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viernes, 16 de febrero de 2018

UNA NOVELA SOBRE LA REALIDAD ESCOLAR



La clase

François Bégaudeau

Traducción de Julieta Carmona Lombardo

El Aleph Editores, Barcelona, 232 páginas

(Libros de siempre)



   
    Profesor, periodista deportivo, cantante de rock, actor. También escritor de éxito en Francia con su cuarta novela, Entre les murs (2006), traducida a numerosos idiomas y que dio lugar a la película homónima, galardonada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2008, en la que el narrador interpreta su propio papel. En la versión española, la novela fue traducida con un título, La clase, menos claustrofóbico que el original francés. Como primera apreciación se puede decir que este desasosegante bestseller, engruesa una literatura que podemos rotular como de género de la escuela, siguiendo la estela de Domenico Starmone, Dominique Sampiero y, sobre todo. Daniel Pennac (Mal de escuela), que centra su atención en la figura del alumno necio e ignorante.

   Pero La clase constituye un testimonio mucho más crudo de la realidad educativa. En la novela de François Bégaudeau, los protagonistas no son los alumnos menos capacitados, sino los más conflictivos de un instituto en un barrio periférico de París.

   El libro, en efecto únicamente se propone describir un año escolar y las experiencias cotidianas que en él suceden. François es un profesor nuevo de lengua en un instituto de una bauliene parisiense. Los nombres de sus alumnos (Tarek, Hadia, Khumba, Souleyman, Ming…) revelan  de una forma muy clara sus orígenes multiétnicos. Todos los profesores se preparan a conciencia para enfrentarse al nuevo curso, armándose sobre todo contra el desánimo. Mas las culturas y la actitudes brotan de inmediato en cada aula, verdadero microcosmos de una Francia contemporánea, mestiza y cosmopolita.

   El libro presenta, como una fotografía obtenida por un fotógrafo, rico en sensibilidad e ironía, este universo en el que interactúa el grupo de alumnos, sin ningún temor reverencial, absolutamente espontáneos y, a veces, incluso insolentes y fanfarrones, que consideran a la escuela una institución inútil, pero inevitable hastío en el que no son capaces de orientarse dentro de una cultura y una lengua extranjera para la mayoría de ellos; y defienden sus formas expresivas, su slang, a la vez que ridiculizan la lengua literaria. También dentro de esos muros escolares tiene cabida el universo de los docentes, con sus conversaciones, preocupaciones, confidencias, con su cotidianidad familiar que deben compartir junto con las desilusiones del trabajo. Y así mañana tras mañana, sin que nada varíe un solo milímetro.

   Las clase puede ser vista como un crudo y duro documental en el que, sin retóricas, se narra el día a día de una escuela francesa y el maremágnum de contradicciones propias de una sociedad en pleno proceso de mestizaje cultural. Pero difícilmente resiste la calificación de novela, porque en la misma no existe una dirección narrativa clara, ni una trama argumental que se desenvuelva englobando no o varios acontecimientos. Hay consejos de disciplina, enfrentamientos profesor-alumno, mas solamente son un hecho más entre tantos otros.

   

                                            
Fraçois Bégaudeau
   
   Lo que a Bégaudeau le interesa retratar es ese devenir del curso escolar, con todas las expectativas y contradicciones de esta escuela multicultural. Y lo hace acumulando, a modo de collage, escenas repetitivas que no responden a ningún orden cronológico y dejan al lector esperando el desarrollo de una historia. Tampoco hay personajes, sino un grupo amorfo de individuos que no evolucionan y que solamente conforman un colectivo (profesores, padres, alumnos). Estos últimos visten camisetas deportivas, usan piercings, cometen faltas de ortografía, son petulantes… pero nada más. El lector no logra verlos más que como extras de una historia que jamás empieza realmente. Así pues, poco tirón narrativo, pero sí un perfecto espejo documental que revela la complejidad de la realidad escolar que revienta las generalidades, tópicos y clichés, que no absuelve ni condena a nadie y que muestra que en sistema educativo hay sitio para todo.





