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miércoles, 11 de octubre de 2017

CÍRCULOS INFERNALES ACOSADOS POR LA PESTE

Los días de la peste
Edmundo Paz Soldán
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 325 páginas.

   A tenor de su última pieza narrativa, Los días de la peste, no me cabe duda de que Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es hoy en día uno de los más sólidos y originales narradores de las letras latinoamericanas. Profesor de literatura latinoamericana en la Universidad Cornell y columnista de algunos de los medios más prestigiosos; representante significativo del grupo McOndo con su primera novela Días de papel (1992); frecuentó así mismo la ciencia ficción con Iris (2014), para sumergirse y sumergirnos en una impresionante novela coral realista, aunque su gran protagonista nos son personas individuales, sino una cárcel, la Casona, situada en Los Confines, una de las regiones más periféricas y apartas de un país latinoamericano, que tiene todas las trazas de ser su país de origen, Bolivia, y de que la cárcel de la ficción se inspira en la de San Pedro de La Paz y en alguna otra de América Latina.
   La Casona, más que parecerse a un centro carcelario moderno, se configura, tanto en la realidad como en la ficción, como un barrio marginal dentro de una ciudad, con diferentes niveles de patios en los que el lujo, la libertad y la miseria se reparten de forma desigual. En esos patios, cinco en la novela, modelados en buena medida en los nueve círculos infernales de La Divina Comedia, los presos conviven con sus familias, montan sus tiendas y cantinas, sus restaurantes, algunos de comida exquisita, establecimientos de prótesis  dentales y ortopédicas. Por ellos pululan las prostitutas, los perros y los gatos, y los mismos presos pueden salir y entrar, comprar días en el exterior abonando peajes a los pacos (guardianes). Pero lo que más impacta al lector, como en su día impresionó al autor, hasta el punto de originar esta novela tras haberlos visto en un reportaje, es comprobar que un grupo de niños iban al colegio, comían y jugaban al futbol y volvían al hogar, pero su casa era la cárcel de San Pedro en La Paz -la Casona- en la novela-, sin ser culpables de nada. Paz Soldán, según él mismo reconoce, obtuvo así un escenario antes que una historia. Un escenario similar al que seguramente muchos lectores habrán contemplado en el mismo reportaje televisivo que, en su día vio Paz Soldán.
   La Casona es un microcosmos representativo, una metáfora de la sociedad. En ella, familias enteras burbujean en cada patio tras haber pagado para alquilar un apartamento o un colchón en un “chicle” (celdas estrechas donde viven hacinados entre quince y treinta personas), sin mencionar los que duermen en la intemperie porque carecen de lo necesario para hacerse con una celda. En la Casona la vida es como agarrarse a la cola de un cometa. Poco a poco y en un espacio temporal de apenas cuatro días, Paz Soldán nos va anegando, ya desde las primeras secuencias, con el ambiente desolado de la Casona, con los cinco patios jerarquizados de menos a más crueldad y opresión -el quinto es el de las mazmorras subterráneas, un cementerio para vivos- y nos muestra sobre todo las relaciones de poder, porque una de las ideas centrales de Los días de la peste es hacernos ver cómo funciona el poder en nuestras sociedades. Ya desde la primera secuencia y en las siguientes ruedas de voces narrativas, se descubre a  Lucas Otero, el gobernador, como verdadero rey de ese espacio virulento, y tras él a sus segundos: Hinojosa, el jefe de seguridad, Krupa, el segundo de Hinojosa, el juez Arandia, el prefecto Vilmos. Mas también hay internos que comparten ese poder, como Lillo, un culito blanco, dueño de un departamento de tres ambientes en el primer patio, un restaurante y un almacén en el segundo. Podía además salir a la calle sin acompañantes porque los billeteaba ya que sus “bisnes” le producen suculentas ganancias: el del tonchi (las drogas), el de las putas, el alquiler de los departamentos, cuartos y celdas. O la Cogotera, delegado general de los presos, verdadero dueño del penal y al que sustituirá el Tullido tras ser atacado la Cogotera por la peste. Los que disponen de suficientes billetes para comprar a los padres de una muchacha para que acepten cambiar sus datos de carnet y hacerla pasar de quince a dieciocho años y así poder tener sexo con ella. Ya era apta para el encule. Y en los ínfimos escalones de este poder, los marginales: los mismos pacos (guardianes), presos de los presos, de sus “bisnes”; Antuan a punto de cumplir su condena, pero que prefiere quedarse en la cárcel porque no sabía qué hacer cuando le tocara irse: “Para qué tentar al destino, decía, si todo es bien aquí. Afuera puede ser muy duro. Aquí es duro, pero al menos es conocido”, página 33). La Jovera que se prostituye para comprar tonchi, pero no era tan fácil porque todos querían montarla gratis. O el 43, preso confinado de forma solitaria: lo habían pateado, roto la nariz por haber tocado (violado) a un muchacho. La misma Celeste, esposa del gobernador. También ella se había decantado por el culto a Ma Estrella, la Innombrable, y que, al igual que la gente rica de la localidad, pagaba por adquirir cráneos humanos que requería el culto de la Innombrable ya que eran más efectivos que los de los animales.
   Es el espacio, el abismo en el que nos sumerge el autor; y lo hace sin relatar grandes historias, transmitiendo simplemente lo que hacen, piensan o dicen los múltiples personajes: los que tienen el poder y los que lo sufren o simplemente intentan sobrevivir.
   Pero la novela no dejaría de ser un espeluznante relato carcelario más, aunque sí muy potente, si el autor no hiciera intervenir a dos disparadores narrativos: el culto a Ma Estrella, la Innombrable y la peste. Ma Estrella es una deidad indígena de origen confuso, una diosa vengativa representada con un cuchillo en los dientes, a la que los presos, y no solo ellos, acatan y acuden cuando el Dios mayor, la diosa pulga, el dios murciélago, los dioses insectos y los dioses animales no les salvan. El culto a la Innombrable fue reivindicándose con el paso de los años como se inventan y reivindican todos los dioses. Como teorizaron Feuerbach y Marx refiriéndose a la religión en general, el culto indígena a Ma Estrella que habría sobrevivido como algo marginal, se reivindicó a partir de la necesidad de la gente, sobre todo de los marginados, los enfermos, los reclusos… que deciden entregarles su fe. Es la droga que duerme a los presos. Hasta que las autoridades, como estratagema para silenciar a la oposición, decide prohibir su culto. Coincidiendo con esa prohibición, estalla la peste: un virus desconocido de forma filamentosa que ataca por igual a presos y a guardianes. Y el enemigo microscópico gana la batalla. Se declara la cuarentena en la Casona, lo presos se rebelan y se desata el infierno. Es el desenlace cuyos detalles no revelaré pero que Paz Soldán resuelve de forma coherente.
   
