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domingo, 26 de julio de 2015

"A ESMORGA" ("LA PARRANDA") EL GRAN CLÁSICO DE LA LITERATURA GALLEGA



A esmorga (La parranda)

Eduardo Blanco Amor

Traducción del mismo autor

Epílogo de Manuel Rivas

Mar Maior (sello de Editorial Galaxia), Vigo, 2015, 137 páginas



   En veinticuatro horas de narración inexorable Eduardo Blanco Amor (Ourense, 1897 – Vigo, 1979) le ofrece al lector no solo una de las grandes novelas de la literatura gallega, sino una importante pieza literaria de todos los sistemas literarios. No me cabe duda de que si esas contingencias de los gustos personales de Harold Bloom hubieran catado la literatura periférica gallega, como hizo con la catalana, Eduardo Blanco Amor y su novela A esmorga habrían figurado en ese “catálogo de libros preceptivos” que es su Canon occidental. Pero al margen de listas canónicas, es indudable que A esmorga, por su valor estético y su originalidad, merece la condición de obra literaria universal en el espacio y en el tiempo. Si le hacemos caso al crítico norteamericano, A esmorga por su poderosa originalidad literaria se convierte en canónica.

   A esmorga (La parranda en español) es la primera novela de Eduardo Blanco Amor. Novela escrita en plena madurez y publicada en 1959 en Buenos Aires, porque la censura franquista no autorizó su publicación, calificándola de “Burda novela corta en gallego, en la que se narran las aventuras y desventuras de tres borrachos. En lenguaje a menudo soez se mezclan los diálogos de estos tristes personajes con escenas de burdel y recuerdo de aventuras. No debe autorizarse”. En 1970 apareció la primera edición publicada en Galicia con un informe de la censura igualmente negativo, pero esta vez por razones políticas, y con la mutilación de las frases finales en las que se alude a la Guardia Civil. La sombría tonalidad trágica y la marcha nupcial suicida sirven de reflejo, como se ha escrito, de la sucesión de autodestrucciones vividas por el propio escritor en un tiempo intolerante con cualquier oposición antifranquista y con las condiciones sexuales “antisociales” de “vagos y maleantes” como las consideraban las leyes represoras de la dictadura franquista. Pero, pese a su publicación mutilada, con A esmorga funcionó la maquinaria de la ocultación (Manuel Rivas, “Por navegar al desvío”, epílogo de esta edición). También de absoluta condena: todavía en el año 1986 un miembro del Opus Dei que firma con las iniciales J.C. califica a la novela de absolutamente negativa y la priva de cualquier valor literario debido a la total ausencia de cualidades humanas y valores del espíritu, por la condición de degenerados de sus personajes (el Bocas es violador y el Milhombres, homosexual).

   La novela se inicia con un paratexto (“Documentación”) en el que el autor da cuenta de cómo llegó a obtener información sobre los acontecimientos que se dispone a narrar, que habían sucedido hacía noventa años. Y a continuación en cinco capítulos transcribe las declaraciones que Cibrán, conocido también como el Castizo, realiza ante un juez, referentes a la itinerancia parrandera por diversos escenarios urbanos y suburbanos de la ciudad de Auria, claro trasunto literario de la ciudad gallega de Ourense, de tres “esmorgantes” (parranderos), desde su encuentro casual con los otros dos (Eladio Vilarchao, alias el Milhombres y Juan Fariña, alias el Bocas), hasta su detención y tortura por la Guardia Civil, tras el asesinato de  Bocas por Milhombres y la posterior muerte de este. Veinticuatro horas de juerga y borrachera.

   La acción y la posterior tragedia vienen desencadenadas por el encuentro de Cibrán, un mozo soltero que tiene una amante prostituta, la Rajada, y un hijo con ella, que de camino al trabajo de picapedrero, en la madrugada de un lunes lluvioso se encuentra con el Bocas y el Milhombres, parranderos habituales y ya bebidos. Convencen a Cibrán para que les acompañe y este, ante la lluvia copiosa y a pesar de su mala conciencia y de las promesas de formalizar su vida que le había hecho a la Rajada, les acompaña. Comienza entonces la auténtica parranda, un frenesí de aguardiente, sexo, violencia y muerte. Otro breve paratexto epilogal informa al lector de la muerte de Cibrán, el relator, tras hundirse la navaja de autos entre las costillas, aunque añade el escritor que nunca quedó claro si murió de la cuchillada o de los culatazos que le atizaron los guardias de la Benemérita que lo custodiaban.