domingo, 4 de junio de 2017

Y LA DEFINITIVA NOCHE SE CERNIÓ SOBRE JUAN GOYTISOLO



   Hoy 4 de junio, anocheció para siempre en la vida de unos de los grandes escritores cervantinos españoles. En el año 2003 se había despedido de la ficción. Y sin embargo, por una vez se hizo justicia y el año 2014 obtuvo el Premio Cervantes, el más importante concedido en España. Hoy, según ha comunicado su agencia literaria, Balcells, dejó de existir a los 86 años. La muerte de su esposa Monique Lange, fallecida en 1996, marcó el punto inflexible de su vejez, y dio lugar a su última pieza ficcional, Telón de boca, cuya reseña me honro en reproducir en memoria del gran escritor barcelonés que había compartido su vida con los inmigrantes del Sentir parisino y con su “tribu”, la familia de Abdelhadi, su pareja durante su homosexualismo latente.

   Juan Gotysolo se fundirá con la tierra del norte de África. Será enterrado en el cementerio civil de Larache, situado al norte de Marruecos. Esa era su decisión que había dejado muy clara desde hace tiempo. Sus restos reposarán junto a los del escritor francés Jean Genet, al que Goytisolo profesó una profunda admiración.

   Goytisolo había descubierto que la libertad se hallaba solo en los libros. Y también se había topado con una inexorable y única certeza: la igualdad de los muertos, pero esa igualdad no la veremos al morir. Reproduzco, como ya he dicho, lo que escribí sobre Telón de boca en diciembre de 2014, la última obra propiamente ficcional sobre la que el escritor, como una premonición, escribió. “Anochecía y él mismo anochecía” (Telón de boca, página 32).





Telón de boca

Juan Goytisolo

El Aleph Editores, Barcelona, 2003, 100 páginas





   Lo prometió y lo cumplió. El Premio Cervantes 2014 anunció en 2003 que Telón de boca sería su última pieza ficcional, sencillamente porque, confesó entonces, no tengo nada más que decir en este terreno. A partir de aquel momento Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) se centró en otros géneros. En la poesía y en el ensayo literario: en el estudio, por ejemplo de la figura de Manuel Azaña (El Lucernario: la pasión crítica de Manuel Azaña). Y en la poesía. En 2008 publicó El exiliado de aquí y de allá, que es sin embargo otra cosa: media docena de textos independientes con el mismo personaje que nace en Señas de identidad, se transfigura en Reivindicación del conde don Julian y  en  Makbara, para ocupar finalmente el lugar central en Paisajes después de la batalla. Textos independiente de naturaleza ficcional pero que sin embargo no son islas. Intelectual crítico, Goitysolo sigue siendo uno de los autores españoles más influyentes en el extranjero.

   La obra ficcional de Juan Goitysolo atraviesa toda la segunda mitad del siglo XX. Sun inicios explosivos en la década de los cincuenta pusieron a disposición de los lectores cinco piezas narrativas (Juego de manos, Duelo en el paraíso y los volúmenes de la trilogía El mañana efímer). A inicios de los sesenta, publicaría La isla y Fin de fiesta títulos que clausuran una etapa narrativa. Después de años de reflexión, aparece de nuevo el  escritor fabulador e intelectual, aunque con notables cambios en su  concepción novelística. Si en otras etapas la escritura de Goitysolo pretendía mostrar sobre todo aspectos externos de la realidad, poco a poco sus obsesiones convergen en luchar contra los mitos imperantes de la sociedad patria y en la transformación de la lengua española. Es la época de sus libros más emblemáticos: Señas de identidad, Reivindicaciones del conde don Julián, Juan sin tierra o Makbara, obras que significan una verdadera peregrinación en la búsqueda de las propias raíces, en el sentido de la historia española y en un proceso imparable de racionalización que lo conducirá a romper con sus orígenes, con un pasado cultural  y, por último, con la propia lengua, que progresivamente se va transformando en caracteres árabes en las últimas páginas de Juan sin tierra.

