Mostrando entradas con la etiqueta Imre Kertész. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imre Kertész. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de julio de 2016

"LA ÚLTIMA POSADA": TESTAMENTO VISCERAL DE IMRE KERTÉSZ



La última posada
Imre Kertész
Traducción de húngaro de Adamn Kovacsics
Acantilado, Barcelona, 2016, 294 páginas

   Este libro es la culminación de la obra de Imre Kertész. Así lo consideró el Nobel húngaro, fallecido el pasado mes de marzo. Testamento visceral de una de las últimas memorias vivas del Holocausto. Un escritor prácticamente desconocido en Occidente, hasta que en el año 2002 la Academia sueca le otorgó el Nobel de literatura, porque Imre Kertész fue capaz de confrontar la frágil experiencia del individuo contra la bárbara arbitrariedad de la Historia. Como Primo Levi, otro superviviente del exterminio, entendió los campos de concentración como una siniestra señal de peligro. Y en ambos brotó la necesidad interior de dar testimonio, de hablar a los “demás” para que supiésemos lo que el hombre fue capaz de hacer con el hombre.
   A pesar del párkinson que martirizó sus últimos quince años, Imre Kertész se aferró a la vida, no permitió que la desesperanza anidara en su alma, como tampoco lo había permitido en los infiernos de Auschwitz-Birkeneau y Buchenvald. Pero también se asió a la literatura, contenido esencial de su existencia, y cuyo último testimonio íntimo es La última posada, un texto sobre la senectud, una novela inspirada en los últimos cuadros de William Turner y en los postreros cuartetos de Beethoven. Escrito en el formato de un diario que incluye una novela, recogiendo veloces apuntes, con el propósito de “girar el timón rumbo al último puerto”, el libro se convierte en un veraz ajuste de cuentas en las proximidades de la muerte presentida. Crónica pues en la “antesala de la muerte” del autor que tuvo en la escritura la razón de su existencia.
   El libro bascula en torno a la vida y a la vejez del escritor, con una descarnada reflexión sobre la decadencia física, los síntomas de la vejez, la enfermedad que cada día galopa de forma más rápida, la existencia que toca a su fin. Pero también repasa Kertész el curso de su vida: sus sufrimientos, los achaques, la depresión, la concesión del Nobel. Y por supuesto, también el Holocausto. Y Auschwitz: “Escribo sobre Auschwitz y a mí no me llevaron allí para que me dieran el premio Nobel, sino para matarme. Todo cuanto ha ocurrido más allá de eso es mera anécdota”.
   Reflexiona igualmente sobre muchos otros temas: la función y destino del ser en las actuales sociedades, la liquidación de la individualidad: “Nuestra época, la del ser humano funcional y sustituible, la de la sociedad de masas y del Estado moderno, lleva implícita la posibilidad del totalitarismo y, por tanto, de Auschwitz”. Y transcribe así mismo sus opiniones sobre muchos otros temas, como el papel de la novela, la cultura, o escritores como Kafka, Thomas Mann, Paul Celan, W.G. Sebald, Albert Camus, Jean Améry, Milan Kundera… Sus viajes a España, con estancias en Madrid y Barcelona. También sale a relucir su vida secreta que siempre fue la verdadera.
   Este libro, híbrido entre la novela y la biografía, fue escrito con el mismo propósito del resto de la obra del Nobel húngaro. Además de lo ya señalado, critica el tupido velo que los países occidentales, por conveniencia o cobardía, dejaron sobre Auschwitz y sobre Siberia, las topografías del horror vivido por millones de personas. De esa cobardía ha nacido la Europa de hoy: débil, ineficaz, cicatera, carente de coherencia cultural, con una cultura que tritura a los seres humanos hasta convertirlos en amebas, carentes de toda sustancia, una masa obediente susceptible de ser dirigida por ordenadores y como ordenadores.
   ¿Alguna razón para la esperanza? Sí, la construcción de un edificio ético a partir de la experiencia de la ignominia. Pero más que esperanza, es resistencia. Por eso Imre Kertész no se suicidó, no optó por la vía rápida, no quiso añadir su nombre a la lista de los supervivientes que pusieron fin a sus vidas (Primo Levi, Jean Améry, Tadeusz Borowski). “No quiero que puedan decir que yo mismo ejecuté la sentencia. Por eso aguantaré hasta el final”. Aunque su deseo es desaparecer, la única forma de ser libre: “Desaparecer  en la nada por amor a la vida de otro”.
                                                      
Oleo de William Turner, pintor en el que se inspiró Imre Kertész
 En La última posada encontramos así mismo secuencias metaliterarias. Imre Kertész confiesa las dificultades que le supone escribir: las distintas versiones, los cambios que sus exigencias perfeccionistas le obligan a introducir en los textos. Sus experiencias como escritor bajo un régimen totalitario. Pero tampoco se ahorra críticas contra los regímenes que se orgullecen de sus democracias, y cuyos únicos valores son el dinero y el poder.
   Un libro crudo, descarnado y desgarrador, que nos obliga a reflexionar. Porque está habitado por alguna zona luminosa, aunque predominan las tinieblas, las zonas oscuras. Quizás no añade nada nuevo, porque todo ya está contado en las novelas de Kertész. Con no pocas secuencias poco cuidadas. Sin embargo, en este diario-novela, Imre Kertész deja las huellas de toda una existencia vivida entre el terror, el dolor y la resistencia a los dictadores malignos y a las sociedades actuales que liquidan la individualidad.

