez hábil y profundo de las motivaciones visibles y de aquellas más ocultas de los viajes oceánicos de las naves portuguesas y españolas de a finales del siglo XV y XVI. Viajes en los que aparecen con derecho propio Cristóbal Colón, Vasco de Gama y Fernando de Magallanes, que revolucionaron las bases del mundo antiguo y crearon las del mundo moderno, y en cuyos relatos se produce un “forzados machihembrado entre la imaginación y la verosimilitud” (página 10). Porque la autora lo tiene muy claro en los componentes de esa sutura: al saber le es imprescindible la imaginación. Un binomio, pues, que, según Isabel Soler, es indispensable para comprender cabalmente aquellas fiebres viajeras, cuyos grandes personajes fueron el rey dom Manuel I de Portugal, Cristóbal Colón, Vasco de Gama y Fernando de Magallanes. Todos ellos, “actores trágicos”, marcados por la fatalidad y por la fuerza de lo invencible que les empujaron a emprender viajes reales, pero espoleados por la imaginación.
   Isabel Soler ofrece en este ensayo, no una fría relación de hecho y de viajes, sino una lectura histórica de los mismos. Es decir, pretende descubrir el significado de esas singladuras, o con palabras de la autora en “Éxodo” final, hacer inteligible los motivos que llevaron  a las naves a desplegar sus velas, las necesidades ideológicas, las místicas, el radical juego de poder político, económico y espiritual que las circunstancias históricas obligaron a desarrollar.
  Considero que la autora titula con acierto su libro con el rótulo El sueño del rey, porque estos viajes parten del sueño mesiánico del rey dom Manuel I de Portugal, que no fue otro que la dramatización del poder del rey y, a través de él, del poder de Dios. Los corifeos/héroes de ese sueño fueron los tres navegantes ya mencionado. A este sueño del rey dedica la autora el primer capítulo del libro. Se inicia con el acceso a la corona portuguesa dom Manuel I, el Venturoso, el Afortunado, el Escogido. Don Manuel I que reinará bajo la divisa de la esphera armilar, será el testigo, tras la muerte de Fernando el Católico, del designio profético y del mesianismo dirigido hacia Oriente que inclinará los viajes oceánicos de sus súbditos.
   El ensayo de Isabel Soler pretende así mismo explicar lo que significaba Oriente en la mentalidad renacentista y para las naves que surcaron los océanos: un antiguo  y lejano anhelo, un problema y una utopía, una “otredad” imaginaria y antitética, una entelequia esencialista que el providencialismo y el mesianismo se encargarán de alimentar. Será la corona portuguesa la que intente construir un nuevo puente entre Oriente y Occidente. “Puente sobre aguas turbulentas”, el segundo capítulo de la publicación analiza ese importante papel, centrándose especialmente en la estrategia y en la obsesión manuelinas en el Mediterráneo y especialmente en el lejano Oriente, alimentadas por los viajes de Vasco de Gama y Pedro Álvares Cabral, que significaban una verdadera ampliación del mudo.
   La autora presta así mismo atención a la obra de los cartógrafos portugueses. Y a los enfrentamientos entre las dos monarquías peninsulares con vistas a fijar los límites geográficos de sus áreas de influencia. Finalmente, la última secuencia del libro analiza la circunnavegación del globo por Fernando de Magallanes, una traición a la corona portuguesa, “poco heroica, pero sí transcendentemente política”, fruto del despecho por un injusto maltrato. El apátrida portugués, adelantado y capitán general de la Armada para el descubrimiento de las especerías, hará frente con mano dura a los capitanes españoles traidores, y finalmente capitaneará una expedición que sin recorrer mares reservados a los portugueses por el Tratado de Tordesillas, no solo garantizó el acceso a las especies, sino que, tras la arribada de la nao Victoria a Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522, resquebrajará la vieja imagen de los fines del mundo y afianzará la idea de la redondez de la tierra.
   El libro de Isabel Soler es una crónica fascinante, ampliamente documentada y sin embargo escrita con un estilo claro e inteligible, que aquilata y depura no pocos mitos, al poner de manifiesto los afanes y motivos reales de aquellos desmesurados viajes oceánicos en busca no solo de cristianos, sino de especias y nuevos horizontes para el comercio. Ampliaron, es verdad, la imago mundi, pero para ello se conquistaron a la fuerza territorios, se traicionó, se torturó y se mató. Verdades y realidades siempre en conflicto desde su polifónica realidad, como reconoce la autora en este excelente y modélico libro de literatura de viajes.

