Mostrando entradas con la etiqueta Fran Alonso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fran Alonso. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2015

"NADIE": CALIDOSCOPIO DE PARANOIAS URBANAS



Nadie
Fran Alonso
Traducción de Moisés Barcia
Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo, 2015, 140 páginas.
  
  El sello Pulp Books sigue vertiendo al español algunos de los títulos más exitosos de la narrativa gallega de los últimos años. Uno de ellos, en esta ocasión, es Nadie del narrador, poeta y ensayista, Fran Alonso, autor de una importante obra sobre todo en los dos primeros géneros. La narrativa de Fran Alonso se zambulle de lleno en las entrañas más inquietantes de las actuales sociedades urbanas. Es su gran obsesión como él mismo manifiesta en el Epílogo de este volumen. Por mi parte concuerdo con el escritor en el hecho de que su última incursión narrativa se amalgama de una forma muy clara con su novela corta Silencio y también con su poemario Persianas, pedramol e outros nervios. Porque Fran Alonso, tanto en prosa como en verso, es un cronista fiel y al mismo tiempo conmocionado, de las brechas de la posmodernidad; y también de las grandes o minúsculas epopeyas que aún siguen teniendo vida en nuestro mundo. Como las de aquella mujer de su poema “Dormirá, meu fillo, tirando en calquera parte”. ¡Una inteligente y perspicaz prospección en los tuétanos de las sociedades urbanas aquel poemario del año 1996! Y superlativa si la trasladamos al momento presente. Calidoscopio de la realidad, así es la poética y en general el universo de Fran Alonso, con independencia del género en el que se exprese.
   En esta misma senda, se alinea Nadie, dirigiendo la voz narrativa su mirada a los vecinos, á la comunidad de vecinos, apropiada metáfora de la convivencia en las sociedades urbanas contemporáneas. Es preciso pues leer esta selección de relatos insertándolos en su origen natural: el macrotexto que es la literatura de Fran Alonso que busca casi siempre el mismo objetivo: las sociedades urbanas contemporáneas, la expresión de la penuria infinita y polimorfa de sus demencias, sus paranoias, de las que forman parte o a las que alimenta ese incontable número de bulos, de “hoax” que nos llegan a través de las nuevas tecnologías.
   De la presente colección de Fran Alonso forman parte diez relatos articulados mediante una sucesión de “hoax”, de leyendas urbanas difundidas por internet. En el pórtico de Nadie, el relato “Vecinos”, que completaba la segunda edición de su novela breve Silencio (2001), una grabación literaria del ruido estridente de una comunidad de vecinos que se proyecta sobre un fondo aún más estruendoso y que concluye en una peculiar y chocante relación amorosa. “Hombre Viejo y Mujer Vieja” relata el intento de relación unidireccional entre un hombre y una majer que vive en el edificio de enfrente, con un final realmente de cuento de hadas. En “Estilo de vida”, luego del retrato  paródico mas real de una comunidad de vecinos y de que el ruido se convierta en categoría absoluta, cada vez más insoportable, la protagonista apuesta por otros estilos de vida en lugares que arrastraban una gran carga de soledad, más no de ausencia de ruido, porque forma parte indisoluble e irremediable de la vida contemporánea. Sin cambiar de escenario, en “Comunidad literaria”, ficcionlaiza Fran Alonso, con grandes dosis de ironía, las relaciones no siempre beatíficas entre el escritor y el crítico literario, con la intervención superadora del conflicto por parte de la figura de la lectora. “Vacaciones” es un relato paradigmático sobre la esclavitud de las nuevas tecnologías, capaces de crear situaciones alucinantes, desconciertos de los que somos incapaces de salir.
  El relato que le da título al libro, “Nadie”, es heredero o prolongación de la ya mencionada novela breve Silencio, y una cala, enmarcada en una atmósfera kafkiana, en lo más absurdo de la vida urbana, en la que incluso podemos llegar a vivir en un edificio en el que los vecinos se evaporan y solamente se escucha el silencio y el vacío de nadie. De nuevo una radiografía descarnada de los habitantes del edificio del Bienestar Social, en el relato homónimo, que refleja con gran habilidad las miserias y los dramas sociales del llamado estado de bienestar. “Poa la boca muere el pez” es un relato sobre la soledad urbana que puede desembocar en locuras como las de hallar la amistad que al protagonista nadie le brinda, en el silencio abisal de los peces. También es la soledad la que empuja a la protagonista de “Esperando”, a aceptar una cita a ciegas con alguien al que conoce solamente a través de la red, que soporta, claro está, todas las mentiras. El último relato, “Lista de correo, es una reflexión sobre el nivel de mediación que nos imponen las nuevas tecnologías, ese “océano infinito” que es internet, tomando como punto de partida la naturaleza de los “hoax” su capacidad para mentir, transgredir e incluso para ficcionalizar, aunque sin descubrir, a diferencia de la literatura, que su vocación es el embuste.
   Así pues, piezas narrativas que pretenden no solamente entretener, sino que nos impulsan a reflexionar sobre las relaciones sociales en un mundo cada vez más individualista, repleto de seres solitarios, encerrados en contextos urbanos y que de forma discreta o indiscreta ojean  a sus vecinos. Cavilaciones así mismo sobre las nuevas tecnologías y sobre su capacidad de transformar nuestras formas de comunicación y también, lo que es más grave, nuestras vidas. Relatos en los que el autor usa una lengua directa, precisa y sin complejos a la hora de reflejar las realidades urbanas y el universo de las nuevas tecnologías, con el añadido de una inteligente intertextualidad en algunos casos. Fran Alonso refleja pues de forma muy real las coordenadas del mundo actual, la soledad, la incomunicación, el “esparto del silencio” o los “extraños sonidos de mudez y ausencia” para decirlo  con las palabras poéticas traducidas del poemario con el que este libro mantiene una especial relación. La acuidad y la  radicalidad con las que el escritor presenta estas coordenadas y, en general la maestría narrativa del autor son una buena razón para deleitarnos con estos relatos que sin duda nos harán pensar.

