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viernes, 13 de abril de 2018

¿QUIÉN ES REALMENTE MAURICE LESCA?


Un hombre de talento

Emmanuel Bove

Traducción de Mercedes Noriega Bosch

Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2018, 202 páginas



   

   La primera oportunidad de poder leer en español a Emmanuel Bove (1895-1945) tuvo lugar con la traducción de Mes amis (1924), la novela que, interesada por su obra, publicó Colette. Un libro que proporcionó al autor un gran éxito. Será alabado por Rilke, Gide o Beckett, y Emmanuel Bove comienza a vislumbrar que puede tener un lugar en el mundo. Previamente, en 1921, había iniciado una carrera de novelista popular llegando a publicar diez novelas ligeras con el pseudónimo de Jean o Emmanuel Valois.

   Autor de al menos treinta y ocho novelas firmadas con su nombre -a veces publicaba hasta seis libros al año- en el periplo de una vida repleta de altibajos y rachas buenas o malas de la fortuna. Sus últimas obras, La Piege, Départ dans la nuit y Non-lieu fueron escritas en Argelia a donde se había trasladado huyendo de la ocupación alemana. Desde la década de los setenta, Emmanuel Bove es un figura reconocida como uno de los grandes narradores franceses del pasado siglo, especialmente a partir de que Peter Hancke tradujese sus obras al alemán, llegando a compararlo con Chéjov y Scott Fitzgerald.

   Un home que saveit, ahora traducido por Pasos Perdidos con el título de Un hombre de talento, es una de las últimas novelas de Bove. Escrita en 1942, no vio su edición hasta 1985.

   Aunque en la novela intervienen otros personajes, el principal y único protagonista es Maurice Lesca. Tiene cincuenta y siete años. Vive en un pequeño apartamento de la calle Rivoli con Emily, su hermana. Su vida transcurre como la de un modesto jubilado, a pesar de que había sido médico, profesión de la que desertó por falta de vocación. Hasta la llegada de Emily hacía sus propias compras, se preparaba la comida, se lavaba la ropa, cosía los botones. Pero no cobraba ninguna pensión. Ahora, lleva cinco años malviviendo con su hermana, aparentando lo que no es, desarrollando una problemática vida cotidiana, ni buena ni mala, pero muy superficial, reconoce él mismo. Pero estaba convencido de que los hombres de talento, especialmente los hombres de carácter siempre terminan teniendo éxito en la vida.

   Sin embargo Maurice Lesca en el fondo no sabemos lo que es: un hombre galante con su amiga la señora Maze a la que, no obstante, estafa; un embustero; un infeliz; un manipulador que sobreactúa en algunas ocasiones; un enfermo incapaz de llevar a buen término sus proyectos que constantemente planea. Con todo, sabe sacarle partido a su lacerante ineptitud. En realidad, Maurice Lesca anticipa las turbadoras obsesiones de algunos personajes de Beckett.

   La novela, excepción hecha de algún receso que al autor emplea para darnos cuenta de los antecedentes del protagonista y de su hermana, se reduce a narrar la rutinaria convivencia de un egoísta con su hermana, rodeados de un París, una ciudad dulce y brumosa, pujante de vida, de encuentros, con animados cafés y tiendas de negocios. En ese ambiente, Maurice Lesca deambula por las calles, observa, recuerda, se interroga sobre su propia condición alienada, piensa en las ocasiones perdidas y sueña con otras que llegarán; a veces conversa con su amiga librera sobre la que fantasea que podrá ayudar.

   No hay otro argumento en esta pieza. En el fondo, el lector se queda sin saber quién es realmente Maurice Lesca. A pesar de que nada sucede, Un hombre de talento es realmete un libro muy duro, en el que reluce la tremenda desilusión del autor en el momento en el que escribía la novela, al poco tiempo de su huída de Francia.

   Novela escrita con una gran parquedad de medios: diálogos aparentemente banales que, no obstante, revelan una gran profundidad psicológica. Frases breves, reiterativas, gusto por los detalles, por la elusión. En síntesis, una novela en la que lo que la hace interesante no es tanto una interesante trama argumental  como la tonalidad con la que está escrita.