Francisco Martínez Bouzas

                                                      
Isabel Soler
Fragmentos

“Desde la ladera del castillo de Lisboa, un eremita franciscano propagaba  la Joaquinita e inminente llegada de una Nueva Era que invertiría el orden social y purificaría la Iglesia. Parece que se acercó al Mestre de Avis para pedirle que, en vez de huir a Inglaterra, resistiera al invasor castellano, porque la victoria estaba asegurada. De la batalla de Aljubarrota ese 14 de agosto de 1385 nacía la dinastía de los Avis, pero el providencialismo portugués, así como la propia realeza lusa, arrancan de mucho más lejos, y ambos parecen verdaderamente incuestionables porque emanan directamente de la voluntad de Dios. Así lo entendía el cronista Duarte Galvão, secretario personal del rey dom Manuel y esmerado ideólogo de su imagen imperial en el prólogo de la Crónica de dom Afonso Henriques, donde la predestinación del rey quedaba justificada y enlazada a otra más amplia y superior, la predestinación del propio Portugal…”

…..

“Se dio prisa el rey Manuel I de Portugal, tras el regreso de Vasco de Gama con la noticia de su llegada a la India, en anunciar a las cortes europeas, y sobre todo  a la castellana, cuáles eran a partir de ahora sus posesiones en el mundo. Lo hizo incluso antes de que el propio Vasco de Gama amarrara su nave en el muelle de Lisboa, porque el 26 de julio de 1499 informaba a su primo Maximiliano, «augusto emperador de los Romanos de las dimensiones de su imperio…”

…..

“Aunque en 1522 la hubieran circunnavegado, ni siquiera los dieciocho supervivientes de la nave Victoria eran capaces de entender las dimensiones de la redondez de la Tierra, porque la habían navegado a ciegas a pesar de encontrase entre ellos Andrés de San Martín, uno de los mayores cosmógrafos de la época. Lo que quizá no parece tan difícil de entender es esa dicotomía entre el deseo y la realidad -o entre la verdad y lo real-, aunque la explique el cronista don João de Barros muchos años después, en la Década III, publicada en 1563, aludiendo a algo transcendentalmente concreto: el descubrimiento de las Molucas en 1512 por aquel que podría considerarse el instigador de la traición de Magallanes, su gran amigo Francisco Serrão. Y, a su vez, Barros no perdió la oportunidad de mezclar ese hallazgo con el sueño, esta vez de los propios moluqueños, encarnado en la creencia profética de la llegada de «unos hombres de hierro de muy remotas partes del mundo».”

(Isabel Soler, El sueño del rey, páginas 60, 167, 300)

martes, 23 de agosto de 2011

VIAJES Y VIAJEROS: "DERROTA DE VASCO DE GAMA"

Derrota de Vasco de Gama. El primer viaje marítimo a la India
Isabel Soler
Acantilado, Barcelona, 2011, 228 páginas.