Francisco Martínez Bouzas
                                                      
Imre Kertész

Fragmentos

“Puedo afirmar, sin embargo, que soy el escritor de una forma de vida judía anacrónica, del galut, de la forma de vida de los judíos asimilados, portador y representante  de esa forma de vida, cronista de su liquidación, mensajero de su necesaria desaparición. En este sentido, la Endlösung, la Solución Final, desempeña  un papel decisivo. Aquel cuya identidad judía le viene dada única y exclusivamente por el intento de exterminio de los judíos, por Auschwitz, no puede llamarse judío en cierto sentido. Es el «judío no judío» del que habla Deutscher, su variante europea sin arraigo; desempeña un papel grande -y quizá también importante- en la cultura europea (si es que tal cosa existe), pero ninguno en la historia reciente del judaísmo ni, en general, en la renovación del judaísmo (y una vez más hay que añadir: si es que la hay o la habrá). El «judío» es sólo una categoría inequívoca para los antisemitas”

…..

“Profundísima depresión. De paso se me ocurrió que tengo setenta y cinco años. Increíble. Esto, sin embargo, significa ya la cercanía de la muerte. Probablemente no tenga ya ningún sentido lo que he creado. ¿Quién lee en húngaro? Algunos miembros de la policía secreta que reciben un encargo esepcial. Según un artículo publicado en ÉS, mis traductores han confesado que pulen las aristas de mis textos para «no ofender el gusto del lector», como quien dice. No he hecho nada en todo el día. A la depresión se suma la somnolencia. Me da pena M., me doy pena yo mismo. Mucho me temo que mi vida creativa ha terminado.
He leído con envidia en el Frankfurter Allgemeine que el último premio Nobel -Coetzee- no concede entrevistas, no conversa, no habla sobre literatura, sino solamente sobre rugby. A mí, en cambio, me esperaba un fax de dos páginas en casa, con toda una serie de repelentes propuestas a propósito de la publicación en francés de Liquidación. Desgana, profundo cansancio, al anochecer puse Variaciones Goldberg interpretadas por András Schiff. Esto más o menos me consoló…”

…..

ÓBITO

Un hombre de buen gusto no vive ya a mi edad.
La historia natural de la destrucción. Escribirla con frialdad, casi con regocijo por el mal ajeno, como testigo de uno mismo.
¿Recoger los restos de mi existencia espiritual? ¿Conformarme con seguir viviendo? ¡Vaya arrogancia!... ¿Reconocer cómo le cambia la cara a la gente cuando me mira? ¿Vivir el el destierro? ¿Vivir en la vergüenza de la existencia? Es más: ¿implorar seguir viviendo?
He conseguido todo aquello a lo que he aspirado en la vida, y este exitoso cumplimiento demuestra que yo aspiraba a mi propia destrucción.
Siempre he tenido una vida secreta, y siempre ha sido la verdadera.”

(Imre Kertész, La última posada, páginas 11-12, 155-156, 294)

jueves, 31 de marzo de 2016

IMRE KERTÉSZ, LA ÚLTIMA MEMORIA DEL HOLOCAUSTO

Campo de exterminio de Auschwitz


   Un correo remitido a primera hora de la mañana por Acantilado, el sello barcelonés que edita sus obras en español, me informa del fallecimiento de Imre Kertész (Budapest, 1929-2016). El escritor de 86 años fue, en el año 2002, el primer Premio Nobel húngaro, y era hasta hoy la última memoria viva del Holocausto. Un escritor prácticamente desconocido en Occidente hasta que la Academia sueca le otorgó el Nobel porque fue capaz de confrontar la frágil experiencia del individuo contra la bárbara arbitrariedad de la historia. Al igual que Primo Levi, otro superviviente del exterminio, entendió los campos de concentración como una siniestra señal de peligro. En los dos brotó en los días del Lager la necesidad interior de dar testimonio, de hablar a los “demás” para que supiésemos lo que aconteció y jamás olvidemos lo que el hombre fue capaz de hacer con el hombre. Como Primo Levi, Imre Kertész reconoce que ninguna lengua cuenta con las suficientes palabras para expresar la ofensa recibida por la humanidad en los campos de exterminio: el aniquilamiento del ser humano. Pero al igual que el escritor italiano, cuyo cuerpo se precipitó en un día de abril de 1987 por una escalera, Imre Kertész no permitió que la desesperanza anidara en su alma y minara completamente sus deseos de sobrevivir en esos infiernos llamados Auschwitz-Birkeneau y Buchemwald, donde coincidió con Primo Levi. Los dos fueron liberados en 1945. Primo Levi fue uno de los veinte supervivientes italianos de Auschwitz. Imre Kertész, un simple número entre el medio millón de húngaros que convirtieron al magiar en la lengua más hablada en el campo de exterminio.