Emmanuel Bove




Fragmentos



“-No me ha dejado terminar, querida. Estoy loco. Iba a decirle que estoy loco. Jamás, jamás, jamás habría ido a ver a se hombre. ¿Cómo ha podido creer que lo haría?. Usted me conoce. Yo hablaba…hablaba como un hombre razonable. Pero no soy razonable. Nunca lo h sido. Lo sabe de sobra. Hay que dejar las cosas como están. Hay que vivir. Hay que amar. No debemos pensar en todos los errores lamentables que hemos cometido,  ¿no es así, Gabrielle? Pero que le voy a hacer, a veces siento que soy una especie de Don Quijote. No puedo soportar que se atente contra las personas que me son queridas. Lo malo es que paso la mayor parte de mis días solo. Mi hermana, mi hermana…es como si no estuviera.”



…..



“A las cuatro volvió a salir para ir a ver a la señora Maze. Había estado reflexionando. Se había esforzado por salir de sí mismo, por juzgar su forma de actuar y analizarla con los ojos de los demás. Era evidente que algunos (Donguy, sin ir más lejos) podían pensar que el papel que desempeñaba en esta historia era de lo más ruin. ¿Quién era ese desgraciado venido a menos que no tenía ni para vivir y que se preocupaba tanto por el dinero de una mujer que estaba sola? Vivía con una hermana a la que no quería, una hermana que, por otra parte, tampoco parecía engañarse demasiado con respecto a él. Se había aprovechado de las  vagas aspiraciones de una de esas innumerables mujeres cuyos matrimonios han fracasado. Había representado el papel del amigo fiel. «Tiene que recuperar su dinero, créame». Y si insistía tanto era, por supuesto, movido únicamente por su afecto profundo y sincero y no, como ciertos individuos mezquinos insinuaban, porque pensase ese secreto que siempre habría una manera de apropiarse de ese dinero.”



…..



“Contemplándose desde fuera, se veía a sí mismo ahí, en esas calles sin encanto, pobremente vestido, con sus recios hombros encorvados, torciendo sin querer hacía adentro el pie derecho, con esa cara de garduña, tan fina, una cara de niño con triple papada, una cara terriblemente devastada en la que, incluso después de afeitarse, aún se percibían mil signos de envejecimiento, lágrimas de frío, cortes, grietas, pielecillas blancas y secas en los labios…A lo largo de su vida se había cruzado muchas veces con hombres de esas características, pero no les había prestado ninguna atención, hombres mucho mayores que él, vencidos por la edad, de quienes era imposible precisar si habían sido buenos o malos. Ahora se habían convertido en uno de ellos.”



(Emmanuel Bove, Un hombre tranquilo, páginas 47, 123, 147)

domingo, 25 de marzo de 2018

DOS PIEZAS NARRATIVAS DE PASOS PERDIDOS


   Pasos Perdidos es una editora madrileña independiente; una de las muchas que han surgido en los últimos tiempos como alternativa para los lectores a los megagrupos editoriales. Una buena forma de luchar contra el imperio del “libro único”. Pasos Perdidos ofrece a los lectores obras que abordan críticamente los graves y acuciantes problemas de nuestro tiempo y de la actual sociedad. Obras que, por su calidad y ambición intelectual, aportan nuevos elementos de reflexión. Esta es la razón por la que Pasos Perdidos diversifica su producción editorial en varios campos: sociología, filosofía, economía y narrativa.

   Pasos Perdidos ofrece libros en el marco de una política editorial ajena a intereses exclusivamente comerciales, lo que hace posible ediciones selectas, muy cuidadas y esmeradas. En el ensayo prima el valor de la originalidad, el riesgo del pensamiento crítico y la capacidad de abordar, de manera rigurosa y a la vez accesible para todos los públicos, los problemas de hoy y de siempre. Tal es el talante  de sus dos más recientes libros de ensayo: Los nuevos sonámbulos de Nicolás Grimaldi y Nosotros y Voltaire de Ricardo Moreno castillo.

