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miércoles, 5 de marzo de 2014

"ELOGIO DEL FETICHISMO" O LA DESENFADADA CELEBRACIÓN DEL EROTISMO



Elogio del erotismo
Pierre Bourgeade
Traducción de  David Cunquil
Prólogo de Vicente Molina Foix
Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 224 páginas.

   Pierre Bourgeade (Morlanne, 1927) fue un escritor francés fallecido en el año 2009. Autor de una amplísima obra en todo los géneros literarios. Fotógrafo y realizador de cine así mismo. Escritor iconoclasta y provocador, pivotó su obra sobre temas como el erotismo, el sexo, la soledad. Autor igualmente de múltiples novelas negras. Numerosos premios y distinciones acompañaron su carrera literaria.
   Elogio del fetichismo bascula entre la narrativa y el ensayo. La obra es una celebración del erotismo en todas sus posibles e infinitas formas. Bourgeade, observador fetichista y de mirada rigurosa y casi clínica, nos lleva en un recorrido literario, desprovisto de juicios morales, a través de las múltiples piezas que componen el rompecabezas del deseo. Amar la parte por el todo. El lector se convierte en voyeur involuntario de relatos, confesiones, poemas y una singular antología de textos de numerosos autores.
   De la obra de Bourgeade escribe el prologuista: “Siendo escritor además de adepto, suponemos una variada gama de fijaciones en lo más rebuscadamente obsceno, Bourgeade tiende a dejar de lado el flujo ensaístico y dar paso al narrador. El libro está compuesto en muchas de sus páginas de relatos verídicos o narraciones orales que él pone por escrito con gracia sicalíptica. Es muy ocurrente en el capítulo VII la lectura necrófila de La colonia penitenciaria de Kafka, con el excurso propio sobre el número de agujeros penetrables en un cuerpo de mujer: siete, dice Bourgeade, aunque si se cuentan los ojos son nueve (…) Este libro de resonancias tan satánicas también está escrito para gente como yo y como usted, que tampoco pertenece  a la cultura del mal autoinfligido y la esclavitud voluntaria” (páginas 11-12).
   El fetichismo, en su acepción más usual, no es otra cosa que la fijación sexual en ciertas partes del cuerpo, en objetos o prendas. Mucho de esto hay en este libro dedicado a Catherine Millet -recordemos su autobiográfia erótica, La vida sexual de Catherine M.- y a su pareja Jacques Henric. Mucho de fetichismo que Bourgeade define, como ya he dicho, “amar la parte por el todo”.Y las partes son incontables: el pie, la pierna, las nalgas, el sexo, las manos, las uñas, el rostro, los cabellos, los labios, la voz...Una mujer que estalla en mil pedazos. Innumerables así mismo los objetos,  prendas y espacios (el rojo, la lencería, el cuero, el vinilo, el latex, la seda, los tacones altos, el tigre, las pieles, el látigo… Fetichismo de las formas ovoides, de las bragas usadas. Fetichismo, en fin, de los lugares incómodos y de los lugares y objetos sagrados. O del mismo crimen.
   Sin embargo, el libro le hace justicia al título original con el que lo bautizó el autor: Éloge des fétichistes. Es decir, Pierre Bourgeade pone el acento mucho más en las personas fetichistas que en los objetos. Por eso mismo la substancia de este texto híbrido está compuesta por un abigarrado mosaico escenográfico de la sumisión con importantes, pero no exclusivos componentes fetichistas. Un auténtico prontuario de las parafilias y de las diversas formas de sumisión, descritas o recogidas por un libertino desaforado. Así lo califica en el prólogo Vicente Molina Foix.
   En el pórtico de la publicación una cita esclarecedora de Pierre Klossowski que, en buena medida, va a servir de hilo conductor de este texto amalgama de Pierre Bourgeade: “Una mujer es totalmente inseparable de su propio cuerpo. Nade le es más extraño que la distinción entre lo físico y lo moral, y el malentendido insalvable comienza con la idea de que no sea más que un animal. Pero claro: su cuerpo sí es su alma”. El autor, por consiguiente pretende llevar al lector por la senda de la separación entre el cuerpo y la moral, de modo que los rigores y constricciones de esta última no obscurezcan o diluyan los fascinantes secretos de los cuerpos.
   Por eso mismo, Bourgeade, en un texto alejado de tabúes y moralismos, pero también de intenciones provocativas, desenvuelve un lienzo interminable que reproduce por supuesto los fetichismos y toda la gama de colores y matices que éste ha proyectado en el arte y en la literatura. Desde Montaigne, Rousseau, el Marqués de Sade, hasta Malcolm de Chazal, Georges Bataille o el “maldito” Pierre Molinier, suicida en 1976, que fue uno de los primeros en expresar con su trabajo y su existencia que cada ser humano es a la vez “masculino” y “femenino”. Desde la sumisión, la exhibición, el bondage hasta la necrofilia o la zoofilia. Una gama de fijaciones sexuales, algunas extremadamente obscenas, en cuyo relato Pierre Bourgeade deja de lado la vena ensayística y se convierte en verdadero narrador. Relatos verídicos, narraciones orales. Literatura erótica sin ningún tapujo, en una precisa y armoniosa amalgama de géneros y formatos; escrita con gran fluidez y con la teatralidad de un hombre también de la escena, pero sobre todo, por un iconoclasta que escribe este libro en la senda de los grandes autores franceses de la escritura erótica.