   El próximo día 6 de abril, Acantilado publicará La última posada, los diarios de Imre Kertész, el testamento literario del escritor y la culminación de su obra. En espera de poder leer el último esfuerzo artístico, el testamento visceral de un escritor gravemente enfermo, selecciono, como homenaje memorial del Premio Nobel húngaro hoy fallecido, algunas secuencias de las reseñas que en su día publiqué, en este Cuarderno de crítica literaria, sobre dos de sus libros: Kaddish por el hijo no nacido (1990, Acantilado, 2001) y Un relato policíaco (1977, Acantilado, 2007)



Kaddish por el hijo no nacido

Imre Kertész

Tradución de  Adan Kovacsics

Acantilado, Barcelona, 2001, 152 páginas

   La Academia sueca reconoce en la trilogía de Kertész (Sin destino, Fracaso, Kaddish por el hijo no nacido) la experiencia frágil del hombre contra la arbitrariedad desalmada de la historia. Arbitrariedad que dejó en el Nobel húngaro terribles cicatrices que hacen que el protagonista de Kaddish por el hijo no nacido rece para que no se produzca el nacimiento de un ser humano en un mundo que permite la existencia de horrores como los  de Auschwitz.
  La Academia sueca tenía una deuda con la literatura memorial de los campos en los que se consumó el genocidio. En Kertész, al menos de forma simbólica, se premia a otros testigos de la barbarie, entre ellos a Primo Levi, a Jorge Semprún (El largo viaje), a Roberto Antelme (La especie humana) y también a Jean Améry, Violeta Friedman o Paul Celan.
Imre Kertész es un escritor distante de su tierra e incluso de Europa. Se considera un ciudadano del mundo y no olvida que en su día fueron asesinados seiscientos mil húngaros y Occidente calló. Su primera novela después del Nobel, titulada Liquidación, fue su último libro sobre el Holocausto y, a la vez, una fabulación contemporánea que se desarrolla en la Hungría de la caída del régimen comunista.
   La obra de Kertész es enormemente compleja. Sus libros son muestras lúcidas de un autoanálisis doloroso, brutal y sin concesiones sobre el acontecimiento más traumático de la civilización occidental y del que él mismo fue víctima y ahora es testigo. Textos duros, filosóficos, existenciales, alejados del sentimentalismo, pero inmensamente perspicaces. Rezuman memoria y son una constante advertencia de cómo la gente, con frecuencia de forma inconsciente, se integra en la maquinaria del poder que exige sumisión y silencio. En la mente del escritor magiar, Auschwitz acabó únicamente porque cambió la suerte de la guerra, pero nunca ha existido en Occidente nada que pueda considerarse una negación fundamental de lo que fue y supuso el Lager siniestro.



Un relato policíaco

Imre Kertész

Traducción de Adan Kovacsics

Acantilado, Barcelona, 2007, 104 páginas



   En 1935 publicó Borges una de sus primeras obras, Historia universal de la infamia, en la que presenta las biografías de siete personajes de infausto recuerdo. Una colección de cuentos basados en crímenes reales. Los siete personajes que Borges describe ficcionalmente, brindan un ingenioso panorama de la iniquidad y del horror, extraídos de diversas realidades culturales y geográficas. Porque desde tiempos inmemoriales, seguramente desde que “homo sapiens” bajó de los árboles, la humanidad no ha cesado de experimentar en sus propias carnes las garras del horror. Desde Eibl – Eibesfeld (1970), sabemos que la sonrisa y las lágrimas son innatas en el hombre. También lo es la desmesura que impregnó el terreno de las pasiones más ancestrales y violentas: la destrucción, el asesinato, las carnicerías. Mas esta afectividad intensa e inestable de un ser, á la vez amoroso, furioso y violento, no siempre halló reflejo en sus propias creaciones simbólicas. Con frecuencia el “hombre sabio” enmascara su “ubris”, sus desmesuras en las relaciones con sus semejantes. En especial, cuando domina las armas del poder. Nuestro tiempo es testigo del silencio cobarde y vergonzoso de muchos que, en razón de la especial resonancia de su voz, deberían haber denunciado las locuras destructoras y gratuitas de sus semejantes. No es el caso, sin embargo, de dos narradores europeos, deponentes y referendarios inequívocos de la pavorosa destrucción del hombre por el hombre en el siglo XX. Son ellos: el premio Nóbel Imre Kertész y el escritor serbio Danilo Kis.

   Dos de sus obras acaban de entrar o regresar al mercado literario en lengua española de la mano de la editorial  Acantilado de Barcelona. Una breve ficción del Nóbel húngaro, Imre Kertész, Un relato policíaco y quizás la novela más conocida del escritor serbio, Una tumba para Boris Davidovich. Dos piezas narrativas que se centran sin concesiones en los grandes episodios de crueldad opresiva y genocida de los sistemas totalitarios del pasado siglo. Un pasado que no solamente explica el presente sino que lo mancilla.