   Los textos de narrativa que edita Pasos Perdidos, pretenden poner a disposición de los lectores narrativa clásica contemporánea y a autores actuales innovadores y de reconocida calidad. Como muestra estas dos piezas de las que ofrezco un avance: Un hombre de talento de Emmanuel Bove y El día enterrado de Francisco Solano. Sobre ambas novelas volveré no tardando mucho con una reseña personal valorativa.







 



Un hombre de talento

Emmanuel Bove

Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2018, 202 páginas.



Sinopsis:

   
   Un hombre de talento, de una perfección clásica por la economía de medios, es al mismo tiempo una novela perturbadora, de una ambigüedad fundamental. Es una de las creaciones más inquietantes del extraño genio de Emmanuel Bove, escrita en 1942 cuando logró escapar de la Francia ocupada por los nazis.
   Farsante o enfermo, iluminado o estafador, no se sabe quién es verdaderamente Maurice Lesca, su protagonista. Aparentemente es incapaz de llevar a cabo los proyectos que, sin embargo, no deja de imaginar. Vive con su hermana Emily en un pequeño apartamento de la calle Rivoli, en París. Tiene cincuenta y siete años, en otro tiempo fue médico. Es pobre, lleva una vida miserable, pero quizá quienes le rodean se equivocan con respecto a este hombre que, con magistral seguridad, sabe sacarle partido  a su ineptitud.

   Maurice Lesca es un misterio. Como los personajes de Beckett, tiene la necesidad de actuar, hace planes, fracasa, vuelve a intentarlo continuamente y es como si nunca hiciera nada. En la precariedad e insignificancia de las vidas de Un hombre de talento se ha reflejado con más profundidad el mundo desolado de Emmanuel Bove.


El autor:

   
   Emmanuel Bove (París, 1898-1945), seudónimo de Emmanuel Bobovnikoff, es uno de los grandes novelistas franceses del siglo XX. Hijo de un exilado ruso y de una criada luxemburguesa, la infancia de Bove transcurre en París, Ginebra e Inglaterra, y está marcada, según las rachas de fortuna de su padre, por la inestabilidad entre un mundo de lujo y la miseria,

En 1924 publica, a instancias de Colette, su primera novela (Mes amis) que conoce un gran éxito, y en 1928 obtiene el premio Figuière, considerado más importante que el Goncourt.  A partir de entonces comienza un período de fecunda producción literaria con más de treinta obras publicadas, entre las que destaca El presentimiento (Pasos Perdidos, 2016). Colette, André Gide, Rilke, Max Jacob, Beckett («nadie como Bove ha tenido un sentido tan agudo del detalle») o Peter Hancke, su traductor al alemán, elogiaron su obra.

   En 1942 consigue abandonar la Francia ocupada por los nazis y en Argel escribe sus últimas novelas: Huída en la noche (Pasos Perdidos, 2017) y La Trampa (Pasos Perdidos, 2014), que se niega a publicar hasta la liberación. Durante su exilio en Argelia contrae el paludismo y, a su regreso, muere en París en 1945.





El día enterrado

Francisco Solano

Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2018, 158 páginas.

    
   El día enterrado es la narración del momento en que sus protagonistas no pueden evitar reconocer cuándo y por qué se quebró para siempre su vida. «El tiempo y la campana han enterrado el día», la línea de T. S. Eliot que abre la novela, anuncia la desventura que nos previene de que la condición que se extingue sea la misma que nos acoge.

Días antes de divorciarse, Gadea Vigo no acude a la galería de arte en la que trabaja; desaparece, al parecer voluntariamente, sin dejar rastro. Su confidente y amiga, Serapia Gómez, trata de averiguar qué la ha impulsado a tomar una decisión tan drástica. En la indagación descubre asuntos turbios de la galería, la venta de cuadros falsos de eminentes pintores, y el mundo de relaciones insospechadas en que ella misma vive. Inmiscuirse en otra vida la obliga a recuperar una dolorosa experiencia, velada a los demás, que la enfrentó a lo incomprensible.