Francisco Martínez Bouzas

                                                       
Fran Alonso
Fragmentos

“Mis visitas a su casa (inicialmente en busca de silencio) fueron incrementándose, en parte porque llegó un momento en que ella misma insistía en que necesitaba que alguien le marcara los límites para ser consciente y corregirse. Poco después, la relación de vecindad dio paso a la amistad, e inmediatamente, al amor. Tres meses después de aquella primera visita me trasladé al piso de arriba y abandoné el mío. Me gustaba, no había nada que pensar. Además, sus vecinos de arriba parecían bastante silenciosos, con lo que solucionaba mi problema. Me instalé en su casa y me vi obligado a ejercer de padre de dos indios sioux que tenía por hijos. No soy muy consciente de qué tipo de actitud adopté con respecto a los niños, pero un mes después, en medio de una bronca con ellos, llamaron al timbre. Era el nuevo vecino de abajo y traía cara de circunstancias.”

…..

“En el vecindario habitaba todo tipo de personajes, y las juntas de la Comunidad eran su mejor retrato. Sara los tenía bien catados y clasificados. En todos los lugares donde había vivido sucedía lo mismo. Nunca fallaban, por ejemplo, los que no pagaban las cuotas comunitarias (que en consecuencia tampoco se presentaban a las reuniones, por si las moscas). Era el caso de su vecino de al lado. Y la causa no parecía estar en los problemas económicos o, por lo menos no era eso lo que transmitían los dos lujosos coches y la moto que aparcaba en el garaje. También es cierto que cada vez más gente vive muy por encima de sus posibilidades, a base de créditos constantes e interminables. Y no convenía olvidar a los que hacían de los coches un instrumento de ostentación, comprando marcas y modelos desproporcionados a sus sueldos. Así nunca llegaban a fin de mes. También estaba el que amenazaba incansablemente con ir al juzgado a denunciar al perro del tercero, que ladraba y ladraba toda la noche.”

…..