   La novela se estructura, como ya quedó señalado, en cinco capítulos que recogen de forma lineal las declaraciones de Cibrán ante un juez “ausente”, cuyas intervenciones no se registran (aparece definido por un guión y una línea en blanco). Por eso mismo se ha calificado de “técnica telefónica” la empleada por esta novela, quizás por un afán de verosimilitud que impedirían al juez hablar en gallego, un idioma despreciable para la justicia, o incluso para poner de relieve el distanciamiento y la falta de comunicación de la misma que solo condena.

   Los protagonistas son los tres “esmorgantes”, más el juez mudo y un gran número de actantes secundarios (arrieros, un alquitarero, tratantes de ganado, un hidalgo, los criados del pazo, los taberneros y personas que frecuentan esos locales, prostitutas, dementes, señoritas de pega, un ciego, chabolistas, la pobre loca Socorrito con la que el Bocas consuma a la fuerza su obsesión de estar con una mujer que no fuera puta). En su conjunto, estos personajes completan un perfecto friso de una ciudad gallega de la época en la que suceden los hechos narrados, aunque predomina la gente del pueblo, los marginados, entre los que se encuentran los tres parranderos.

   El espacio narrativo es la ciudad de Ourense, con escenarios cambiantes  continuamente. Las plazas, calles, fuentes, iglesias, mesones, tabernas y prostíbulos de Auria por los que transitan en su itinerancia los protagonistas principales. No resulta difícil diferenciar los dos tiempos que se alternan en la novela. El tiempo de la historia, es decir la sucesión de acontecimientos en los que se ven inmersos los parranderos: desde el amanecer de un lunes hasta el mismo momento del día siguiente. Y el tiempo del relato que comprende los diferentes momentos en los que Cibrán presenta su declaración. Gran relevancia tiene en el relato el tiempo físico o atmosférico: una situación climatológica de intenso frío, heladas y sobre todo lluvia constante. En el relato de Cibrán, la lluvia persistente es un elemento opresivo que lo convierte en un juguete en manos de sus compinches y diluye sus propósitos de regeneración mediante el trabajo que parecen arrastrados por la lluvia hasta el Campo de las Mulas, el esperpéntico y podrido basurero de la ciudad donde concluye el viaje a los infiernos de los tres marginados.

Eduardo Blanco Amor
   A esmorga es la primera novela gallega que aborda sin eufemismos la temática de la homosexualidad. En las declaraciones de Cibrán incluso por sus motes (Maricallas, Docesayas…) el Milhombres aparece caracterizado como homosexual. Homosexualidad expresada con frecuencia de forma violenta y sadomasoquista. También sin medias palabras se trata el tema de la prostitución: no solo la mujer de Cibrán había ejercido la prostitución, sino que buena parte de la acción está ambientada en prostíbulos.

   Blanco Amor emplea en la novela una lengua popular, justificada por la condición social de sus personajes y por la ambientación de la acción en los bajos fondos. Ese sello y tonalidad popular que han llevado a asociar A esmorga con la novela picaresca, se conservan en la excelente traducción al español efectuada por el mismo escritor que hace hablar a su narrador-focalizador en un castellano castrapo, propio de los marginados gallegos y de la gente humilde.

   Novela muy rica, polisémica, que posibilita distintas lecturas, todas ellas justificadas, en especial las que se pueden hacer desde claves existenciales. Narración veloz, con tensión ascendente y un desenlace inexorable. Todo ello hacen de A esmorga una novela revolucionaria para su tiempo y que en la actualidad  sigue conservando toda su fuerza. Heterodoxa sí, pero preñada de literatura.