La capacidad narrativa de Francisco Solano, uno de los escritores actuales más innovadores, nos conduce por las intersecciones de una ausencia inesperada, sumiéndonos en una desdicha que se quería preservar en la intimidad. El día enterrado explora el quebranto de la pérdida y la forma en que, a resguardo del conmovido recuerdo, se custodia a una persona querida. 


El autor:

   
    Francisco Solano (Burgos, 1952) es escritor y crítico literario, colabora en revistas y suplementos culturales y habitualmente en «Babelia». Su primera novela, La noche mineral (Debate, 1995), fue elogiada por la crítica por su «sorprendente poderío estilístico» (Ignacio Echevarría); a ella siguió Una cabeza de rape, Premio de Novela Jaén (Debate, 1997) y el libro de viajes Bajo las nubes de México (Alba, 2001), cuyo tratamiento del género revela «tanto su aguda observación como su original color en la adjetivación, evitando siempre los tópicos al uso» (Carlos García Gual). También es autor de Rastros de nadie (Siruela, 2006), «una novela radicalmente moderna sobre la apropiación del discurso y la distribución de las máscaras» (Sergi Doria), La trama de los desórdenes (Bruguera, 2007), relatos inspirados en la lectura de Giorgio Manganelli, Tambores de ejecución (Bruguera, 2008), Lo que escucha la lluvia (Periférica, 2015) y Jugaban con serpientes (Minúscula, 2016), una nouvelle sobre la infidelidad, donde la relación adúltera es real en el roce de los cuerpos, pero imaginaria en todo lo demás.

jueves, 22 de junio de 2017

HUIDA HACIA NINGUNA PARTE



Huida en la noche
Emmanuel Bobe
Traducción de Mercedes Noriega Bosch
Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2017, 189 páginas.

   Aunque tardíamente reconocido, Emmanuel Bove (de nacimiento Emmanuel Bobonikoff, París 1898-1945) está considerado en la actualidad como uno de los grandes narradores franceses de la primera mitad del siglo XX. Autor de numerosas y notables novelas, también de títulos populares que firmaba con pseudónimos, y ajenas, según sus mismas palabras, al oficio de escritor, fue descubierto  por Colette lo que le permitió publicar Mes amis  (1924) que cosechó un enorme éxito. No obstante, caerá en el olvido fundamentalmente por ser un escritor ajeno a cualquier causa que no fuese la literatura. Durante la Guerra y la ocupación alemana, tras verse rechazado sus deseos de unirse a la resistencia en Inglaterra, se traslada a Argelia, donde compuso sus últimos textos: La Piege, Départ dans la nuit  y Non-lieu. La traducción de sus obras al alemán por Peter Handke le redescubrirá de nuevo y recibirá años más tarde el aplauso de Sacha Guitry, Rainer María Rilke, Samuel Beckett o Roland Barthes.
   Huida en la noche es su penúltima novela y, como tantas otras de su autoría, nos hace partícipes del tiempo convulso de la Segunda Guerra Mundial, una época de persecuciones, campos de exterminio y pesadillas del nazismo que él, al menos aparentemente, logró esquivar. Así como del convencimiento de la necesidad de sobrevivir a cualquier costa.
   La voz narrativa que lo hace en primera persona, es la de un soldado francés prisionero y deportado a un campo de trabajo alemán. Son días muy duros, agravados por sus problemas físicos, nunca atendidos por el médico del campo y por la aparente afabilidad que, de forma siniestra, muestran a veces los guardianes del campo, así como por los diferentes y contrapuestos intereses de los mismos prisioneros. La seguridad de una muerte que sienten cercana anima a un grupo de ellos a planear una fuga: evadirse del campo y recorrer a pie cuatrocientos kilómetros a través de Alemania, procurando no ser capturados.
   El protagonista prefiere huir solo, mas las dificultades de la evasión le hacen comprender por primera vez lo que significa realmente estar preso. Desde un destacamento de trabajo, elabora un plan para una huida en solitario, más quiere ser solidario a pesar de la mezquindad de sus compañeros que se ríen de su plan, aunque finalmente se fugan. Pero el protagonista es incapaz de olvidar su drama personal: haber tenido que matar a dos guardianes. Caminan de noche y se ocultan de día. La huida es un continuo aflorar de egoísmos, de miedos, del hambre que no cesa de torturar. A pesar de que llega a Bruselas, será una huida a ninguna parte porque sigue el peligro de ser capturado y devuelto al control de los alemanes donde le espera un pelotón de fusilamiento.
   La novela recorre paso a paso la aventura externa de la fuga, pero, sobre todo y con mayor intensidad, las terribles vivencias internas de la que es víctima el protagonista que le convierten en un hipocondriaco, un paranoico que sufre manías persecutorias. Es víctima de su propia imaginación que crea temores absurdos.
   Emmanuel Bove da muestras de una gran maestría a la hora de expresar estos sentimientos del hombre acosado por el miedo porque él mismo los experimentó en carne propia: fue señalado, perseguido y destinado a un campo nazi de concentración y exterminio. Y sus propias pesadillas se hallan transcritas en las páginas de la novela. La misma ambientación del relato (cuevas, canteras, graneros, vagones de carga…) en los que se ocultan los prisioneros y finalmente el protagonista cuando abandona el grupo, da fe de este miedo cerval que atenaza al fugitivo y que Emmanuel Bove transmite en adecuados retratos psicológicos de sus actantes.
   Una novela de estructura lineal, con un relato centrado especialmente en los personajes, aunque quizás demasiado parsimonioso en la exposición de los planes de fuga y en los repetidos intentos del protagonista para convencer a sus compañeros. Un estilo claro y diáfano, alejado de preciosismos y ornamentaciones formales, nos introduce en esta aventura humana laminada por  las angustias y las pesadillas.