   En sólo dos semanas salió de la pluma de I. Kertész, Un relato policíaco.  Una obra breve escrita paradójicamente con la finalidad de eludir la censura. El escritor húngaro, sobreviviente de Auschwitz, escribe en efecto esta pequeña pieza en 1976 como una especie de relleno que posibilitara la publicación de otra novela, El rastreador. El comunismo gulash de la Hungría de entonces, cuyos censores eran los mismos editores, exigía un mínimo de diez octavillas en cada volumen que se publicase. Fue entonces cuando Kertész hubo de escribir a toda prisa la historia de Un relato policíaco, en la que, sin embargo, ya llevaba tiempo cavilando. El relato supero la censura porque todo en él era ficción, ficción que, por otra parte se desarrollaba en un pseudo estado suramericano  y, por consiguiente, podía ser leído de forma inofensiva en su país. El relato es muy anterior a la conocida frase que Kertész pronunció en 2002 al recoger el Premio Nóbel: “De Auschwitz solamente es posible escribir una novela negra”. Seguramente porque Auschwitz es la metáfora sangrante de la implicación del ser humano en la maquinaria totalitaria del terror, tal como le ocurre al protagonista de Un relato policíaco. Un tal Martens, un policía que se confiesa novato y que forma parte de los mecanismos torturadores  de un país imaginario. Poco antes de ser ejecutado, narra sus experiencias en el cuerpo de policía encargado de interrogar y torturar a los supuestos y, frecuentemente, imaginarios opositores del régimen. Pretende absolverse a si mismo de sus crímenes mediante la catarsis de la escritura de su propio diario. ¡El verdugo convertido definitivamente en víctima!

   Kertész narra pues desde el punto de vista de los torturadores, que confiesan trabajar a lo grande, sin rendir cuentas a nadie. Únicamente con la lógica de los sistemas totalitarios: al servicio no de la ley, sino del poder, confiando solamente en ellos mismos y en la fatalidad. Los interrogatorios, el trabajo sucio (“Como los que se ven en la películas, pero un poco más simples”) son la antesala del infierno. Pero Martens omite la descripción de ese infierno de la tortura, quizás como una forma de eliminarlo de su existencia.

   Estamos ante un relato breve. Sin embargo, como algún crítico ha recordado, nada de cuanto ha escrito Kertész desde que escapó del holocausto hasta recoger el Nobel, tolera el calificativo de breve. En Un relato policíaco se manifiesta el fabulador de pluma ligerea que escribe en el lenguaje atonal que caracteriza la escritura que Kertész emplea para describir el desgarro y el falso orden del mundo. Y es una lúcida introspección en las interioridades de los verdugos, capaces de convivir trivialmente con la tortura, a la vez que una agria parábola sobre los totalitarismos y su lógica salvaje.

Francisco Martínez Bouzas



Imre Kertész (fotografía de Georgius Kefalas)

Fragmentos



  "Y dejad de decir por fin, dije con toda probabilidad, que Auschwitz no tiene explicación, que Auschwitz es el producto de fuerzas irracionales, inconcebibles para la razón, porque el mal siempre tiene una explicación racional, es posible que el propio Satanás sea irracional, como lo es Yago, pero sus criaturas sí son racionales, todos sus actos se derivan de algo, igual que una fórmula matemática; se derivan de algún interés, del afán de lucro, de la pereza, del deseo de poder y de placer, de la cobardía, de la satisfacción de este o de aquel instinto, y si no, pues de alguna locura al fin y al cabo, de la paranoia, de la manía depresiva, de la piromanía, del sadismo, del asesinato sexual, del masoquismo, de la megalomanía demiúrgica o de otro tipo, de la necrofilia, qué sé yo de qué perversión de las muchas que hay o de todas juntas quizá, porque, dije con toda probabilidad, porque prestad atención, porque lo verdaderamente irracional y lo que no tiene explicación no es el mal, sino lo contrario: el bien."



(Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido)



…..



“Dos horas más tarde estábamos acodados con Díaz en el alfeizar. Era una ventana neoclásica, del estilo de la Sede. Desde lo alto se veía un patio estrecho. Una hilera de postes se alzaba a uno de sus lados. Los Salinas, padre e hijo, estaban atados a sendos postes. Frente a ellos esperaban dos destacamentos de la compañía de guardia: el pelotón de fusilamiento.

-Desagradable- dijo Díaz con una mueca. Estaba de ese humor sombrío que a veces se adueñaba de él en las horas de inactividad-. Nuestra profesión es arriesgada -continuó reflexivo-. Hoy estás aquí arriba en la ventana y mañana, quién sabe, tal vez abajo, atado a uno de esos postes.

En ese momento se produjo una descarga cerrada. ¿Me estremecí? No lo recuerdo. Sólo sé que de pronto sentí los ojos de Díaz clavados en mí.