Francisco Martínez Bouzas


Pierre Bourgeade

Fragmentos

“Allí está ella, desnuda, lívida, rasurada, con toda su parafernalia, que transporta en un bolso de lo más banal. Me gustaba aquel cuerpo azulado, de reflejos vagamente cadavéricos, su voz juvenil pero aplicada. Hablaba lentamente, con tono grave, como si debiera  reflexionar antes de cada palabra. Tenía una licenciatura en Psicología, era asistente de un profesor de la Sorbona. A cuatro patas, los ojos vendados, correa al cuello, pinzas en los senos, plug en el ano, medias negras hasta los muslos, zapatos de tacón de siete centímetros, le pedí que enunciara después de mí, en voz alta, los cuatro estadios del desarrollo del ser humano que, según Freud, conducían  ala sórdida sexualidad macho-hembra fundada sobre diferencias anatómicas azarosas, lejos de la confusión primigenia, en la que el cuerpo entero formaba una sola pieza: estado genial (por detrás le hundí un consolador el  sexo), uretral (tuvo que mear, tal como estaba, en un barreño; anal (removí el plug en su ano) oral (le hice lamer miz zapatos a grandes lametones, por encima, por debajo).”

…..

“El diamantista Michel Bloch, que vivió en París a finales del siglo XIX, es la figura emblemática de los que pinchan o «pinchadores» -pinchadores de agujas-.
Era inmensamente rico. Pensaba, con o sin razón, que el dinero era el opio de la mujer, el potente sedante que permite olvidar los sufrimientos del cuerpo.
Tenía su taller y su boutique cerca de la Ópera, pero compraba sus diamantes en Anvers, ya fuera mandando a sus apoderados, ya viajando él mismo. Dejó unas Memorias secretas en las que cuenta cómo fue en Anvers donde se «encaprichó», según su propia expresión, de la carne de las Rubens que ejercían allí el oficio de cortesanas.
Según él fue una de ellas, cuyo sexo, muy pequeño, quedaba oculto bajo sus formas enormes, la que le sugirió, un día que no lograba penetrarla, perdiéndose dentro del laberinto de pliegues, que le pinchara las nalgas, aquellos monumentos de carne, con las múltiples agujas que ella siempre llevaba consigo; conociéndole, no dudaba que experimentaría más placer con esto que con cualquier otra cosa.”

(Pierre Bourgeade, Elogio del fetichismo, páginas 48, 199-200)

lunes, 23 de diciembre de 2013

HACER EL AMOR COMO ASIDERO EN LOS CONFINES DEL FINAL



Hacer el amor
Jean-Philippe Toussaint
Traducción de David Martín Copé
Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 120 páginas.