   En 2003, como ya he dicho, el intelectual rebelde ante el franquismo y uno de los pocos supervivientes del espíritu crítico, como lo calificó Günter Grass, se despidió de la literatura de ficción  con este pequeño volumen, un libro extremadamente conciso, en el que nada queda a salvo y que se ciñe ciertamente a lo que dice su título: Telón de boca. El paño que esconde el escenario cuando termina una representación, pone de manifiesto la voluntad del escritor de poner silencio definitivamente a su labor ficcional.

   Telón de boca es una pequeña obra de arte, escrita de forma primorosa y muy concisa, que rezuma intimismo y, sobre todo, pesimismo en cada página. Tres personajes arrastran sus problemas existenciales por los episodios de la novela: una mujer indirectamente evocada (Monique Lange, fallecida en 1996), su viudo y un doble de este, un verdadero demiurgo que le interroga e increpa. En un paréntesis entre “la nada y la nada”, el viejo protagonista, alter ego del propio autor, desde una ciudad “ocrerrosada” -posiblemente Marrakech- nos proyecta una amarga y desolada reflexión sobre la existencia que tiene la seguridad que dejará muy pronto. Desde la frontera de la muerte, realiza un repaso de su vida con extrema clarividencia y con grandes dosis de pesimismo. Su hablar se transforma en un recuerdo de la esposa fallecida y en un reconocimiento del poder cruel de los vivos frente a la indefensión de los muertos. Un espécimen  de demiurgo, apodado “El desalmado” y confirmable su condición en la percepción pesimista de la especie humana, la especie más nociva del universo.

   Únicamente somos poseedores de una certeza: la igualdad de los muertos, pero esa igualdad no la veremos al morir. Novela pues que semeja que el manto de la noche pende sobre todos nosotros que también anochecemos sin darnos cuenta. Un símbolo extraído de Tolstoi y que aparece en el epígrafe, el cardo amputado, con flores ennegrecidas, se convierte en la gran metáfora del desvanecimiento de toda certeza y de la inevitabilidad del destino al que están condenados los descendientes de la Caverna: partir sin haber hallado el sentido de nuestra vida.



Francisco Martínez Bouzas



 
Juan Goytisolo



Fragmentos



“Su destino -el de ella, de él y todos los descendientes de la Caverna- sería el del cardo cuya imagen obsesionaba a Tolstoi, el mismo cardo tenaz que él buscó en las montañas del Cáucaso. Iba en una chatarra de automóvil por el camino enfangado a Shatoi y pudo atisbar, cuesta abajo, los tanques y vehículos calcinados en una emboscada similar a la tendida a los soldados del zar siglo y medio antes. Verificó una vez más la necia reiteración de la historia, su crueldad obtusa. En el valle de Argún había una magnífica variedad de flores. A través del intérprete, preguntó por la planta a uno de los reclutas que les detenía a mendigar cigarrillos. No supo darles respuesta y, aunque siguió escrutando entre retén y retén, no divisó ninguna. El trayecto a las ruinas aún recientes del pueblo le confirmó en su certeza de pertenecer a la especie más dañina del universo. El cardo amputado y sus flores ennegrecidas cobraban el valor de un símbolo. El carro ciego que las tronchó era el que segaba metódicamente sus vidas.”



…..



“Discurría el cariño del sol, con un ejemplar de La sonata en el regazo, cuando irrumpió la voz del que, entre risas, afirmaba ser a la vez creador y creado.