Francisco Martínez Bouzas



                                                 
Imagen de la adaptación cinematográfica de "A esmorga" (2014)

Fragmentos



“Sí, señor, sí, los mismos, los interfectos, como usté me enseña, o séase Juan Fariña y Eladio Vilarchao, que vienen a ser el Bocas y el Milhombres por sus motes, que es como todos nos conocemos aquí y nadie se ofende, porque Juan y Eladio pueden ser cualquiera, pero el Bocas y el Milhombres solo pueden ser los que son; de la misma manera que yo soy Cipriano Canedo, para servir a usté, y me llaman Cibrán o el Castizo, como usté guste, pues mi padre tenía un castizo o parador para servir cerdas, perdonando la palabra; y cuando era más pequeño me llamaban el Sietelenguas porque hablaba mucho, que aún dicen que no lo hago mal, y también el Gorropodre, porque de muchacho tuve la tiña, que me duró hasta mozo y andaba con la boina muy apegada…

-No, señor, no; solo era para que usté me entendiese  bien, pues ya me voy dando cuenta de que usía no es de aquí…”



…..



“La Viguesa miraba para semejante animal, sin apartarse de él, como si no se cansase de verlo, como si lo fuese a robar, con los ojos húmedos y asombrados, como si hubiese caído un ángel del cielo. ¡Hay que ver…! Y el otro baduleque se dejaba estar, con los brazos caídos y viendo para las musarañas, como si la cosa no fuese con él. ¡Si fuera yo, me caso en brena…! Y la Viguesa, venga a llamarle «mi chulillo», pues siempre hablaba en castellano muy a lo fino, y no como la Culipava que siendo costurera de aldea se echó a hablar castrapo, y ese fue el comienzo de su perdición, y otras también, de las casas de a duro, que hablan castrapo con los señoritos del pueblo para hacerse las andaluzas, que de todo hay en este mundo, como se dice. No; la Viguesa se veía que era su habla natural que le venía de nacencia, que hasta se murmuraba que era hija de un coronel, al que se le fueran yendo de la casa la mujer y las hijas por ser muy jugador, que la gente no se cansa de garlar cosas que a lo mejor son mentira, pero que también pueden ser verdad.

La Matildona, como siempre, estaba espernancada, casi montada, sobre el brasero, con un cigarro en el canto de la boca, las piernas como vigas maestras y aquella carota, maltratada de la viruela, casi el doble de grande que la de cualquier cristiano, rematada en dos papos colgantes  y fofos como si no fuesen de ella. Tenía en el brasero un cazuelo de barro con vino a templar, y cada tanto pegaba en él, recogiendo para atrás toda aquella carnaza que tiene por espetera, para que no le estorbase la visión, y le daba tales tragos que lo dejaba mediado, por lo que lo volvía a llenar. Después de cada metido, soltaba un regüeldo y decía, para sí, muy seria. «Buen provecho, Matilde; que estas sean las pestes que te maten, y que se joda el mundo», porque es mujer de mucha soberbia.”



…..



“Desde que me pusieran en el medio, el Bocas había vuelto al tema de querer estar con mujer. Verdaderamente se había quedado con aquello en las mientes, aún más desde que le marrara el asunto de la que resultó ser muñeca; que, dicho sea de paso, es para reventar al más pintado, sea dicho con licencia… Pero cuando el Bocas se ponía temoso, y mucho peor cuanto más cansado y bebido, era mismamente como una mula fuera el alma, y no había dios que lo parase. Aquellos grandes ojos de niño que tenía se ponían fijos y asustados, y lo poco que hablaba era entre dientes, con las quijadas duras, como si en vez de hablar gruñese, que había que poner mucho sentido para entenderlo. Con que le daba por decir a cada paso, con su hablar tartajoso:

-¿Me caso en tal, que tengo que estar con mujer que no sea puta…! Si fuerais buenos amigos…”



(Eduardo Blanco Amor, A esmorga (La parranda), páginas 17-18, 66-67, 100-101)                                      

viernes, 3 de julio de 2015

ESCRIBIR AL LLAMADO DE LA MUERTE



El último libro de Emma Olsen

Berta Dávila

Traducción de Rubén Ruibal

Mar Maior (sello de Editorial Galaxia), Vigo, 2015, 107 páginas



   Mar Maior, ese mar para navegar todos como reza la leyenda de su lema, publica en estas fechas la segunda contribución de la viguesa Editorial Galaxia al libro gallego traducido al español. Tres publicaciones con distinto recorrido: A esmorga (La parranda) de Eduardo Blanco Amor, considerada por la crítica y por muchos lectores el mejor libro gallego de todos los tiempos; Tranparencia o barbarie de Basilio Lourenço Fondevilla, una profunda reflexión crítica sobre el discurso neoliberal. Y una de las muestras más representativas, y de gran calidad literaria, de las nuevas voces de la literatura gallega. Es El último libro de Emma Olsen que hoy comento en esta bitácora.