-¿Tienes miedo?- preguntó. Su rostro liso estaba radiante, lleno de desvergonzada curiosidad. Me dieron ganas de propinarle un bofetón. Yo sabía ya entonces que llegaría el momento de su huida, que lo buscarían en vano, que no lo atraparían nunca. Que sólo me pillarían  a mí, es decir, a la gente como yo.

-¿Miedo de qué? - pregunté a Díaz.

-Pues –respondió, señalando con un gesto de la cabeza el patio, donde los Salinas colgaban de sus andaduras como sacos vacíos- ¡de eso!

-No tengo miedo de eso- dije encogiéndome de hombros-. Solo del largo camino que conduce hasta allí.

Pues sí, por aquellas fechas era todavía un novato, como he dicho.”



(Imre Kertész, Un relato policíaco, páginas 103-104)

viernes, 30 de marzo de 2012

LITERATURA MEMORIAL: IMRE KERTÉSZ, PRIMO LEVI

Los hundidos y los salvados
Primo Levi
Tradución de Pilar Gómez Bedate
El Aleph Editores, Barcelona, 270 páginas


Kaddish por el hijo no nacido
Imre Kertész
Tradución de  Adan Kovacsics
Acantilado, Barcelona, 152 páginas
(LIBROS DE FONDO)



Curiosas circunstancias han provocado que el 2002 haya sido un año sumamente propicio para la floración de una literatura memorial de indiscutible calado. Verdaderos alegatos contra la desmemoria.
La publicación de las memorias en las que García Márquez desnudó una parte de su vida y las tiradas millonarias de un libro detrás del que se encuentra el gran mito de la literatura actual, coincidieron en el tiempo con la concesión del Nobel a Imre Kertész y con la traducción al español de I sommersi e i salvati, el tomo que cierra la trilogía de Primo Levi sobre su experiencia en los campos de exterminio nazis. Las memorias de Gabo no precisan panegíricos ni exégesis publicitarias. La firma del escritor más universal de cuantos existen hoy día justifica la 'gabomanía' desatada en su momento y prueban que Vivir para contarla no fue únicamente un fenómeno mediático.  .
Muy distinta es la situación de Imre Kertész y Primo Levi. El primer premio Nobel húngaro era hasta el día en que la Academia sueca acordó otorgarle el galardón, prácticamente un escritor desconocido en Occidente y su obra traducida al español por una pequeña editora catalana. La memoria de Primo Levi se difumina silenciosamente desde aquel día de abril de l987 en que su cuerpo se precipitó por el hueco de la escalera de la misma casa en que nació. Todo ello a pesar de que diez años después de su muerte, y a modo de homenaje, Franceso Rosi llevara a la pantalla la versión cinematográfica de La tregua, una de sus obras.

Los dos escritores supervivientes del exterminio entienden los campos de concentración como una siniestra señal de peligro. En los dos brotó en los días del Lager la necesidad interior de dar testimonio, de hablar a los "demás" para que supiésemos lo que aconteció y jamás olvidemos lo que el hombre hizo con el hombre. Los dos reconocen que ninguna lengua cuenta con las suficientes palabras para expresar la ofensa recibida por la humanidad en los campos de exterminio, el aniquilamiento del ser humano.
Pero también los dos no permitieron que la desesperanza anidara en sus almas y minara completamente los deseos de sobrevivir en ese infierno llamado Auschwitz-Bikerneau. Los dos coincidieron en aquel territorio del exterminio nazi y los dos fueron liberados en 1945. Primo Levi fue uno de los 20 supervivientes italianos de Auschwitz. Imre Kertész, un simple número entre el medio millón de húngaros deportados en el mismo, que convirtieron el magiar en la lengua más hablada en el campo de exterminio.
El azar los unió de nuevo en el año 2002. Imre Kertész recibe el premio Nobel de Literatura, el primer y definitivo reconocimiento a escala planetaria de la literatura del Holocausto. En las mismas fechas en las que aparece traducido al español I sommersi e i salvati de Primo Levi. El Aleph Editores completa así su trilogía memorial (Si esto es un hombre, La tregua, Los hundidos y los salvados).

La Academia sueca reconoce en la trilogía de Kertész (Sin destino, Fracaso, Kaddish por el hijo no nacido) la experiencia frágil del hombre contra la arbitrariedad desalmada de la historia. Arbitrariedad que dejó en el Nobel húngaro terribles cicatrices que hacen que el protagonista de Kaddish por el hijo no nacido rece para que no se produzca el nacimiento de un ser humano en un mundo que permite la existencia de horrores como los de Auschwitz.
La Academia sueca tenía una deuda con la literatura memorial de los campos en los que se consumó el genocidio. En Kertész, al menos de forma simbólica, se premia a otros testigos de la barbarie, entre ellos a Primo Levi, a Jorge Semprún (El largo viaje), a Roberto Antelme (La especie humana) y también a Jean Améry, Violeta Friedman o Paul Celan.
Imre Kertész es un escritor distante de su tierra e incluso de Europa. Se considera un ciudadano del mundo y no olvida que en su día fueron asesinados seiscientos mil húngaros y Occidente calló. Su primera novela después del Nobel, titulada Liquidación, fue su último libro sobre el Holocausto y, a la vez, una fabulación contemporánea que se desarrolla en la Hungría de la caída del régimen comunista.