«¿Piensas que puede existir, no ya una mísera tribu, sino una sociedad de las que llamáis modernas o posmodernas sin alguna forma de creencia irracional y fantástica?¿Sin palio blanco, manto de brocado, clámide purpúrea, diadema de oro, cetro pontificio? Los pueblos, vuestros rebaños, no lo soportarían. ¡Mira en lo que fueron a parar las utopías y crisis místicas de tu mentor! Sus compatriotas pretendieron condenarme al olvido pero forjaron en seguida ídolos crueles como yo, aunque contingentes y efímeros: ¡el profeta arrengador de la perilla y el déspota con bigotes de cucaracha! Dime: ¿qué ha sido de ellos? No lograron suplantarme, fueron derribados de sus peanas mientras yo sigo ahí tan fresco, con los hechiceros que bendicen a la soldadesca e inciensan sus matanzas. Las botas aplastan de nuevo el cardo. ¿Merecerían la pena tantos esfuerzos, sacrificios y horrores para volver a la casilla del comienzo? No creas que soy megalómano si sostengo que, malvado o bueno, me necesitáis y no desapareceré  en un futuro probable. Sois una colonia de insectos en la que cada uno tira por su lado y busca el provecho inmediato a costa de los demás. La igualdad fraterna en la que algunos sueñan no pasa de quimera. Sólo tenéis una certeza, pero no queréis mirarla a la cara: es la igualdad de los muertos y, al morir, no serás tú quien la vea.”



…..



“¿Qué esperas?, ¿piensas  que vas a ver siempre los toros desde la barrera y no desde la arena misma?.

Lo peor que te podía ocurrir ha ocurrido ya. Vives sin ella, lejos de ella y apenas si la ves empequeñecida por la distancia. Toma las disposiciones que estimes oportunas para quienes te cuidan y esos niños que te olvidarán, con inocencia cruel, para crecer y multiplicarse. No te aferres a lo que pronto dejarás. Cuanto mayor sea tu desánimo, más fácil te será el tránsito.

Aguza el oído, no te escuches en tu sordera: me pillas en una buena racha y te hablo sin segundas. Nada de lo que te desprendas, la rutina y comodidades de la vejez valen cosa en comparación con lo que te aguarda. Un túnel de luz se ofrecerá a ti por entero. Cruza conmigo las Montañas Blancas y las cimas de Polvo Negro por cuyas hondonadas y desfiladeros se escurre al malvado al que amorosamente instruí y armé (…) Accede a ella y piérdete en su visión. Yo estaré allí para cerrar el paréntesis entre la nada y la nada. Mi voz retumbará en las alturas como en el inverosímil  relato bíblico. Como te dije, o dicen que te dije, al muerto que serás: ¡levántate y anda!”



(Juan Goitysolo, Telón de boca, páginas 29-30, 47-48, 88-89)

sábado, 13 de febrero de 2016

"GABRIELA, CLAVO Y CANELA": LA CELEBRACIÓN DEL AMOR Y DE LOS PLACERES DE LA VIDA



Gabriela, clavo y canela

Jorge Amado

Traducción de Dante Hermo

El Aleph Editores, Barcelona, 446 páginas

(Libros de fondo)



   En 1926, con solo catorce años, Jorge Amado decidió que su vocación sería la literatura. Junto con otros nuevos escritores, entre ellos João Cordeiro, Días da Costa, Alves Riveiro… fundó la “Academia dos Rebeldes”, y desde ese conciliábulo intentó darle un soplo de aire fresco a la marchita vida de las letras bahianas. Desde entonces, con más de veinte novelas, libros de relatos, literatura infantil, teatro y libros de memorias, se hizo patente y total la identificación del escritor con su entorno geográfico, hasta el punto de llegar a definirse él mismo como “un bahiano romántico y sensual”.

   La colosal obra literaria de Jorge Amado, una de esas figuras a las que claramente se le hurtó el Premio Nobel de Literatura, es un reflejo de la cultura tradicional bahiana, de las raíces  indioafricanas del nordeste brasileño. Desde el localismo de un territorio muy concreto, Jorge Amado se convirtió en un escritor universal con más de ochenta millones de libros vendidos en la fecha de su fallecimiento (6 de agosto de 2001). Y una obra traducida a cerca de cincuenta idiomas.

   Desde la nómina de los no-Nobel, Jorge Amado escribió alguno de los libros a los que siempre se vuelve, y fue capaz de crear escenas y personajes en los que hallamos el sabor siempre fresco y colorista de la mitología bahiana, poblada de mulatas, de héroes cotidianos, vagabundos generosos, prostitutas sentimentales. Un costumbrismo localista que, no obstante, permite una proyección universal del imaginario brasileño.