La condición viajera por tierras y mares es inherente y constitutiva de la existencia humana. Junto con la irrupción  de la sabiduría y del desorden, en aquellos primates con cerebro grande, seres invadidos por el egoísmo, la ebriedad, la furia, la imaginación, el amor, la desmesura,… se instaló otra ubris no menos intensa: la necesidad de abrir horizontes, de viajar y conquistar el mundo. El tópico medieval “Homo viator”, usado originariamente con otro significado, delimita a la perfección esa nueva condición de la especie humana. “El homo erectus, escribe Edgar Morin, tardó algunos centenares de miles de años en extenderse en el Mundo Antiguo, mientras que sapiens en unas pocas decenas de miles de años se extiende por toda la tierra” (El paradigma perdido, página 132). El desarrollo del pensamiento empírico-lógico, el despliegue de múltiples aptitudes intelectuales para la organización, la invención y la creación y la misma capacidad imaginativa (el pensamiento subjetivo-fantasmagórico-mítico-mágico) les hizo concebir a nuestros antepasados, y también a nosotros,  temerarias quimeras expansivas, conquistadoras o simplemente exploradoras, cuya consecuencia práctica, fue y es el dominio del planeta, una prodigiosa diáspora que ensanchó el mundo hasta sus últimas fronteras.
Este libro publicado por Acantilado, habla precisamente de todo ello, de esas marejadas de demencia que forzaron a algunos individuos de nuestra especie a precipitarse por las sendas marinas o por los caminos pedestres, entre montañas y valles, en búsqueda errante de nuevas derrotas marítimas, remotas regiones con pueblos perdidos y culturas olvidadas o desconocidas.
Porque fruto  de la “demencia” (de la “demencia” del “homo sapiens”) fue el viaje del genovés Cristóbal Colón hacia lo desconocido. Pero no menos “neurótica” fue la  travesía que el navegante portugués Vasco da Gama emprendió el 8 de julio de 1497. Ambos pretendían llegar a la India por mar, evitando así el control arancelario ejercido por los venecianos sobre el comercio con Oriente a través del Mediterráneo. Pasados dos años, el portugués había logrado lo que en vano intentó Cristóbal Colón: arribar a la India, inmenso territorio de ricos mercados y millones de potenciales cristianos. (“Venimos a buscar cristianos y especias”, decía el portugués). Había llegado a la India por mar, bordeando África y enfrentándose con el cabo de Buena Esperanza.
Desde entonces, Vasco da Gama, el capitán mayor de aquella expedición, se convirtió en mito y la presencia portuguesa en Oriente creció de forma acelerada, hasta el punto de que, en unos pocos años, los portugueses controlaron la mayoría de de los puertos importantes de aquellas latitudes. El mito y la hazaña, auspiciados por el rey mesiánico portugués, Manuel I, serían ensalzados, ochenta años después, por Os Lusiadas de Luís de Camoes, aunque Vasco da Gama y su propia existencia aparezcan salpicados por episodios obscuros, fruto quizás de la manipulación de la historia oficial, como afirma Isabel Soler, investigadora de los viajes y letras portuguesas del Renacimiento.
De Vasco da Gama, al contrario de lo que aconteció con Colón, no se conserva ningún diario de a bordo. Únicamente un texto escrito por un anónimo tripulante de aquella expedición, Roteiro da Primeira  Viagem de Vasco da Gama, que, en traducción de Isabel Soler, publica ahora Acantilado, precedido de un amplísimo y documentado Prólogo de su autoría. Este anónimo Roteiro está escrito como un diario de viaje, exento de artificios y brillantez literaria, pero repleto de la frescura de quien es testigo ocular de lo que narra. Registra el desconocido autor rutas, incidentes en los navíos, encuentros con los nativos en los puertos donde desembarcaban, hasta alcanzar la población india de Calicut. Así como el regreso, hasta el día 25 de abril de 1499, fecha en la que el relato se interrumpe de forma brusca.

Isabel Soler
Isabel Soler nos ofrece una versión en español que recoge y completa las ediciones precedentes más rigurosas, tanto portuguesas como europeas. Acertadamente mantiene la traductora el tono inculto y tosco pero ágil, espontáneo y documental del anónimo autor. Su traducción se halla precedida, como ya apunté, por un extenso y documentado estudio que contextualiza el texto original, la figura de Vasco da Gama y el juego de sombras y luces sobre él proyectadas, especialmente en Os Lusiadas, donde su personalidad aparece muy desdibujada frente a la intervención de los dioses.
Un doble acercamiento, pues, a una gesta que abre nuevos horizontes, de conquista y colonialismo por supuesto, pero que, en contraste con lo que hicieron los españoles, como afirma la prologuista, “el viaje portugués tricontinental y trioceánico fue a lo largo de más de 200 años un diálogo y no un monólogo con las culturas encontradas”.
                                                

Fragmento

(…) “En esta tierra hay hombres oscuros que no comen sino lobos marinos y ballenas, y carne de gacelas y raíces de hierbas. Y andan cubiertos con pieles, y llevan unas vainas en sus naturas. Y sus armas son unos cuernos tostados, metidos  en unas varas de acebuche, y tienen muchos perros, como los de Portugal, y así mismo ladran. Las aves de esta tierra son así mismo como las de Portugal: cuervos marinos, gaviotas, tórtolas y alondras, y otras muchas aves. Y la tierra es muy saludable y templada y de buenas hierbas”

(…) “Y fondeamos junto a la costa, obra de una legua y media de tierra. Y una vez posados, se acercaron cuatro barcos que venían para saber qué gente éramos, y nos confirmaron y mostraron Calicut. Y al día siguiente (21 de mayo) volvieron estos barcos a nuestros navíos. Y el capitán mayor mandó a uno de los degradados a Calicut, y aquellos con los que iba lo llevaron donde estaban los moros de Túnez que sabían hablar castellano y genovés. Y la primera salva que le dieron fue ésta que sigue:
-¡Por todos los diablos! ¿Quién te trajo aquí?
Y le preguntaron qué habíamos venido a buscar tan lejos, y él les respondió:
-¡Venimos a buscar cristianos y especias!”

(Roteiro da Priemeira Viagem de Vasco da Gama, en Isabel Soler, Derrota de Vasco de Gama, paginas 118 y 161)

Vasco da Gama (Óleo de Antonio Manuel de Fosnseca, 1938)