“A veces, la gente miente. Cuando las personas no se pueden ver, mentir es fácil. ¿Le mentiría él en alguna cosa? Se había definido insistentemente como una persona tímida. Le había confesado que había hecho un esfuerzo por pulsar en el botón de «establecer conversación», para comenzar a hablar con ella  a través de la página.
Ella le había dicho que era  romántica. Luego se había arrepentido. En la Red también se arrepiente uno de decir esas cosas. Él parecía un tipo frío. Estaba fascinado con la electrónica. En casa debía tener de todo. ¿Qué sueldo ganaría?
También era solidaria. Se lo había comentado. Hacía acciones en la Red y siempre enviaba los mails de petición y ayuda.
Ella estaba en Facebook. Él aseguraba que no, pero lo controlaba demasiado bien para ser verdad. Pese a todo, no había dado con su página porque posiblemente empleaba otra identidad.
Ella tenía cuenta en casi todas las redes sociales, incluido Twiter. Eso le permitía, por ejemplo, seguir directamente a algunos famosos.”

(Fran Alonso, Nadie, páginas  16, 28-29, 104-105)

domingo, 22 de septiembre de 2013

CRONOLOGÍA NOCTURNA DE LA DESOLACIÓN URBANA






Cementerio de elefantes

Fran Alonso

Traducción de Iolanda Mato

Pulp Books, Cangas do Morrazo, 2013, 119 páginas



   Pulp Books, un sello de Rinoceronte Editora, que apuesta por ofrecernos en español algunos de los  títulos más representativos de la narrativa gallega actual, recala esta vez en Fran Alonso, un escritor polifacético y muy singular que frecuenta todos los géneros: periodismo cultural, lírica, narrativa en formato corto, novela, literatura juvenil). Cementerio de elefantes (Cemiterio de elefantes, 1994, en el original gallego) es la segunda aportación de Fran Alonso en el terreno de la narrativa, después de haber ganado en 1991 el Premio Blanco Amor con su novela Trailer. Fran Alonso es sin duda uno de los autores que han aportado propuestas innovadoras en las letras gallegas, como, por ejemplo, narrar en Trailer la vida de los camioneros gallegos por las carreteras españolas y europeas sin ocultar su visión del mundo. Algún estudio sobre la narrativa gallega de finales del pasado siglo ha etiquetado a Fran Alonso como visitante ocasional de las corrientes de narradores heterodoxos metaficcionales que reniegan de las categorías narratológicas fundamentales, como las del narrador o del personaje, entre otras.

   Cementerio de elefantes  es un viaje a la noche. A la noche de una ciudad portuaria, dura y clandestina como Vigo. Un viaje literario a las incontables náuseas de la noche, poblada de personajes atípicos, verdaderos antihéroes, que se debaten entre el sueño, la frustración, las extremas transgresiones. Son ellos, personajes noctámbulos, que hacen de la noche su hábitat, engullidos por la nocturnidad en sus encuentros depresivos, violentos o a veces sensuales y eróticos. Elefánticos en definitiva. Porque es una fauna de elefantes la que puebla la noche viguesa, que se desplaza, sorda e inexorable, hacia el amanecer.

   Al compás de las horas, nueve relatos breves recorren la urbe viguesa tras los pasos de esa fauna de elefantes. Son los protagonistas de la noche: licenciados o doctorandos reconvertidos e recogedores de basura; la cajera de un super que es víctima de un violador; vagabundos engullidos por las sombras en sus entrañas depresivas; la campesina del rural que inútilmente suplica que en la farmacia de guardia le vendan Voltarén para curar a su cerdito; la brutalidad verbal y profesional del dentista nocturno; periodistas desmotivados que deben llenar las ondas de contenidos estúpidos; guerrilleros aluniceros de iglesias; drogatas que con coca consuelan sus depresiones; insomnes incapaces de enfrentarse al día por las mañanas, fracasados incluso en el sexo, esclavos de ansiolíticos; taxistas estafados, piratas urbanos, vendedores de tabaco americano; prostitutas; caducos macarras, violadores, vagabundos atrapados por la noche en sus extrañas depresiones.