   Uno de esos personajes de proyección universal de Jorge Amado, es la protagonista y figura central de la novela Gabriela, clavo y canela, reeditado en España en varias ocasiones, una de ellas la de El Aleph Editores. De la misma forma que la música popular brasileña brota con “Garota de Ipanema” (“Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça”), el personaje de Gabriela nos estimula a convertirla en símbolo y retrato de la mujer brasileña. También en su homenaje. La hermosa Gabriela, que sazona con clavo y canela, pero también con fuego el restaurante y la vida del sirio Nacib, allá por los años veinte del siglo pasado cuando la modernidad se asienta en Ilhéus, es uno de los personajes más atrayentes y seductores de la literatura del siglo XX. Gabriela es la competidora, hermosa y excitante, indómita, imprevisible, dulce, sensual e inocente, abanderada del amor pasional, capaz de poner en tela de juicio las costumbres y convenciones más arcaicas de una sociedad de terratenientes y militares.

   La fabulación de Gabriela, clavo y canela marca un punto de inflexión en la narrativa de Jorge Amado. La celebración del amor y de los placeres de la vida, y la creación de esta figura de honda sugestión erótica, marcan el final de una novelística inspirada en el realismo socialista y el inicio de una escritura rebosante de realismo y viveza, que bebe en la oralidad de la que conserva su gracia, en la que este clásico de las letras brasileñas celebra de forma heterodoxa el la sensualidad amorosa y los placeres de la existencia.



Francisco Martínez Bouzas



                                                       
Jorge Amado

Fragmentos



“Bajo el sol ardiente, con el torso desnudo, las hoces presas a largas varas, los trabajadores recogían mazorcas de cacao. Caían con un golpe seco los frutos amarillos, mujeres y niños los apilaban y los partían a golpe de machete. Se amontonaban los granos  de cacao tierno, blancos de miel, los metían en los cestos de mimbre, se los llevaban a los secaderos a lomos de los burros. El trabajo comenzaba al despuntar el día, terminaba al caer la noche; a la  hora de más sol, paraban a comer con prisa un pedazo de charqui asado con harina y una jaca madura. Las voces de las mujeres se elevaban con amargos cánticos de trabajo…”



…..



“Era el peor de los circos. El negrito Tuísca meneaba la cabeza, parado ante el vacilante mástil, casi tan pequeño como un mástil de saveiro. Más pequeño y miserable, imposible. El paño de lona de la carpa estaba agujereado como el cielo de una noche estrellada o el vestido de la loca María Ma Dá. No era mucho mayor que el puesto del pescado, apenas lo tapaba en el descampado del puerto. Si no fuera por la probada lealtad que lo caracterizaba, el negrito Tuísca se habría desentendido por completo del Circo Três Américas. ¡Qué diferencia con el Grande Circo Balcánico, con su monumental pabellón, las jaulas de las fieras, los cuatro payasos, el enano y el gigante, los caballos amaestrados, los trapecistas más intrépidos! Había sido una fiesta en la ciudad. Tuísca no se perdió ni un espectáculo. Meneaba la cabeza.

Amores y devociones se cobijaban en su pequeño y cálido corazón: la negra Raimunda, su madre, felizmente recuperada ya de su reumatismo, lavando y planchando ropa; la pequeña Rosinha, de cabellos de oro, la hija de Tonico Bastos, su amor secreto; doña Gabriela y el señor Nacib…”



…..



“Desnuda, extendida en la cama de matrimonio, Gabriela con una sonrisa. Desnudo, sentado en el borde del lecho, Tonico con los ojos espesos de deseo. ¿Por qué no los mató Nacib? ¿No lo mandaba la ley, la antigua ley cruel  e indiscutida, observada con escrúpulo siempre  que se presentaba la ocasión y la necesidad? La honra del marido engañado se lavaba con la sangre de los culpables. Aún no hacía un año que el coronel Jesuíno Mendoça la había ejecutado…¿Por qué no los mató? ¿Acaso no lo había pensado la noche anterior, en la cama, cuando sentía las caderas ardientes de Gabriela quemándole la pierna? ¿No se había jurado hacerlo? ¿Por qué no lo hizo?¿No llevaba el revólver en la cintura, no lo había sacado del cajón de la barra? ¿Acaso no quería seguir mirando con la cabeza alta a sus amigos de Ilhéus? Pese a todo no lo hizo.”