   Hacer el amor es la primera parte de la trilogía -parece ser que habrá más entregas- sobre la ruptura amorosa, escrita por el novelista y cineasta Jean-Philippe Toussaint, nacido en Bruselas en 1957, aunque arraigado en Francia por sus estudios y por haber asimilado la cultura francesa. Sin embargo, ha sido la última en ser traducida al español, pese a que su edición original data del año 2002. La versión española es muy reciente y nos llega de la mano de Editorial Siberia. Con anterioridad se habían incorporado al español el segundo volumen, Fuir (2005, en gallego desde el 2007), así como el tercero, La vérité sur Marie (2009).
   Con la trilogía hasta ahora publicada Jean-Philippe Toussaint, uno de los grandes escritores actuales en francés, legatario literario del Nouveau Roman y que escribe en la tradición francesa, tras la senda de Flaubert y en una línea semejante a Jean Echenoz, ofrece  a los lectores la posibilidad  de bucear en la más dilatada ruptura amorosa de una pareja, convertida en ficción. En un pieza literaria articulada con  paños minimalistas, pero poseedora, no obstante, de un profundo calado literario.
   Hacer el amor es la melancólica crónica de la ruina sentimental de una pareja: la que forman el narrador y su novia Marie. En un especial y casi ilusorio escenario: la ciudad de Tokio que con sus luces de neón desgarrando la noche, con la nieve que blanquea sus calles, con sus olores y sabores, no solo es el fondo escénico de la historia, sino que participa en la dilatada apuesta  de sensaciones en las que se anegan los protagonistas para dilatar su ruptura, el distanciamiento que sigue a una relación.
   El innominado narrador y su pareja Marie, estilista y artista plástica que había creado en la capital nipona su propia marca, viajan a Tokio, viaje que Marie realiza dispuesta a quemar las últimas reservas amorosas de su relación, reservas ya agotadas y cuya imagen más emblemática la constituye el recorrido desde el aeropuerto de Narita al hotel, viajando por separado en dos taxis. Pero no será la única que se reitere en una noche de agotamiento e insomnio y en su amanecer recorriendo alucinados las calles de la ciudad: miradas fulminantes, incidentes aparentemente banales que cada uno macera en su fuero interno, son vestigios elocuentes de que “nos amábamos pero ya no nos soportábamos más” (página 55). Porque con la desintegración del amor sobreviene  de inmediato la desintegración personal y el rechazo de la persona cuyo primer beso fue como un elixir cuyos efectos hubiéramos deseado prolongar para siempre.
   Mas la ruptura de la pareja, que venía de atrás, solamente se prolonga en Tokio en la habitación del hotel en el que se hospedan, en sus calles húmedas y heladas, en las salas del museo donde Marie monta su exposición. Un verdadero seísmo sentimental que coincide con los frecuentes temblores del suelo que sacuden la ciudad. Y hacen el amor por última vez en el desagarro del amor que se lleva la vida. Hacen el amor de una forma violenta, frenética, onanista, alejados de cualquier caricia inútil, de cualquier sentimiento. Como seres desconocidos. Por eso -y es uno de las grandes virtudes de la novela- Toussaint sabe transmitir en este libro una gran desazón, la gelidez  de la ruptura de un amor que se quiebra definitivamente y que, sin embargo, convive con el latente e irresoluto deseo carnal.
   Otra pieza narrativa de un gran escritor que sabe reflejar, a la vez con fuerza y habilidad, el caudal de emociones que nacen y florecen -mustias y melancólicas flores negras- en la alegría y en la tristeza cuando una  pareja que ha compartido muchos años de su vida, intenta pasar página, alejarse, estirando no obstante el tiempo, entre lágrimas femeninas y un frasco corrosivo de ácido clorhídrico y cuya finalidad descubrirá el lector en el desenlace, siempre en el bolsillo del protagonista narrador.
   Y en esta historia de tragedia sentimental toma parte así mismo el escenario, la ciudad de Tokio. La acertada descripción de un Tokio congelado, nevado, inhóspito, sacudido por terremotos, acertada metáfora de las turbulencias del alma, corre en paralelo con la desazón y el desagarro de una pareja que vive sus últimos instantes y trata de superar su desolación con el último encuentro sexual.
   Jean-Philippe Toussaint es un consumado especialista de los detalles. Su prosa, una joya de alta orfebrería minimalista, se proyecta sobre los pequeños detalles y pormenores, los describe con lo que él llama “energía novelesca” e incide sobre personajes, acciones, lugares e incluso objetos como la vestimenta (“el pantalón desabrochado a la altura de las bragas transparentes, página 18). Y con esa prosa exquisita el escritor logra lo que es fundamental en esta novela: el reflejo de las más insignificantes sensaciones, la inmersión  en la vida interior de sus personajes, el lúcido y penetrante retrato del decorado hasta hacer de él poco menos que un personaje.
   En definitiva, una pequeña gran novela, vertida al español con una prosa igualmente refinada y llena de bríos y que ennoblece a una editorial independiente de reciente creación, que echa a andar con cuatro propuestas literarias de gran calidad y hermosamente editadas. Es la “zona cálida” que busca Siberia.

