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lunes, 18 de febrero de 2013

"NOVELISTAS", DE HENRY JAMES: LA SIMBIOSIS ENTRE CRÍTICA Y FICCIÓN

Novelistas
Notas sobre novelistas
Henry James
Traducción de Amelia Pérez de Villar
Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2012, 493 páginas.


   Henry James no solo es el gran narrador de la gente bien norteamericana -“estaba enamorado de balaustradas de mármol”, escribe sobre sus lindas pequeñas historias T. S. Eliot-, sino que fue así mismo un gran ensayista. En su faceta como narrador, novelas suyas como Las bostonianas, Otra vuelta de tuerca o Daisy Miller vertebran dos siglos con una mente tan refinada y un análisis psicológico de sus personajes  tan profundo, que toda explicación material sobre el status material, por ejemplo de sus protagonistas, carece de sentido.
   Pero, como acabo de decir, la sofisticación formal no le impidió al escritor nacido en Nueva York en 1843, aunque pasó la mayor parte su vida en Europa, trabajar desde el otro lado del espejo y elaborar desde ese envés textos críticos o simplemente divulgativos sobre algunos narradores anglosajones, italiano o franceses, analizando sus obras con un excelente ojo crítico.   Henry James leyó atentamente y como personal aprendizaje a sus coetáneos y sobre sus obras tomó notas para descifrar la esencia del arte de la narración. Fruto de todo ello es este volumen Notes on novelists with some other notes, publicado originalmente en 1914 y traducido ahora al español por Páginas de Espuma. La obra, que en su tiempo provocó una gran polémica, nos permite acercarnos ahora y captar  la perspicacia crítica del novelista anglosajón, un verdadero paradigma de la perfecta simbiosis entre crítica y ficción, ejercida por el mismo creador.
   La sutil penetración con la que Henry James lee a sus contemporáneos, la podemos observar nada más abrir el libro, en el texto dedicado a Robert Louis Stevenson, gran amigo de H. James y al que admiraba profundamente. En dos o tres párrafos define al escritor y al personaje de una forma insuperable, hasta tal punto que podríamos quedarnos solamente con ese inicial bosquejo para reconocer al autor de La isla del tesoro.
   Con similar profundidad en su calado se acerca a los grandes maestros de la novela decimonónica: Émile Zola y su naturalismo sin fronteras; Gustave Flaubert, un inmenso autor al que, sin embargo el puritanismo sexual de Henry James (un escritor que jamás alude al sexo) nos presenta entre reproches de obras frustradas, aunque termine definiéndole como “el novelista del novelista” en un tiempo en el que todos somos novelistas ( página 122).
   Analiza a continuación a Balzac, a George Sand, esa mujer cuya escritura ha sido tan denostada por su rebosante sentimentalismo,  a la que, sin embargo Henry James  analiza con mirada certera, situando perfectamente la esencia de su arte. Algo semejante ocurre con Gabriele D’Annuncio, autor en el que Henry James personifica la figura del genio: aquellos escritores cuyo estilo y cuya fuerza surgen a borbotones desde las profundidades de su ser. Escritores que inician su andadura tocados por la gracia y no impulsados por el afán.
   Se cierra el volumen con un escrito polémico en su tiempo, “La nueva novela” y con otros ensayos menores como el dedicado a Dumas hijo, a  Charles Eliot Norton y un estudio critico de la novela gótica El anillo y el libro de Browning.
   En definitiva, un volumen imprescindible de uno de los iniciadores de la crítica literaria anglosajona y  lúcido escritor, que nos permite conocer a la vez las relaciones entre la obra crítica y la ficción.

Francisco Martínez Bouzas




Henry James

Fragmentos


ROBERT LOUS STEVENSON


“Robert Louis Stevenson tuvo la inmensa suerte de crear, en mayor medida que cualquier hombre de su oficio en nuestros días, un corpus de lectores inspirados por unos sentimientos que nosotros, mayoritariamente, ponemos sólo al servicio de aquellos a los que profesamos un afecto personal. No hay nadie, podemos afirmar con total seguridad, de cuantos conocieron al hombre, que no fuese también devoto del escritor, confirmándose así una regla general (si es que existe tal cosa) que nos ofrece muchas excepciones; pero como es natural y no necesariamente inconveniente, no todos los devotos del escritor tuvieron la posibilidad de llegar hasta el hombre. La cuestión fue que, de algún modo, el hombre sí llegó hasta ellos y leerle –me refiero a leerle en toda la magnitud de sus atractivo- llegó a significar para mucha gente casi tanto como conocerle en persona.”

…..