La obra de Kertész es enormemente compleja. Sus libros son muestras lúcidas de un autoanálisis doloroso, brutal y sin concesiones sobre el acontecimiento más traumático de la civilización occidental y del que él mismo fue víctima y ahora es testigo. Textos duros, filosóficos, existenciales, alejados del sentimentalismo, pero inmensamente perspicaces. Rezuman memoria y son una constante advertencia de cómo la gente, con frecuencia de forma inconsciente, se integra en la maquinaria del poder que exige sumisión y silencio. En la mente del escritor magiar, Auschwitz acabó únicamente porque cambió la suerte de la guerra, pero nunca ha existido en Occidente nada que pueda considerarse una negación fundamental de lo que fue y supuso el Lager siniestro.
En Si esto es un hombre, el primer trabajo literario de Primo Levi y principio de su trilogía memorial, el autor recupera con austera serenidad sus recuerdos personales en los campos de exterminio. Su testimonio sobre lo inhumano de Auschwitz y las terribles convulsiones del alma sometida a la convivencia con la muerte, le devuelven al horror su realidad y lo hacen tangible.

La tregua, la segunda entrega de la trilogía, es el libro del retorno. Los escasos supervivientes italianos de Auschwitz culminan un viaje tortuoso y esperpéntico a través de media Europa y el lector asiste atónito a la riqueza infinita de matices de la humanidad encontrados a través de su viaje, pero atenazado por el miedo a escuchar de nuevo la orden del amanecer en Auschwitz, la palabra extranjera, la orden temida y esperada: "¡A levantarse!","Wstawác".

En Los hundidos y los salvados Primo Levi efectúa una reflexión radical sobre cuestiones esenciales como la libertad, la vergüenza, la complicidad, el compromiso y un alegato a favor de la piedad como categoría básica de una ética que merezca ser llamada humana. E invita a reflexionar sobre algo que aconteció. De manera increíble pero real ocurrió que un pueblo civilizado, criado en la cuna del florecimiento cultural de Weimar, siguió a un histrión que hoy movería a risa. Y sin embargo sucedió y por consiguiente puede volver a  suceder.

El escritor que murió trágicamente en l987, no tuvo la oportunidad de contemplar cómo todo se está repitiendo de nuevo: personajes tan inhumano como Hitler dirigen hoy el muchos estados. Un personaje de parecida categoría moral dirigió no hace mucho el estado de Israel, llegando a marcar  los cuerpos de los palestinos y haciendo de la historia de Primo Levi algo más desolador que nunca, como escribió L. García Montero. Auschwitz que cambió de nombre, pero que nunca dejó de existir.

Francisco Martínez Bouzas


Imre Kertész

Fragmentos

"Y dejad de decir por fin, dije con toda probabilidad, que Auschwitz no tiene explicación, que Auschwitz es el producto de fuerzas irracionales, inconcebibles para la razón, porque el mal siempre tiene una explicación racional, es posible que el propio Satanás sea irracional, como lo es Yago, pero sus criaturas sí son racionales, todos sus actos se derivan de algo, igual que una fórmula matemática; se derivan de algún interés, del afán de lucro, de la pereza, del deseo de poder y de placer, de la cobardía, de la satisfacción de este o de aquel instinto, y si no, pues de alguna locura al fin y al cabo, de la paranoia, de la manía depresiva, de la piromanía, del sadismo, del asesinato sexual, del masoquismo, de la megalomanía demiúrgica o de otro tipo, de la necrofilia, qué sé yo de qué perversión de las muchas que hay o de todas juntas quizá, porque, dije con toda probabilidad, porque prestad atención, porque lo verdaderamente irracional y lo que no tiene explicación no es el mal, sino lo contrario: el bien. "

(Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido)

…..


Primo Levi
“Los jóvenes suelen preguntarnos, con mayor frecuencia y más insistencia a medida de que pasa el tiempo, quiénes eran, de qué pasta estaban hechos nuestros «esbirros». La palabra se refiere a nuestros ex guardianes, a los SS, y a mi entender no es apropiada: hace pensar en individuos retorcidos, mal nacidos, sádicos, marcados por un vicio de origen. Y, en lugar de ello, estaban hechos de nuestra misma pasta, eran seres humanos medios, medianamente inteligentes, medianamente malvados: salvo excepciones, no eran monstruos, tenían nuestro mismo rostro, pero habían sido mal educados. Eran, en su mayoría, gente gregaria y funcionarios vulgares y diligentes: algunos fanáticamente persuadidos por la palabra nazi, muchos indiferentes, o temerosos del castigo, o deseosos de hacer carrera, o demasiado obedientes. Todos habían sufrido la aterradora deseducación suministrada e impuesta desde la escuela como habían querido Hitler y sus colaboradores, completada después por el Drill de las SS. Muchos se habían alistado en esa milicia por el prestigio que confería, por su omnipotencia o también, sólo para escapar de las dificultades familiares. Algunos, poquísimos en verdad, se arrepintieron, pidieron ser transferidos al frente, proporcionaron cautas ayudas a los prisioneros, o eligieron el suicidio. Debe quedar bien claro que responsables, en grado menor o mayor, fueron todos, pero que detrás de su responsabilidad está la de la gran mayoría de los alemanes, que al principio aceptaron, por pereza mental, por cálculo miope, por estupidez, por orgullo nacional, las «grandes palabras»  del cabo Hitler, lo siguieron mientras la fortuna y la falta de escrúpulos lo favoreció, fueron arrollados por su caída, se afligieron por los lutos, la miseria y el remordimiento, y fueron rehabilitados pocos años más tarde por un juego político vergonzoso”