Francisco Martínez Bouzas


 
Jean-Philippe Toussaint

Fragmentos

“El mismo día que Marie me propuso acompañarla a Japón, comprendí que estaba dispuesta a quemar nuestras últimas reservas amorosas en aquel periplo. ¿No hubiera sido más sencillo, si de separarnos se trataba, haber aprovechado ese viaje previsto con tanto anticipo para tomar un poco de distancia el uno del otro? ¿Era una buena idea viajar juntos, si era para romper? En cierto modo, sí, ya que aunque la proximidad nos desgarraba, el alejamiento nos hubiera acercado. En efecto: emocionalmente éramos tan frágiles y nos encontrábamos tan desorientados que la ausencia del otro era, sin lugar a dudas, lo único que aún podía acercarnos, mientras que nuestra presencia sólo podía, por el contrario, acelerar el desagarro, sellar la ruptura. Si era ella consciente de aquello al invitarme  a Tokio y si me había invitado adrede para que lo dejáramos, es algo que ignoro, no creo.”

…..

“Era tarde, puede que pasadas las tres de la mañana, y hacíamos el amor, hacíamos el amor lentamente en la oscuridad de la habitación, atravesada aún por largas estelas de luz roja y sombras negras que dejaban sobre las paredes el rostro de su paso. La cara de Marie, inclinada en la penumbra, con los cabellos desordenados en el tumulto de las sábanas deshechas, de los albornoces y los vestidos enmarañados a nuestro alrededor, permanecía como retirada de nuestro abrazo, abandonada en la esquina de un cojín, con los labios apretados, sin renunciar en ningún momento a  esa terrible expresión de angustia grave y muda que yo conocía. Desnuda entre mis brazos, cálida y frágil en la cama de aquella habitación de hotel por cuyo techo pasaban fugaces filamentos de luces de neón rojas, yo la oía gemir en la oscuridad cada vez que entraba en ella, pero apenas sentía sus manos sobre mi cuerpo, ni sus brazos alrededor de mi espalda. No, era como si ella evitara con sumo cuidado todo contacto innecesario con mi piel, toda caricia inútil, toda unión entre nosotros que no fuera puramente sexual. Tan sólo su sexo parecía tomar parte en todo aquello, su sexo caliente  y ávido, que yo había penetrado y que se movía de manera casi autónoma, áspera y furiosa, mientras ella apretaba sus piernas para encerrar mi verga dentro de la presa de sus muslos y se frotaba violentamente contra mi pubis persiguiendo un placer que yo la veía dispuesta a conquistar. Tenía la sensación de que utilizaba mi cuerpo para masturbarse contra él, que restregaba su angustia contra mí para perderse en la búsqueda de un goce deletéreo, incandescente y solitario, doloroso como una quemadura interminable y trágico como el fuego de la ruptura que estábamos consumando…”

…..