                                         
Interior de la cárcel de San Pedro de La Paz, que dio origen a esta novela

   Entre las muchas virtudes de Los días de la peste, atendiendo a la trama diegética, destaco  el desenmascaramiento  de los comportamientos corruptos, tales como los del cura católico que deja venir a los presos a rezarle a la Innombrable siempre y cuando le dejen una moneda de donación. Las autoridades que prohíben el culto a la diosa, están dispuestas a permitirlo viviendo una vida subterránea, la misma vida que llevan los miembros de la administración, incluido el gobernador, que son creyentes de la diosa.
   La novela sorprende por una original estrategia compositiva y narrativa: una arquitectura tripartita, cada parte con varios capítulos rotulados por la voz narrativa que da su versión de lo que ocurre dentro y fuera de estos círculos infernales acosados por la peste. Un relevo constante de voces en primera persona o en tercera y cuya omnisciencia multiselectiva permite reflejar de forma convincente y vivaz el pensamiento del personaje y el horror que anida en este microcosmos carcelario. Llama la atención uno de los hallazgos compositivos referente a las voces: un de los personajes, Rigo, habla de sí mismo en primera persona del plural. Lo hace, confiesa el autor, porque pertenece a una religión que busca el borramiento del yo en el grupo.
   Es igualmente muy notorio el uso de las jergas, de palabras indígenas y de alguna que inventa el propio autor, porque la forma de hablar es la forma de mirar y de entender el mundo. Así como originales creaciones léxicas, tales como transformar substantivos y adjetivos en verbos (billetear, abuenarse, nerviosear, encalabozar…) cuando lo que se estila es derivar substantivos de los verbos. Un microcosmos infernal en el que no existen contemplaciones, exigía igualmente un estilo de prosa sin adornos ni actitudes contemplativas. Frases cortas, contundentes, ritmo frenético o más pausado en función de la tensión que rodea al personaje que habla o cuyo pensamiento se refleja en estilo indirecto libre. También en esto acierta Edmundo Paz Soldán en esta novela en la que parece no haber salvación: “La nada era nada: no había salvación (podía dudar de todo menos de esta verdad)”, como piensa Usse la criada de la esposa del gobernador.