GABRIELLE  D’ANNUNZIO

“Arroja Una luz sobre la conciencia estética de nuestra época mucho más directa e inevitable de la que se ha alcanzado, según yo lo veo, en otro ámbitos; y hay más de un misterio que él, si se le pregunta con acierto, puede ayudarnos a esclarecer y –por lo que me parece- más de una explicación que él puede dar a nuestras desventuras. Comienza su andadura con la enorme ventaja de estar tocado por la gracia, y no impulsado por el afán, y de hacer brillar la llama llevado por un lema que no es ni el sudor de su frente ni la aspiración de su cultura.”

(Henry James, Novelistas, páginas 9, 272

domingo, 30 de enero de 2011

HENRY JAMES, "IRA" Y HOMENAJE A NUEVA YORK

Nueva York
Henry James
Editorial Sexto Piso, Madrid 2010, 691 páginas.

   Ha tenido que transcurrir casi un siglo para que, al menos en el ámbito hispano,  comprendiéramos la importancia de Henry James. Un escritor que no solamente trabajó desde el otro lado del espejo, sino que escribió directamente sobre el estatuto de la narrativa y sus opiniones fueron fundamentales para la crítica narratológica posterior. Una de sus afirmaciones ( “La novela es la casa de la ficción, no tiene una sino un millón de ventanas… ), se ha convertido en una de las bases en las que se apoya la literatura más vanguardista de nuestros días. La narrativa dotada de afán experimentador.
   La Editorial Sexto Piso acaba  de publicar una antología de los textos breves de H. James que tienen algo que ver con la ciudad de Nueva York. Es responsable de la selección y de un prólogo muy esclarecedor Colm Tóibín, un galardonado novelista y periodista irlandés que hizo el camino inverso al del escritor norteamericano.
   Henry James ( Nueva York 1843 – Londres 1916 ) contempló la ciudad de los rascacielos entre los cinco y los doce años. Y cuando con su familia partió para Europa, la imagen de la ciudad permaneció para siempre en su memoria. Sin embargo a partir de 1855, la ciudad quedó definitivamente perdida para él y no sólo por su expatriación familiar, sino, sobre todo, porque las transformaciones que había sufrido la urbe,  habían sido de tal magnitud que se convirtió en su mente como el paraíso perdido e imposible de recuperar. Ya en Europa, opta por la nacionalidad inglesa como una tabla de salvación literaria, porque en su propia práctica como escritor experimentó la desnudez literaria norteamericana ( Pascale Casanova ), lo que le llevó a escribir: “La flor del arte sólo puede florecer sobre un humus espeso ( … ), hace falta mucha historia para producir un poco de literatura”.
   En la antología que edita Sexto Piso, Col Tóibín recoge algunos de los más importantes relatos menores de Henry James. Cuentos y “nouvelles”, traducidos algunos por primera vez al español: “Historia de una obra maestra”, “Un caso de lo más extraordinario”, “La coherencia de Crawford”, “Un episodio internacional”, “Washington Square”, “Impresiones de un poema”, “El alegre rincón, “La vieja Cornelia” y “Una ronda de visitas”. En todos estos relatos el tema de fondo es el extrañamiento ante el nuevo mundo que se está elevando sobre aquella ciudad de su infancia, aquel Nueva York pequeño, oscuro y homogéneo de mediados de siglo, situado entre la Quinta y la Sexta Avenida, donde vivía su abuela materna, y  el Nueva York que comienza a ser poblado por los rascacielos, pero que ni siquiera posee literatura, como había escrito en la lista de las cosas de las que carecía América que incluyó en su libro sobre Hawthorne ( 1879 ).
Henry James
   Acierta pues el prologuista, Colm  Tóibín  cuando nos advierte que, a lo largo de estos pequeños relatos, se puede identificar una especie de “ira” de Henry James hacia Nueva York, hacia la modernización del Goliat que, en nombre del progreso, cada día se eleva un poco más sobre la Isla de Manhattan. Sin embargo en la edición de unos de los relatos, “El alegre rincón” – el único incluido en sus obras completas – Henry James insiste ante su editor en rotular con el nombre de Nueva York la edición, como homenaje a la ciudad de su infancia y para mostrarle al mundo el lado amable, como él le llamaba, de la gran urbe.
   Hoy se reconoce en Henry James a un maestro de la narrativa y es precisamente en sus obras menores, como las antologadas en este volumen, donde abandona esa tendencia tan refinada de llevar al límite el análisis psicológico de sus personajes y que dio motivo para que le acusaran de que sus novelones no poseían bastante “story”, y  enriquece su óptica, a la vez que se llenan de contenido diegético, incluso en la escritura de historias aparentemente intranscendentes. Un libro pues para gozar con una narrativa de gran calidad a la vez que nos empapamos de cierta iracundia y de la nostalgia por el pasado de una ciudad como Nueva York.