“Y a pesar de mi inmenso cansancio esperaba que no amaneciera en Tokio ese día, que no amaneciera nunca más y que el tiempo se detuviera en ese momento, en aquel restaurante de Shinjuku donde nos sentíamos tan bien, cálidamente envueltos en la ilusoria protección de la noche, porque sabía que la llegada del día traería consigo la prueba de que el tiempo pasaba, irremediable y destructor, y que había pasado sobre nuestro amor. Pronto iba a amanecer, y, cuando me disponía a salir a la calle, me di cuenta de que estaba nevando: imperceptibles copos de nieve pasaban lateralmente ante el cristal y desaparecían en la noche, arrastrados por el viento. (…) Yo miraba la nieve caer silenciosa en la calle, posarse ligera e impalpable sobre los neones y los farolillos de papel, sobre el techo de los automóviles y los aislantes de cristal que sujetaban los cables de los postes telegráficos. Y aquella nieve me pareció una imagen del paso del tiempo -al atravesar la claridad de una farola, los copos giraban enloquecidos un instante en la luz, como una nube de azúcar glasé disipada por un soplo invisible y divino-, y en la inmensa impotencia que sentía por no poder evitar que el tiempo siguiera su curso, tuve el presentimiento de que con el final de la noche terminaría también nuestro amor.”

(Jean-Philippe Toussaint, Hacer el amor, páginas 16, 21-22, 46-47)

martes, 26 de noviembre de 2013

"HACER EL AMOR" Y "ELOGIO DEL FETICHISMO", NOVEDADES DE EDITORIAL SIBERIA



Logo de Editorial Siberia

   Editorial Siberia es un pequeño sello editorial independiente que, a pesar de la crisis, nace con la intención de descubrir y proveernos de buena literatura, tanto de narrativa traducida, como de aquella escrita directamente en español, como es el caso de Lista de desaparecidos de Andrés Barba y Pablo Angulo, recientemente comentada en este cuaderno de crítica y noticias literarias.

   Es la forma que tiene Iria Rebolo, la editora de Siberia y todas aquellas personas que con ella colaboran, de luchar contra el libro único. Hoy me hago eco de dos novedades que, en su día, fueron éxitos literarios en la narrativa francesa. Descubrimos pues los libros de Siberia para desvelar la naturaleza no de ese territorio real solitario, sino para descubrir un lugar imaginario donde tiene cabida la literatura.

   Traigo pues a este blog noticia de dos novedades de Siberia editadas este año. Es la impresión provisional, la primera ojeada, extraída sobre todo de la presentación editorial y en el caso de Elogio del fetichismo del prólogo de Vicente Molina Foix. En otros momentos volveré sobre estos libros con reseñas más reposadas y valorativas.



Hacer el amor


Jean-Philippe Toussaint

Traducción de David Martín Copé

Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 120 páginas.



   El autor Jean-PhilippeToussaint (Bruselas, 1957) es un escritor belga que compagina su profesión con la de cineasta. Es autor de ocho novelas y varios relatos, todo ello publicado en la prestigiosa editorial francesa Les Éditions de Minuit, que se caracterizan por un estilo minimalista y en las que los personajes y las cosas no tienen más significado que el suyo propio. Ha obtenido el Prix Victor Rossel en 1997, el Prix Médicis en 2005 y el Prix Décembre en 2009. Sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas entre los que se encuentran el castellano, el gallego y el catalán. Además de escritor, Jean-Philippe Toussaint es director y guionista de cine y fotógrafo (Fuente: Wikipedia). La verdad sobre Marie es posiblemente su novela más conocida.

   Hacer el amor es la historia de una ruptura amorosa. Protagonizan la novela una pareja que asiste confundida a la desintegración de su relación  sentimental y hacen el amor por última vez, como si fueran unos completos desconocidos. La trama se desarrolla en la ciudad de  Tokio, un escenario del final de su amor casi irreal. Habitaciones de hotel, neones, calles nevadas, seísmos de baja intensidad… y una misteriosa botella de ácido clorhídrico acompaña acompañan al protagonista hacia el final presentido, el desamor.





Elogio del fetichismo


Pierre Bourgeade

Traducción de David Cauquil

Prólogo de Vicente Molina Foix

Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 224 páginas.