(Primo Levi, Los hundidos y los salvados, páginas 269-270)

jueves, 22 de diciembre de 2011

IMRE KERTÉSZ Y DANILO KIS: SE ACRECIENTA LA HISTORIA UNIVERSAL DE LA INFAMIA*

Un relato policíaco
Imre Kertész
Acantilado, Barcelona, 104 páginas.

Una tumba para Boris Davidovich
Danilo Kis
Prólogo de Joseph Brodsky
Acantilado, Barcelona, 185 páginas
(LIBROS DE FONDO)




   En 1935 publicó Borges una de sus primeras obras, Historia universal de la infamia, en la que presenta las biografías de siete personajes de infausto recuerdo. Una colección de cuentos basados en crímenes reales. Los siete personajes que Borges describe ficcionalmente, brindan un ingenioso panorama de la iniquidad y del horror, extraídos de diversas realidades culturales y geográficas. Porque desde tiempos inmemoriales, seguramente desde que “homo sapiens” bajó de los árboles, la humanidad no ha cesado de experimentar en sus propias carnes las garras del horror. Desde Eibl -Eibesfeld (1970), sabemos que la sonrisa y las lágrimas son innatas en el hombre. También lo es la desmesura que impregnó el terreno de las pasiones más ancestrales y violentas: la destrucción, el asesinato, las carnicerías. Mas esta afectividad intensa e inestable de un ser, á la vez amoroso, furioso y violento, no siempre halló reflejo en sus propias creaciones simbólicas. Con frecuencia el “hombre sabio” enmascara su “ubris”, sus desmesuras en las relaciones con sus semejantes. En especial, cuando domina las armas del poder. Nuestro tiempo es testigo del silencio cobarde y vergonzoso de muchos que, en razón de la especial resonancia de su voz, deberían haber denunciado las locuras destructoras y gratuitas de sus semejantes. No es el caso, sin embargo, de dos narradores europeos, deponentes y referendarios inequívocos de la pavorosa destrucción del hombre por el hombre en el siglo XX. Son ellos: el premio Nóbel Imre Kertész y el escritor serbio Danilo Kis.
   Dos de sus obras entraron o regresaron al mercado literario en lengua española de la mano de la editorial El Acantilado de Barcelona. Una breve ficción del Nóbel hungaro, Imre Kertész, Un relato policíaco y quizás la novela más conocida del escritor serbio, Una tumba para Boris Davidovich. Dos piezas narrativas que se centran sin concesiones en los grandes episodios de crueldad opresiva y genocida de los sistemas totalitarios del pasado siglo. Un pasado que no solamente explica el presente sino que lo mancilla.
   En sólo dos semanas salió de la pluma de I. Kertész, Un relato policíaco.  Una obra breve escrita paradójicamente con la finalidad de eludir la censura. El escritor húngaro, sobreviviente de Auschwitz, escribe en efecto esta pequeña pieza en 1976 como una especie de relleno que posibilitara la publicación de otra novela, El rastreador. El comunismo gulash de la Hungría de entonces, cuyos censores eran los mismos editores, exigía un mínimo de diez octavillas en cada volumen que se publicase. Fue entonces cuando Kertész hubo de escribir a toda prisa la historia de Un relato policíaco, en la que, sin embargo, ya llevaba tiempo cavilando. El relato supero la censura porque todo en él era ficción, ficción que, por otra parte se desarrollaba en un pseudo estado suramericano  y, por consiguiente, podía ser leído de forma inofensiva en su país. El relato es muy anterior a la conocida frase que Kertész pronunció en 2002 al recoger el Premio Nóbel: “De Auschwitz solamente es posible escribir una novela negra”. Seguramente porque Auschwitz es la metáfora sangrante de la implicación del ser humano en la maquinaria totalitaria del terror, tal como le ocurre al protagonista de Un relato policíaco. Un tal Martens, un policía que se confiesa novato y que forma parte de los mecanismos torturadores  de un país imaginario. Poco antes de ser ejecutado, narra sus experiencias en el cuerpo de policía encargado de interrogar y torturar a los supuestos y, frecuentemente, imaginarios opositores del régimen. Pretende absolverse a si mismo de sus crímenes mediante la catarsis de la escritura de su propio diario. ¡El verdugo convertido definitivamente en víctima!
   Kertész narra pues desde el punto de vista de los torturadores, que confiesan trabajar a lo grande, sin rendir cuentas a nadie. Únicamente con la lógica de los sistemas totalitarios: al servicio no de la ley, sino del poder, confiando solamente en ellos mismos y en la fatalidad. Los interrogatorios, el trabajo sucio (“Como los que se ven en la películas, pero un poco más simples”) son la antesala del infierno. Pero Martens omite la descripción de ese infierno de la tortura, quizás como una forma de eliminarlo de su existencia.