Francisco Martínez Bouzas


Emmanuel Bove

Fragmentos

“Aunque hasta el último momento había creído que no me uniría a ellos, de repente, al llegar la medianoche, me levanté. Una vez superado el período de espera, cuando el peligro es inminente, encararlo nos produce un inmenso alivio. En unos instantes sería libre. Ya no podía pensar en otra cosa. La libertad por una parte o la miseria física y moral por otra. En esas circunstancias, ¿cómo dudar del éxito?
Acudía al punto de encuentro detrás de las letrinas. La oscuridad era absoluta. Avanzamos con las manos hacia delante, fingiendo que nos tocábamos por la falta de visibilidad, aunque en realidad lo hacíamos pata infundirnos valor. Cuando llegamos al último barrancón nos detuvimos delante de las alambradas, repentinamente intimidados por la magnitud de la empresa. Por muy avanzada que estuviera la ejecución de nuestro plan, todavía podíamos dar marcha atrás.”

…..

“Antes de partir quise hacer un inventario de los víveres que habíamos traído, porque había reparado en que algunos comían mucho más que otros. Vaciamos nuestros macutos. Cogí una hoja de papel y un lápiz y volví a hacer la lista de lo que cada uno de nosotros habíamos llevado. Según los cálculos que había hecho antes de salir, debíamos tener comida suficiente para catorce días. Pues bien, mi estupor fue mayúsculo al comprobar que no habían pasado ni siquiera veinticuatro horas desde que nos evadimos y ya solo quedaban víveres para un par de días como máximo. Era incomprensible.
Intenté averiguar lo que había ocurrido, pero nadie me lo supo aclarar. Y lo más extraño de todo era que, mientras yo me devanaba los sesos intentando hallar una explicación, mis compañeros, como si ya se creyeran en Francia, no concedían ninguna importancia a un hecho que ponía patas arriba un plan en el que las raciones se habían calculado al milímetro. Como ya en la primera etapa llevábamos un retraso de nueve kilómetros -debo reconocer  que por culpa mía-, aquello prometía.”

…..