   De nuevo, y como en Males de cabeza, prosas extremas, conmocionadas que ponen ante nuestros ojos, de forma a veces vitriólica y estremecedora, otras, sumamente tierna, las punzantes brechas de la posmodernidad. Motivos recurrentes en ese ya gran macrotexto de Fran Alonso: la soledad, la incomunicación, el desengaño y las mil llagas y miserias de nuestros días en los espacios urbanos. Fran Alonso hace confluir a varios de sus elefantes nocturnos en un Refugio: “Corazones Solitarios”, todo un símbolo, una metáfora de la noche viguesa, esa noche que nos envejece a todos.

Narrados en primera o tercera persona, punteados los relatos al hilo del paso de las horas nocturnas, encadenando historias y personajes en una acertada y fructífera intertextualidad con obras anteriores. Es el caso de Lino, camionero en Trailer, o la mujer que trae cada día el barco de Cangas y consume su  jornadas haciendo tortillas para los obreros, que remite al poemario Tortillas para os obreiros. Escritura necesariamente fragmentaria y sobriedad narrativa que acrecienta el efecto sobrecogedor de estas historias. Altamente recomendable pues este libro de Fran Alonso, sobre todo para aquellos que quieran disfrutar en español de la estética del autor. Estética comprometida,  a la altura también de nuestro tiempo. Estética de lo que somos y de lo que tenemos, reflejada a través de estas historias tan hermosas como brutales y estremecedoras.



Francisco Martínez Bouzas






Fran Alonso

Fragmentos



“Traté de acelerar el paso porque sentía frío en las piernas, pero aquella falda tan ceñida no me dejaba caminar muy deprisa. Con el avance de la noche aumentaba el frío y los vagabundos que dormían en los portarles de las casas o de los comercios se cubrían con grandes cartones como queriendo amortiguar un poco su desgracia. Viejas rodeadas de bolsas de basura, jóvenes solitarios con el estigma de la heroína en los ojos ensangrentados, lúcidos personajes de gabardinas amarillas que un día decidieron perder la cordura, hombres con la botella de vino en las manos, todos personajes múltiples pertenecientes a una extraña fauna nocturna que me mantenía tan horrorizada como maravillada. Las noches en que acudo a visitar ami novio a la discoteca me recreo en ese paseo solitario que tengo que realizar para retornar a casa. Disfruto de él porque me mantiene expectante y hechizada dentro de esa moler en la que me he sumergido y eso hace que sienta pasión por la noche.”



…..



“La noche nos hace viejos prematuros. A todos. A los que estamos de este o de aquel ladote la barra, esa frontera que afortunadamente nos separa y que yo recorro incansablemente durante toda la jornada. Pero la noche nos gasta a todos, nos consume para envejecernos antes de tiempo.”



…..



 “Es la noche. Estoy acostumbrado a moverme entre la fauna de los que se van sin pagar, de los jugadores de billar, de los que piensan que ofreciéndole costo al camarero ya pueden ir de legales, de los que levantan las copas donde pueden, de los que se  encierran en los baños, de los que vienen a controlarte y vuelven de madrugada -o por el día- para levantarte el equipo de música, de los clientes habituales con derechos adquiridos, de los que, total, solo viene una vez, de los que quieren abrir cuenta porque son de buena familia, de los que vienen por la puerta a venderte dos botellas de wiski muy baratas, de los que saben de todo y te lo quieren explicar, de los que invitan a todo cristo, de los que salieron de casa sin dinero pero, ah, te ofrecen el carné de identidad, de los colegas que aseguran estar también de este lado de la barra.”



(Fran Alonso, Cementerio de elefantes, páginas 15, 59,62)

martes, 25 de enero de 2011

VIAJES A LOS MUNDOS DE LA LOCURA

Males de cabeza
Fran Alonso
Faktoria K de libros ( Editorial Kalandraka ), Vigo, 2007, 219 páginas.