   Estamos ante un relato breve. Sin embargo, como algún crítico ha recordado, nada de cuanto ha escrito Kertész desde que escapó del holocausto hasta recoger el Nóbel, tolera el calificativo de breve. En Un relato policíaco se manifiesta el fabulador de pluma ligera que escribe en el lenguaje atonal que caracteriza la escritura que Kertész emplea para describir el desgarro y el falso orden del mundo. Y es una lúcida introspección en las interioridades de los verdugos, capaces de convivir trivialmente con la tortura, a la vez que una agria parábola sobre los totalitarismos y su lógica salvaje.
   De Una tumba para Boris Davidovich dijo Susan Sontag que era uno de los viajes literarios jamás efectuados por un escritor en la segunda mitad del siglo XX, una obra que preserva el honor de la literatura. Fue seleccionada así mismo por Harold Bloom en su canon de la literatura occidental como representativa de la literatura serbo-croata. La obra fue publicada en 1976 como una colección de relatos, siete biografías, siete capítulos de la misma historia, que no es otra que la de la ancestral tendencia humana de destruir al adversario mediante los mecanismos de opresión totalitaria que tanta vigencia tuvieron en décadas pasadas, sin que su presencia y utilidad hayan sido puesta en duda en nuestros días. Dispositivos de destrucción del adversario teñidos de intolerancia religiosa o de fanatismo ideológico que se sirve de las herramientas de la tortura para aplastar creencias y voluntades. La mayor parte de la novela relata el destino de muchos hombres y mujeres que perecieron durante el Gran Terror estalinista, a finales de la década de los treinta. Son siete historias que se suturan entre si y también con la borgiana “universal historia de la infamia”. Una historia repleta de fraudes, farsas institucionalizadas, estrategias policiales que solamente sirven a los mecanismos del poder totalitario que se ensaña con cualquier forma de vida o pensamiento disidente.
   Todos los relatos de la novela hacen referencia en efecto a la intolerancia inquisitorial. Incluso uno de ellos está ambientado en plena exaltación exterminadora de la Santa Inquisición europea. Pero, si tenemos en cuenta la opinión del prologuista, el Nóbel en 1987, Joseph Brodsky, Danilo Kis escribía en realidad sobre el régimen yugoslavo. El relato del que toma el título la colección, escenifica de manera magistral las relaciones entre la maquinaria del poder y los ciudadanos, mejor dicho, súbditos, en el nazismo  y en el antiguo bloque soviético. El  revolucionario Boris Davidovich es acusado injustamente de colaborar con el enemigo. De inmediato se ve encerrado en un agujero hediondo y soporta toda clase de torturas con tal de no manchar su biografía. Pero el astuto captor halla la forma de arrancarle una confesión falsa que mancilla su trayectoria vital y, a la vez, absuelve al sistema.
   El libro de Danilo Kis está habitado por revolucionarios profesionales y asesinos ideológicos que esparcen el terror y la iniquidad desde lo más profundo de tenebrosas checas. Ninguno de ellos, sin embargo, es yugoslavo. Lo único que tienen en común con la antigua Yugoslavia es la ideología que allí se profesaba en el año 1976. De ahí que los estalinistas conservadores de la jerarquía literaria, incapaces de discutir sobre el verdadero tema del libro por miedo a llamar la atención sobre el mismo, acusaron a Danilo Kis de plagio.
   Danilo Kis construye esta novela fragmentaria por medio de una técnica minuciosa, repleta de detalles nimios, mas a la vez simbólicos y de sobria poesía. En su escritura sobresale el surrealismo de sus metamorfosis y la naturaleza antiheroica de sus de sus personajes arquetípicos, a pesar de que el libro, como afirma el prologuista, está construido  como un extenso poema dramático. Escritura sumamente alusiva que ajusta cada una de las escenas de las biografías por medio de una fina sutura de detalles escrupulosamente escogidos. En definitiva, un singular estilo literario para describir las mazmorras del terror, que logra, de nuevo en palabras de J. Brodsky, comprensión estética allí donde la ética había fracasado.

Francisco Martínez Bouzas
 
Danilo Kis por  Marjana Miccinovic
                                  

* Este texto, con ligeras modificaciones, fue publicado por su autor, Francisco Martínez Bouzas, el día 26 de agosto de 2007, en el suplemnto "Gaceta Dominical" del periódico El País de Calí (Colombia)