(Jorge Amado, Gabriela, clavo y canela, páginas 225-226, 303, 380-381)

viernes, 26 de diciembre de 2014

"TELÓN DE BOCA": LA IGUALDAD DE LOS MUERTOS COMO ÚNICA CERTEZA



 

Telón de boca

Juan Goytisolo

El Aleph Editores, Barcelona, 100 páginas

(LIBROS DE FONDO)



   Lo prometió y lo cumplió. El Premio Cervantes 2014 anunció en 2003 que Telón de boca sería su última pieza ficcional, sencillamente porque, confesó entonces, no tengo nada más que decir en este terreno. A partir de aquel momento Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) se centró en otros géneros. En la poesía y en el ensayo literario: en el estudio, por ejemplo de la figura de Manuel Azaña (El Lucernario: la pasión crítica de Manuel Azaña). Y en la poesía. En 2008 publicó El exiliado de aquí y de allá, que es sin embargo otra cosa: media docena de textos independientes con el mismo personaje que nace en Señas de identidad, se transfigura en Reivindicación del conde don Julian y  en  Makbara, para ocupar finalmente el lugar central en Paisajes después de la batalla. Textos independiente de naturaleza ficcional pero que sin embargo no son islas. Intelectual crítico, Goitysolo sigue siendo uno de los autores españoles más influyentes en el extranjero.

   La obra ficcional de Juan Goitysolo atraviesa toda la segunda mitad del siglo XX. Sun inicios explosivos en la década de los cincuenta pusieron a disposición de los lectores cinco piezas narrativas (Juego de manos, Duelo en el paraíso y los volúmenes de la trilogía El mañana efímer). A inicios de los sesenta, publicaría La isla y Fin de fiesta títulos que clausuran una etapa narrativa. Después de años de reflexión, aparece de nuevo el  escritor fabulador e intelectual, aunque con notables cambios en su  concepción novelística. Si en otras etapas la escritura de Goitysolo pretendía mostrar sobre todo aspectos externos de la realidad, poco a poco sus obsesiones convergen en luchar contra los mitos imperantes de la sociedad patria y en la transformación de la lengua española. Es la época de sus libros más emblemáticos: Señas de identidad, Reivindicaciones del conde don Julián, Juan sin tierra o Makbara, obras que significan una verdadera peregrinación en la búsqueda de las propias raíces, en el sentido de la historia española y en un proceso imparable de racionalización que lo conducirá a romper con sus orígenes, con un pasado cultural  y, por último, con la propia lengua, que progresivamente se va transformando en caracteres árabes en las últimas páginas de Juan sin tierra.

   En 2003, como ya he dicho, el intelectual rebelde ante el franquismo y uno de los pocos supervivientes del espíritu crítico, como lo calificó Günter Grass, se despidió de la literatura de ficción  con este pequeño volumen, un libro extremadamente conciso, en el que nada queda a salvo y que se ciñe ciertamente a lo que dice su título: Telón de boca. El paño que esconde el escenario cuando termina una representación, pone de manifiesto la voluntad del escritor de poner silencio definitivamente a su labor ficcional.