Francisco Martínez Bouzas


Edmundo Paz Soldán


Fragmentos

“Fuimos arrojadas a un patio y un tal Krupa, piel cobriza y aires de oficial responsable, nos informó que dormiríamos allí a menos que pagáramos. Nuestra voz le dijo es su deber darnos una celda y él se rio, por lo visto no conoces este lugar.
Tuvimos que quedarnos en el patio porque no había quivo y ya debíamos el peaje que se cobraba a los arrestados cuando ingresaban en la prisión. Unas treinta personas arracimadas contra las paredes, algunas en los escalones que conducían al segundo piso. Ronquidos, llantos, gruñidos, ayes. El cuerpo se recostó contra una fuente de piedra agrietada, demasiado inquieto como para intentar dormir. De un corte manaba sangre sobre la ceja izquierda, producto de los zarandeos con los polis. Los murciélagos sobrevolaban el patio, zumbando agitados con su patagia cerca de nuestra cabeza. Grandotes y hocicudos, recordaban a los del hospital de aves, que los doctores a veces operaban pese a que no eran aves.

…..

“No debía haber tocado al muchacho. Lo pateban tanto por eso, todos los días lo mismo. Le habían roto la mano y luego, sádicos, no dejaban que se curara. No querían llevarlo a la Enfermería y cada día venían a arrancarle la venda, doblarle los dedos, sacarle la piel. Estaba todo infectado y llagado, la herida supuraba y olía mal. Era su culpa, pero igual no tenían derecho. Cuando llegó a la Casona le advirtieron que los menores de quince años estaban prohibidos. Esos menores no purgaban ninguna condena, solo estaban ahí acompañando a sus padres, una idea peregrina del Gobernador para mantener a las familias unidad. 43 había cumplido en la medida de lo posible. Las primeras 1440 horas nada, pero luego le ofrecieron uno por abajo por una buena suma. Eso despertó sus instintos dormidos, creía. Uno de ellos, Wuly, tenía carita de ángel y era tan bueno, tan amable cuando se ponía de cuatro. 43 se molestó tanto cuando el cafisho de Wuly le dijo que ya no porque la madre se había enterado. Lo buscó, incansable, hasta que una noche los encontró saliendo del baño. No pudo controlarse, fue como si una fuerza extraña se hubiera apoderado de él para hacerle hacer lo que hizo. Una fuerza extraña llamada arrechera, le dijo Krupa, ¿crees que somos pelotudos? Quizás la culpa la había tenido el tonchi de la noche anterior.”

…..

“La pobreza de Los Confines era tanta que se necesitaban décadas para transformaciones tan dramáticas como las que ocurrían en el resto del país; esa lentitud en el cambio ayudaba a que la élite en el poder neutralizara el carisma del Presidente en sus intentos por hacerse con la provincia. Eso también permitía entender la aparición de Ma Estrella. A la diosa no la guiaba el deseo de un mundo mejor para los explotados; lo suyo era la venganza pura. El juez Arandia no entendía cómo era posible que Santiesteban, la esposa de Otero y otros funcionarios de la administración la siguieran. Quizás no la tomaban literalmente, quizás solo la veían como un salvoconducto pintoresco que les permitía vivir en paz en un lugar hostil.”

…..