   Pierre Bourgeade (Morlanne, 1927) fue un escritor francesa fallecido en el año 2009. Autor de una amplísima obra en todo los géneros literarios. Fotógrafo y realizador de cine así mismo. Autor iconoclasta y provocador, pivotó su obra sobre temas como el erotismo, el sexo, la soledad. Autor así mismo de múltiples novelas negras. Numerosos premios y distinciones acompañaron su carrera literaria.

   Elogio del fetichismo bascula entre la narrativa y el ensayo. La obra es una celebración del erotismo en todas sus posibles e infinitas formas. Bourgeade, observador fetichista y de mirada rigurosa y casi clínica, nos lleva en un recorrido literario, desprovisto de juicios morales, a través de las múltiples piezas que componen el rompecabezas del deseo. Amar la parte por el todo. El lector se convierte en voyeur involuntario de relatos, confesiones, poemas y una singular antología de textos de autores como Sade, Rimbaud, Montaigne, Baudelaire o Georges Bataille.

   De la obra de Bourgeade escribe el prologuista: “Siendo escritor además de adepto, suponemos una variada gama de fijaciones en lo más rebuscadamente obsceno, Bourgeade tiene a dejar de lado el flujo ensaístico y dar paso al narrador. El libro está compuesto en muchas de sus páginas de relatos verídicos o narraciones orales que él pone por escrito con gracia sicalíptica. Es muy ocurrente en el capítulo VII la lectura necrófila de La colonia penitenciaria de Kafka, con el excurso propio sobre el número de agujeros penetrables en un cuerpo de mujer: siete, dice Bougeade, aunque si se cuentan los ojos son nueve (…) Este libro de resonancias tan satánicas también está escrito para gente como yo y como usted, que tampoco pertenece  a la cultura del mal autoinfligido y la esclavitud voluntaria” (páginas 11-12)



Francisco Martínez Bouzas

miércoles, 6 de noviembre de 2013

"LISTA DE DESAPARECIDOS": DOS LENGUAJES PARA RETRATAR LO ORDINARIO



Lista de desaparecidos

Andrés Barba

Pablo Angulo

Epílogo de Enrique Vila-Matas

Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 117 páginas.



   
    El que fuera finalista en el año 2001 del Premio Herralde de Novela con La hermana de Katia, Andrés Barba (Madrid, 1975) es sin duda uno de los escritores más interesantes de su generación, uno de esos literatos capaces de abrir nuevos derroteros para la escritura. Así lo acredita la acogida del público, de críticos y escritores como Mario Vargas Llosa o Rafael Chirbes, para quien Barba se ha vuelto un escritor imprescindible. Creador de personajes sumidos en un patetismo turbulento, se ha atrevido con algunos de los problemas de nuestro tiempo más existenciales y espinosos como el desorden y el deterioro que produce el Alzheimer, la reconstrucción de la vejez, la decadencia y la muerte. O el tema de la pedofilia. Sus incursiones en el campo ensayístico son así mismo interesantes y de palpable actualidad, como lo demuestra su ensayo La ceremonia del porno (Premio Anagrama de Ensayo).

   En la publicación que comento, Lista de desaparecidos, publicada al alimón con el pintor y escultor Pablo Angulo, Andrés Barba se instala en otro formato: en el del relato breve y nos ofrece la recompensa inmediata: una colección de historias minúsculas, pero de gran calado y hondura existencial, tan incisivas y descarnadas como la de las tramas de sus novelas. Una colectánea de escenas y esbozos que tienen su correlato pictórico en los retratos de Pablo Angulo que en blanco y negro es capaz de captar la tonalidad y la hondura del instante narrado o la expresión interior del personaje descrito.

   Retrato sentimental de una ciudad, cuyo referente geográfico posiblemente es Madrid, con sus anónimos habitantes, entre los que predominan los personajes femeninos, aunque tampoco está ausente el protagonismo masculino, y en algunos casos, el animal. Una lista de desaparecidos en el sentido más literal, porque Andrés Barba creó en el taller de su escritorio los personajes y Pablo Angulo buscó en sus taller de dibujante a esos personajes, a esos desaparecidos, que plasmó en un retrato robot.