   Como acabo de decir, la de Berta Dávila (Santiago de Compostela, 1987) es una de las voces emergentes de la literatura gallega tanto en el terreno de la narrativa como en el de la lírica. Una voz ya consolidada, no obstante su juventud, en ambos géneros. La novela que ahora traduce al castellano Mar Maior, es una pieza breve que atesora una gran madurez tanto en el plano diegético como en el técnico, sin que falte esa brisa posmoderna metaliteraria sobre el mismo proceso de escritura de la propia novela. La novela obtuvo el Premio Narrativa Breve Repsol del año 2013, el Premio al Mejor Libro de Ficción otorgado por la Asociación Galega de Editores en el mismo año. Y ya antes de su publicación era sin ninguna duda  un original que más de un jurado quisiera hallar en sus deliberaciones. De ello soy testigo.

   Una novela de vías de trenes que se cruzan, así define Berta Dávila a su novela. Esas vías no son precisamente las que aparecen reproducidas en la fotografía de la portada que nos trasladan sin duda a ese cronotopo que es Faith, la última estación de la línea férrea abandonada en Dakota del Sur, un lugar paralizado en el tiempo, sino a las rutas de los personajes que pueblan este pequeño libro e intervienen en la historia. Y de una forma especial, la vida de Emma y la de su amiga, la inquietante Clarissa, los dos grandes pilares, las heroínas de esta ficción.

   El último libro de Emma Olsen se cimienta y gravita en los postreros momentos de la vida de Emma, la principal protagonista. Escritora famosa, enferma de un cáncer terminal, regresa a Faith en una suerte de vuelta a los orígenes para cerrar el círculo que había quedado inconcluso hacía más de veinte años: recuperar a la Emma adolescente que tenía el mundo por delante -la marcha de Faith fue para muchos una huída-, y sobre todo para contar la historia silenciada durante mucho tiempo, el gran secreto que marcó para siempre la existencia de la protagonista. Así pues, Emma Olsen va a dedicar los últimos alientos de su vida a saldar la deuda con aquellos con los que tuvo lazos de amistad, de amor o rechazo; y sobre todo con Clarissa que es a la vez vértice y vértigo, un ser que ama los límites, las fronteras que está prohibido superar. Y todo aquello que había sucedido entre ella y la amiga en sus respectivas etapas de adolescentes, será lo último que escriba, lo que le permitirá morir tranquila.

   Emma escribe pues al llamado de la muerte (“… es curioso que sea precisamente la muerte lo que me llama a contarlo”, página 11). Por eso mismo en la novela existe una auténtica obsesión por las formas de morir, porque matarse era la única forma de huir que las niñas de ocho años podían conseguir por ellas mismas. Desde esta perspectiva, la novela se convierte en una interesante reflexión existencial sobre el sentido atávico de la culpa y sobre la muerte como pulsión inevitable, como atracción fatal que se nos presenta a través de un juego literario en el que los distintos personajes gozan de vida a través de la voz de la protagonista, en un juego de ficción en el que adquieren protagonismo el supuesto editor norteamericano o el traductor gallego, así como las numerosas referencias intertextuales o paratextuales a los libros apócrifos de Emma Olsen.