“Los pacos recorrían patios y pasillos pidiendo a los reclusos que regresaran a sus celdas para evitar la diseminación del virus, pero apenas se iban volvían salir. Vanos los esfuerzos por educarlos en las medidas necesarias. Quienes se autoaislaban habían aprendido a hacerlo en sus pueblos azotados por plagas, pero otros preferían pensar que la protección de la Innombrable era suficiente para preservarlos, como la reclusa que había llevado a una afectada por el virus a la reunión de su iglesia Ma Estrella es nuestra luz. El curandero abrazó a la afectada y dijo que el virus no existía, todo era un castigo de la diosa por las medidas del Prefecto y los actos homosexuales en prisión. Pidió a los congregados que hicieran lo mismo y la abrazaran. Seguro poco después algunos caerían muertos.”

(Edmundo Paz Soldán, Los días de la peste, páginas 14-15, 63-64, 92-93, 236-237)


miércoles, 2 de agosto de 2017

LOS "BUENOS PASOS" DE MALPASO EDICIONES



   Considero que una de las formas más apropiadas de iniciar, desde la lectura de buena  literatura, el mes por excelencia vacacional, al menos en el hemisferio norte, puede ser dar cuenta, por el momento con una óptica exclusivamente informativa, de tres novedades de un sello editorial que surgió empujado por los vientos de la crisis. Me refiero a Malpaso Ediciones, una editorial tan independiente como innovadora que por si sola merece que se le preste atención. Una aventura delirante, como reconocen desde este sello editor que inició su andadura en octubre de 2013, bajo el impulso de Malcolm Otero Barral, un verdadero trotamundos de la industria del libro que lleva en la sangre los genes aventureros de su abuelo Carlos Barral, y que con Julián Viñuales, editor igualmente con mucha experiencia y galones, iniciaron esta aventura nacida con ganas, ilusión y, sobre todo, con un catálogo de buenos títulos. En la editorial surgida, como digo, en tiempos difíciles sostienen que las crisis son oportunidades para innovar, aprender, crecer y dar también un mal paso o los que se precisen, huyendo siempre de la grandilocuencia.
   Con un proyecto muy original, los libros de Malpaso Ediciones están llegando a un amplio espectro de libreros y lectores. El mal paso firme que están dispuestos a dar, echó sus raíces en Barcelona, pero paulatinamente van extender sus ramas por México, Buenos Aires, Nueva York, por el momento porque el amplísimo equipo editorial de Malpaso está formado por mujeres y hombres todavía muy jóvenes, no carentes sin embargo de experiencia, de los que cabe esperar que expandan los “buenos pasos” de Malpaso por medio planeta.
   Con un decálogo preciso y original (Malpaso no quiere ser uno más, cree en la literatura de excelencia y en el ensayo comprometido, acepta múltiples tendencias y gustos pero la calidad es cualidad indispensable para todos sus libros…) Malpaso Ediciones ha lanzado hasta ahora cinco colecciones:
Ficción: con la edición por ejemplo de los Cuentos completos de E.L. Doctorow, uno de los grandes de la narrativa contemporánea norteamericana. O la recuperación de una novela perdida, Rumbo al Mar Blanco de Malcolm Lowry, el autor de Bajo el volcán, edición programada para finales de este mes.
No ficción: colección en la que destaco La verdadera vida de Alain Badiou; Panóptico de Hans Magnus Enzensberger o las Memorias de Roman Polanski.
Música: memorias y ensayos de o sobre grandes iconos musicales.
El hombre del TR35: una colección que está colocando en las manos lectoras ensayos que explican el mundo en el que vivimos.
Malpasito: colección que ofrece grandes libros para pequeños lectores.
   Malpaso le brinda a los lectores de forma gratuita la posibilidad de hacerse miembros del Club Malpaso que nos permite una lectura privilegiada de fragmentos de libros a punto de ser lanzados, o descargar extractos de obras ya publicadas.
   Y a continuación, las sinopsis de los tres libros que han llegado a mis manos por cortesía de José Montfort, responsable de prensa de este equipo de “locochones y chingones” que con todas las de la ley están dando “un mal paso firme”. En fechas próximas ofreceré mi valoración crítica personal.

Francisco Martínez Bouzas

 
Tratado de la infidelidad
Julian Herbert
León Plascencia Ňol
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 119 páginas.