   Doce rótulos (Habitación, Vagón, Colegio, Oficina, Plaza, Frutería, Peluquería, Gimnasio, Restaurante, Taquilla, Bar y de nuevo Habitación) suturan estos microrrelatos, teñidos de un nostálgico sentimentalismo, que nos permiten asomarnos al mundo interior de cuarenta personas anónimas. Detrás de esos retratos descritos y dibujados y que son con los que cada día nos cruzamos en la calle, laten historias profundamente humanas, muchas de ellas preñadas de desasosiego, y en las que el amor actúa, como casi siempre, de tema de fondo e hilo conductor.

   El resultado es efectivamente una novela colectiva de personajes, como confiesa el propio escritor. Personajes inmovilizados en una instantánea captada por la pluma y el lápiz  y que nos introducen, sobre todo, en sus dimensiones internas. El recorrido sentimental por esa innominada ciudad da comienzo en una habitación y concluye en otra. Dos reductos íntimos. El resto de los espacios podrían entenderse como el itinerario de ese viaje por áreas públicas, aunque la idea de aislamiento impone su ley también en los espacios públicos. Personajes muy comunes, urbanitas que viven aislados y cuyo bosquejo pictórico los dota de carne. Carne, sin embargo, poco literaria, porque, si de algo huyeron escritor y dibujante, fue de darle cabida en esta publicación a aquella gente no prescindible, no “desaparecible”.

   Literatura intimista con un deje de melancolía, escrita con minúsculas pinceladas, pero dotadas de gran fuerza y aderezada con originales y brillantes metáforas; con un claro protagonismo narrativo de la segunda persona, en la que dos lenguajes -la escritura y el dibujo- interactúan entre sí. Un breve epílogo de Enrique Vila-Matas, escrito con la misma tonalidad que el resto del libro, cierra esta publicación.



Francisco Martínez Bouzas



 
Andrés Barba y Pablo Angulo


Fragmentos



“Venía, se acercaba, se esfumaba, de pronto estaba ahí otra vez, le mirabas, te parecía alguien frágil y al segundo no, como si te separara de él una pared más fina que el hueso de un pájaro, le acompañabas casi hasta su parada, se iba otra vez y estaba de nuevo al día siguiente con los ojos abiertos sobre el paisaje: no le podías empezar a querer y tampoco le podías empezar a odiar, estar con él en aquel vagón te parecía estar constantemente al borde de lo posible, descendiendo, nada de lo que sabías del amor te ayudaba.”



…..



“No era muy distinto el amor de los perros, pero siempre te pareció que tenía algo de repugnante (tal vez por lo humano): se olían, se ladraban, giraban uno en torno al otro, el macho trataba de montarla sin éxito y daba tres golpes sordos al vacío que sonaban como tres palmadas sin gracia en un escenario, tras una función penosa. Tu perra siempre aguardaba inmóvil y luego abría unas fauces llenas de dientes, como si bostezara. Parecía una perra distinta entonces, una perra personificada como una damita aburrida de una novela decimonónica que hubiese estado haciendo, y con toda naturalidad, un acto aberrante. Luego se recomponía, ladraba un poco al incauto, casi por compromiso, y se volvía hacia ti como si preguntara «¿Qué, volvemos?».



…..



“Tu amor se ha marchado y ya no sabes cómo estar con él, ni si transcurrirá lenta o rápida esta tarde en el gimnasio, ni quién te mirará desnuda cuando llegues a casa. No eres tú la que grita, es el mundo el que retumba al compás de la música. Tratas en vano de comparar la vida con cosas sencillas: unos zapatos, una casa de comidas donde todos piden lo que desean y nadie lo obtiene, un avión averiado en el que viajan noventa y cuatro personas que se creen dignas de ser amadas. Y todo es un poco cierto y un poco mentira: que tú hayas sido feliz, que le eches de menos, que después de cuatro años apenas puedas decir nada de él con seguridad, que se parezca a Dios en ciertas cosas.”



(Andrés Barba, Pablo Angulo, Lista de desaparecidos, páginas 26, 56, 82)