“Lo que nos tenía más desesperados era la falta de comida. Algunos hasta se plantearon desenterrar unas hortalizas. A pesar del hambre, me negaba a aceptar esa idea. Me sorprendía enormemente la rapidez con que se resignaban a adoptar las soluciones más extremas. Se lo dije a Roger, que resultó ser de mi opinión. Ambos pensábamos que, por muy difícil que fuese nuestra situación, aún no necesitábamos recurrir a medidas tan radicales. Aún podíamos esperar un poco. Esa manera de dramatizar no auguraba nada bueno. Revelaba nerviosismo.”

(Emanuel Bove, Huida en la noche, páginas 24, 95-96, 112)

lunes, 11 de mayo de 2015

"LA TRAMPA", UNA NOVELA PROFUNDAMENTE PERTURBADORA



La trampa
Emmanuel Bove
Traducción de Salvador Pernas Riaño
Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2015, 189 páginas

   La trampa es una novela escrita hace más de sesenta años y que sin embargo no ha perdido vigor ni actualidad, tanto por los temas de fondo y la trama argumental que la nutren, como por el tratamiento narrativo. La primera edición original de la novela (La piège) data del año 1945. Su autor, Emanuel Bove, pseudónimo de Emmanuel Bobonikoff (París, 1898) la escribió entre los años 1942, fecha de su autoexilio en Argel, disconforme con la ocupación nazi, y 1945, año en el que fallece en París. Emmanuel Bove, autor de una obra literaria notable en títulos -también de novelitas populares que firmaba con pseudónimos y ajenas según sus mismas palabras al oficio de escritor-, fue descubierto por Colette que quedó hipnotizada por la sequedad de la prosa con la que escribió su primera obra, Mis amigos. Sin embargo, caería en el olvido por la singularidad de sus textos y por ser un escritor puro, ajeno a cualquier causa que no fuese la literatura, hasta que la traducción de sus obras al alemán por Peter Handke le redescubriría de nuevo. Años más tarde será aplaudido por Sacha Guitry, Reiner Maria Rilke, Max Jacob, Samuel Beckett o Roland Barthes. En la actualidad está considerado como uno de los grandes escritores franceses del pasado siglo.
   Como en El proceso, la novela de Kafka, con la que tantas similitudes tiene La trampa, el protagonista Joseph Bridet, además de su trágica odisea personal, es un símbolo de una absurda tragedia, una víctima del poder burocrático y totalitario. En efecto, si uno de los significados del adjetivo “kafkiano” expresa la situación que se produce cuando alguien es arrastrado de forma incomprensible por algún mecanismo administrativo o policíaco, la historia de Josph Bridet que nos relata Emmanuel Bove, puede considerarse plenamente inmersa en esas enigmáticas coordenadas kafkianas.
   La acción de La trampa transcurre en la Francia de 1940. La Francia ocupada la parte norte y bajo administración alemana y “liberada” la parte sur y administrada por el régimen colaboracionista de Vichy. El protagonista, Joseph Bridet, al que le repugna el régimen el régimen colaboracionista, viaja a Vichy con la intención de conseguir, con la ayuda de antiguos amigos y conocidos, un salvoconducto que le permita establecerse en el extranjero, fingiendo querer ser útil al nuevo Estado Francés, pero con la secreta intención de unirse en Inglaterra al movimiento de la France libre del general De Gaulle. En Vichy se hace pasar infructuosamente por petainista, pero los contactos con sus antiguos correligionarios no dan el fruto apetecido y el tránsito por oficinas de funcionarios burócratas a los que se ve obligado a visitar, le van sumergiendo paulatinamente en la tupida telaraña de una inexorable trampa que se va cerrando sobre él de una forma inflexible. A diferencia del Josep K.  de El Proceso, será absuelto por un tribunal francés, pero la suya será únicamente una absolución aparente, no la absolución real que está en manos de las autoridades alemanas que ordenan su conducción  a un campo de internamiento. El trágico desenlace, en cuyo recorrido el lector sigue perplejo al protagonista perdido en el laberinto del engranaje de una conspiración, no desmerece del de Josep K. vestido de negro y degollado en una plaza de la ciudad.
   Emmanuel Bove nos ofrece una novela desasosegante, íntimamente perturbadora, no obstante los breves brillos de esperanza que parecen surgir a medida que avanzan las páginas. E. Bove no solo se adentra en una de las etapas más
Emmanuel Bove
obscuras y vergonzosas del país vecino, en la que reina el egoísmo, el miedo y la traición; y la brutalidad de la derrota invade en todas partes las mentes de la gente, sino que nos presenta el mundo de la justicia como algo vago y nebuloso. En esas circunstancias, el autor se sirve de un hombre corriente, comido por las dudas, el miedo y las contradicciones para hacer todavía más visibles los férreos tentáculos de la trampa en un país ocupado por los nazis y por un régimen policial a cuyo control es imposible escapar.
   Una novela alejada de todo artificio u ornamentación formal. Emmanuel Bove únicamente se permite algunas pausas narrativas para recrear, con estilo preciso, los espacios en los que se desarrolla la narración. Pero su relato lineal está sobre todo centrado en los personajes y en el desarrollo de la acción que nos hace llegar a través de un estilo realista, atravesado a veces por rasgos de humor negro y patético; con una gran piedad, sin embargo por las víctimas, aunque se encuentren en las antípodas del heroísmo. Una novela pues que es mucho más que el relato de la pesadilla de un enfrentamiento con una ininteligible burocracia, sino el desencadenamiento de una tragedia que no dejará al lector impasible.