Sinópsis:
    
   Los relatos incluidos en Tratado de la infidelidad están cargados de imágenes de una potencia turbadora, con escenas de sexo crudo y de deseo sutil, de vida y de muerte, con personajes sórdidos y extraños y otros presuntamente normales pero que siempre parecen eludir la felicidad convencional
Los autores de Tratado de la infidelidad eluden cargar las tintas en la culpa o el remordimiento y desmenuzan el conflicto desde sentimientos complejos, como la lealtad con uno mismo o el deseo ingobernable, de unos personajes que nos hablan desde el tormento o desde un prisma lúdico, pero siempre con acidez y con dosis ingentes de humor negro, negro azabache.
Un libro que nos hace testigos de la más afilada y descarnada intimidad de sus personajes que van desde parejas con furor amatorio, ninfómanas, músicos que buscan prostitutas hasta friquis de La guerra de las galaxias. Como dice Sofía Ramírez en Cuadrivío «Tratado sobre la infidelidad busca provocar a las buenas conciencias» y, efectivamente, la lectura de estos relatos nos coloca constantemente frente a los conflictos morales de los protagonistas que, en el fondo, que no dejan de ser los nuestros.

Los autores:
    
   Julián Herbert: nació en Acapulco en 1971. Es un artista polifacético, autor de los libros de poemas El nombre de esta casa (1999), La resistencia (2003), Kubla Khan (2005) y Pastilla camaleón (2009); del libro de cuentos Cocaína (manual de usuario) (2006); de las novelas Canción de tumba (2011) y La casa del dolor ajeno (2015) y del volumen de ensayos Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente (2010). Es coautor de colecciones de relatos y compilaciones, fundador de un colectivo de arte interdisciplinario, videopoeta, performer de electropoesía… también ha sido miembro de dos bandas de rock.
   León Plasencia  Ňol (Jalisco, 1968) es poeta, narrador, editor y artista visual. Entre otras ha publicado las obras El árbol la orilla (2003), Apuntes de un anatomista de ciudades (2006), Revólver rojo (2011), Lenguaje privado  (2024). Y junto con Rocío Cerón y Julián Herbert, editó la antología El decir y el vértigo: panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (2005). Ha sido galardonado con el Premio Álvaro Mutis (1996), el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (2005) y el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez (2008). En la actualidad dirige la editorial Filodecaballos; ha sido director así mismo de las revistas Parque Nandino y La Zona, y colabora asiduamente con periódicos y revistas de España, Estados Unidos y de distintas ciudades de Latinoamerica.

 
Un mundo infiel
Julián Herbert
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2016, 156 páginas.

Sinópsis:
    
   La escritura áspera y hermosa de Julián Herbert nos lleva de lo salvaje a lo poético. Un mundo infiel es una novela desgarrada que transita por atmósferas sórdidas de perros callejeros, sexo, tragos, drogas y miseria moral. Es también un prodigio literario que combina crudeza con lirismo para llevarnos de viaje por una noche delirante en compañía de unos personajes que, como afluentes, van alimentando el torrente en el que navegan, casi siempre a la deriva.
   Hay páginas de este texto, norteño y fronterizo, que cortan como bisturís, y otras que abren el mundo interior, incluso el onírico, de unos personajes de complejas motivaciones que permanecerán mucho tiempo en nuestra cabeza sin dejar de incomodarnos.
   Un mundo infiel inició el mundo narrativo de Julián Herbert y lo situó, de golpe, entre los narradores mexicanos más importantes de su generación. El autor ha reescrito esta gran historia de historias para Malpaso.

El autor: (Remito a lo escrito en el libro anterior)


Los días de la peste
Edmundo Paz Soldán
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 325 páginas.

Sinópsis:
   
  La Casona es mucho más que una cárcel: es un microcosmos donde cada uno de los individuos que lo componen, desde el gobernador de la prisión hasta su mujer, pasando por los presos y los guardias, aceptan su suerte con resignación.
   La religión como salvación, el culto prohibido que todos profesan a una diosa vengativa que pretende destruir el mundo, y la peste, que matará por igual a ricos y pobres, une a estos personajes dispares de un rincón recóndito del mundo.
   En Los días de la peste, una virtuosa novela coral, el autor nos sumerge magistralmente en una prisión narrativa, rompiendo con la manera de narrar clásica y se consagra cómo una de las voces más singulares de la actual narrativa latinoamericana.

El autor:
    
Edmundo Paz-Soldan - Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como «McOndo» gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).