   Telón de boca es una pequeña obra de arte, escrita de forma primorosa y muy concisa, que rezuma intimismo y, sobre todo, pesimismo en cada página. Tres personajes arrastran sus problemas existenciales por los episodios de la novela: una mujer indirectamente evocada (Monique Lange, fallecida en 1996), su viudo y un doble de este, un verdadero demiurgo que le interroga e increpa. En un paréntesis entre “la nada y la nada”, el viejo protagonista, alter ego del propio autor, desde una ciudad “ocrerrosada” -posiblemente Marrakech- nos proyecta una amarga y desolada reflexión sobre la existencia que tiene la seguridad que dejará muy pronto. Desde la frontera de la muerte, realiza un repaso de su vida con extrema clarividencia y con grandes dosis de pesimismo. Su hablar se transforma en un recuerdo de la esposa fallecida y en un reconocimiento del poder cruel de los vivos frente a la indefensión de los muertos. Un espécimen  de demiurgo, apodado “El desalmado” y confirmable su condición en la percepción pesimista de la especie humana, la especie más nociva del universo.

   Únicamente somos poseedores de una certeza: la igualdad de los muertos, pero esa igualdad no la veremos al morir. Novela pues que semeja que el manto de la noche pende sobre todos nosotros que también anochecemos sin darnos cuenta. Un símbolo extraído de Tolstoi y que aparece en el epígrafe, el cardo amputado, con flores ennegrecidas, se convierte en la gran metáfora del desvanecimiento de toda certeza y de la inevitabilidad del destino al que están condenados los descendientes de la Caverna: partir sin haber hallado el sentido de nuestra vida.



Francisco Martínez Bouzas



 
Juan Goitysolo

Fragmentos



“Su destino -el de ella, de él y todos los descendientes de la Caverna- sería el del cardo cuya imagen obsesionaba a Tolstoi, el mismo cardo tenaz que él buscó en las montañas del Cáucaso. Iba en una chatarra de automóvil por el camino enfangado a Shatoi y pudo atisbar, cuesta abajo, los tanques y vehículos calcinados en una emboscada similar a la tendida a los soldados del zar siglo y medio antes. Verificó una vez más la necia reiteración de la historia, su crueldad obtusa. En el valle de Argún había una magnífica variedad de flores. A través del intérprete, preguntó por la planta a uno de los reclutas que les detenía a mendigar cigarrillos. No supo darles respuesta y, aunque siguió escrutando entre retén y retén, no divisó ninguna. El trayecto a las ruinas aún recientes del pueblo le confirmó en su certeza de pertenecer a la especie más dañina del universo. El cardo amputado y sus flores ennegrecidas cobraban el valor de un símbolo. El carro ciego que las tronchó era el que segaba metódicamente sus vidas.”



…..



“Discurría el cariño del sol, con un ejemplar de La sonata en el regazo, cuando irrumpió la voz del que, entre risas, afirmaba ser a la vez creador y creado.

«¿Piensas que puede existir, no ya una mísera tribu, sino una sociedad de las que llamáis modernas o posmodernas sin alguna forma de creencia irracional y fantástica?¿Sin palio blanco, manto de brocado, clámide purpúrea, diadema de oro, cetro pontificio? Los pueblos, vuestros rebaños, no lo soportarían. ¡Mira en lo que fueron a parar las utopías y crisis místicas de tu mentor! Sus compatriotas pretendieron condenarme al olvido pero forjaron en seguida ídolos crueles como yo, aunque contingentes y efímeros: ¡el profeta arrengador de la perilla y el déspota con bigotes de cucaracha! Dime: ¿qué ha sido de ellos? No lograron suplantarme, fueron derribados de sus peanas mientras yo sigo ahí tan fresco, con los hechiceros que bendicen a la soldadesca e inciensan sus matanzas. Las botas aplastan de nuevo el cardo. ¿Merecerían la pena tantos esfuerzos, sacrificios y horrores para volver a la casilla del comienzo? No creas que soy megalómano si sostengo que, malvado o bueno, me necesitáis y no desapareceré  en un futuro probable. Sois una colonia de insectos en la que cada uno tira por su lado y busca el provecho inmediato a costa de los demás. La igualdad fraterna en la que algunos sueñan no pasa de quimera. Sólo tenéis una certeza, pero no queréis mirarla ala cara: es la igualdad de los muertos y, al morir, no serás tú quien la vea.”



(Juan Goitysolo, Telón de boca, páginas 29-30, 47-48)