Francisco Martínez Bouzas

                                             
Pelotón alemán preparándose para fusilar por la espalda a resistentes franceses
Fragmentos

“Al pasar ante una ventana herméticamente cerrada, Bridet escuchó una radio y se detuvo. ¡Era Londres o Vichy?
-¿Vienes?-dijo Yolande
-Es Londres -replicó Bridet
-A esta hora, Londres se ha terminado.
-No. Es la hora de los mensajes personales.
Se escuchaba distintamente:
«El tándem de Roger está arreglado»
«Las quimeras son unas locas»
«Albertine no está vacunada. Repetimos: Albertine no está vacunada»
«Los gatos de Luxemburgo siguen maullando»
Yolande se acercó a él.
-No tiene el menor interés. ¿Vienes?
Pero Bridet continuó inmóvil. Le resultaba tan grotesco escuchar esos mensajes. Eran el indicio, el único indicio en mitad de tanta miseria, de que algo estaba pasando, de que todavía quedaban hombres capaces de burlar la presencia de los alemanes, de conspirar contra la ocupación. Y esperaba confusamente que, por no sabía qué conjunción de circunstancias, uno de aquellos mensajes fuera para él y que, de pronto escucharía algo como: «El marido de Yolande es esperado en Londres. Repetimos. El marido de Yolande es esperado en Londres.”

…..

“Bridet se acostó. Todos sus compañeros estaban ya en el cuarto. Era la hora en la que solían jugar a las cartas, aunque esa noche no hacían otra cosa que hablar. A Bridet le hubiera gustado estar solo, no tener que ver a nadie. Todavía no creía que fueran a tomar rehenes, pero tampoco había creído que fuera a estallar la guerra del 39. Cruzó las manos detrás de la nuca. Por desgracia, no se pueden cerrar los oídos como se cierran los ojos.
No soportaba seguir oyendo lo que llevaba oyendo todo el día. En los momentos trágicos de la vida nada hay más agobiante que la zozobra de los que nos rodean. Hemos logrado, a fuerza de voluntad, apartar de nuestros pensamientos todo lo que puede aumentar nuestro temor y, entonces, nos encontramos rodeados de personas incapaces de hacer el mismo esfuerzo. No podía continuar escuchando un minuto más. Se levantó y fue a aislarse en la parte de atrás del barracón. Media hora más tarde, cuando estaba de vuelta. Se encontró con Baumé. «No me voy», le dijo devolviéndole la carta. Estaba pálido. Sus manos temblaban ligeramente. Acababan de anunciar que su partida quedaba aplazada.”

(Emmanuel Bove, La trampa, páginas 53-54, 175-176)