   En su versión original gallega  Males de cabeza significó el retorno de Fran Alonso al territorio literario que le vio nacer como creador, al margen de su trabajo en el periodismo de naturaleza cultural. Males de cabeza se suma, en la trayectoria del escritor como narrador a títulos como Trailer ( 1991 ), Premio Blanco Amor de Novela, Cemiterio de elefantes ( 1994 ), Silencio ( 1995 ), O brillo dos elefantes ( 1999 ), Cartas de amor ( 2006 ). Títulos de un escritor todo terreno en lengua gallega a cuyo perfil es preciso sumar sus obras poéticas y sus incursiones en el reportaje periodístico.
   En Males de cabeza escuchamos la voz de un narrador singular e innovador dentro del sistema literario gallego. En un reciente estudio sobre la narrativa gallega de finales del siglo XX, se etiqueta a Fran Alonso como visitante ocasional de lo que la autora considera narradores heterodoxos metaficcionales que reniegan de las categorías narratologicas fundamentales, como la del narrador o la del personaje. La misma construcción de la novela, traducida al español por Faktoria K de libros, fue atípica. El autor puso el texto en un portal de Internet a disposición  de los internautas para que actuaran sobre el mismo. El  título del libro ya proporciona indicios de su núcleo diegético. Sus páginas, en efecto, son un muestrario de las incontables locuras a las que somos arrastrados los seres humanos en tiempos y espacios muy propicios para la gestación de desatinos. La idea central de la propuesta narrativa de Fran Alonso, idea que actúa además como hilo conductor de la narración, no es otra  que la afirmación de que la demencia es un sombrero que se quita y se pone a conveniencia de los habitantes del mundo exterior. El sombrero permanece incrustado de forma permanente y definitiva en la cabeza de los locos oficiales. Ellos constituyen los universos dementes que nuestra sociedad, pudorosa y sanadora, esconde detrás de los muros, hoy quizás de cristal, de los modernos manicomios. Es la locura de los auténticos locos que el relato de Fran Alonso nos permite visitar, guiados por un maestro de ceremonias muy común: un loco que se presenta bajo las credenciales de gato, un gato triste y solitario. Desde el periscopio de su demencia divisamos los territorios de las diversas esquizofrenias, psicosis y paranoias.
Fran Alonso
   En el recorrido encontramos de todo. En relatos muy breves que el autor rotula con el mismo título ( “La Locura es un sombrero” ), el lector descubrirá el abanico polimorfo de las distintas locuras con estatuto propio: los locos de la unidad de agudos que se consideran perros, verdaderos bulldogs, aficionados compulsivos del botín criminal. Los paranoicos que juzgan y ajustician a los demás desde su baluarte alienado; los infieles neuróticos que patalean en ese océano grasiento e inmenso que llamamos psiquiátrico; a los obsesos del sexo, pequeños cánidos, moradores de las cavernas más profundas y totalmente desquiciados por violar a los felinos. En fin… a aquellos que ni siquiera saben quiénes son.
   Pero como la locura es un sombrero que, a conveniencia, se quita y se pone, luce también en la cabeza de los habitantes del mundo exterior. En veinte relatos de formato mayor, el autor nos muestra el mapa de las locuras cotidianas, las llamadas demencias de baja intensidad. En la actualidad nadie se libra de alguna de ellas. ¡Ni siquiera las vacas son capaces de evitarlas! Es en la recreación literaria de estas locuras cuotidianas  donde Fran Alonso luce sus armas de excelente narrador. El autor recrea ficcionalmente la existencia humana con sus derrotas, sus viajes hacia la nada de la demencia o hacia los interminables caminos de la angustia y del infortunio diario. Son prosas extremas que basculan entre lo carnavalesco y lo infinitamente humanos y en las que el autor luce sus armas de excelente narrador. Historias esperpénticas, mordaces, vitriólicas, estremecedoras, sumamente tiernas. De todo hay – los modelos de las locuras cotidianas  son infinitos – en este libro que se yergue sobre  una estructura dicotómica, que le hace justicia a las dos modalidades de demencia que la novela detalla, y  que recibe las influencias de la tradición literaria y cinematográfica comenzando por la intertextualidad con sus poemarios Tortillas para os obreiros y Pedramol e outros nervios. Motivos recurrentes que ya aparecían e su primera novela: la soledad, la incomunicación, el desengaño, la incomprensión y que en estos relatos nos son servidos bajo la indumentaria de la locura.