   Berta Dávila presenta y desarrolla de forma eficaz un material narrativo muy denso y complejo. Considero apropiada en un texto confesional como este la elección de la voz narradora que habla en primera persona, conocedora de su situación límite. También lo son las frecuentes analépsis que se introducen en el relato para recuperar el pasado; el apropiado gobierno  de la intriga con un perfecto alimento de la misma (“Aún no ha llegado el momento de contar lo que ocurrió aquel día…”, página 32). Personajes bien delineados, especialmente los de Emma y Clarissa, verdaderos puntales de esta novela corta, pero de rica y honda sustancia. Pocas páginas escritas, pero más que suficientes para acercarnos a los restos de un naufragio y aportar un poco de luz sobre las víctimas (página 106).



Francisco Martínez Bouzas



Berta Dávila


Fragmentos



“El viaje hasta aquí fue mi última oportunidad de conducir. No debería ponerme al volante a estas alturas, pero deseaba entrar en Faith por mis propios medios. Sé muy bien que regreso a ese lugar para contar la historia que nunca me atreví a contar, y no me incomoda, ya no, que mi tiempo se agote.

Escribo porque no conozco otra forma de pasar estos meses y porque no quiero hacerlo sin cerrar un círculo que quedó inconcluso aquí mismo hace más de veinte años. Recuerdo bien el autobús que me llevó lejos de mi casa aquella vez. Desde el asiento de atrás vi cómo Faith se alejaba lentamente, cómo la ciudad tardaba en hacerse pequeña. La planicie es así, no hay montañas que nos hagan perder de vista en la primera curva aquello que abandonamos: es imposible esconderse.

En todo este tiempo solo recorrí el camino de vuelta tres veces. Las dos primeras, para visitar a un buen amigo que ya no está. La última, para enterrar a mi padre.”



…..



“Traté de que mi hija no tuviera instaurado dentro de sí ese sentido atávico de la culpa. Las madres y las mujeres de mi generación educamos, vivimos, contra nosotras mismas, contra nuestras cuentas pendientes y nuestros remordimientos. Tal vez escribimos también contra ellos y, por lo menos en mi caso, no podría hacerlo si me encontrase plenamente en paz. Si así fuera, no estaría en Faith juntando palabras y frases sino en una playa de arena blanca. Sí, siempre se escribe por algún motivo egoísta, por vanidad o para que alguien nos perdone, incluso los que no permanecen con nosotros para perdonarnos. Porque si algo tengo claro es que, si Bill estuviese conmigo en esta habitación, yo no necesitaría este libro y las cosas serían muy distintas ahora.”



…..



“Un tiempo después de apagar las luces cerré los ojos  con fuerza, intentando concentrarme en el día siguiente, aparentar que dormía. Noté cómo Clarissa resbalaba por debajo de las sábanas y abandonaba nuestra cama para recorrer la habitación hasta el otro lado, hasta donde estaba Mónica (…)

Pensé que Clarissa se marchaba con Mónica, pero escuché a continuación sus pasos de regreso, y cuando se sentó en la cama sentí más alivio que emoción. Me dijo que Mónica estaba dormida, como si aquello fuese lo que era nuestro pretexto para poder estar juntas, allí, lejos de Faith. Fue lo único que hablamos aquella noche y, después, bajos las mantas, me estrechó en sus brazos y comenzó a explorar mi cuerpo, que temblaba como si fuera la primera vez que alguien lo tocaba.

Recorrí con mi dedo su piel, sus brazos que tenían el tacto de un erizo. El cuerpo de Clarissa era el de un pez globo que despliega todas sus púas para defenderse, para envenenar. Nunca llegamos tan lejos como en esa ocasión, y aún ahora no soy capaz de poner en palabras lo que supuso para mí, porque al hacerlo siento que cubro la frase de noche, que escondo lo que pasó. Supongo que la ausencia de palabras sigue formando parte del secreto, del encanto de aquella exploración, porque decir algo es tanto como inventarlo de nuevo, mentir.”



(Berta Dávila, El último libro de Emma Olsen, páginas 9, 44-45, 89-90)

jueves, 22 de enero de 2015

FANTÁSTICAS FARMACOPEAS Y PRODIGIOSOS CURANDEROS



Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos
Álvaro Cunqueiro
Epílogo de Víctor F. Freixanes
Mar Maior (sello de Editorial Galaxia), Vigo 2014, 180 páginas.

   Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911-Vigo, 198) es uno de los grandes escritores de todos los tiempos. Su amplísima obra conjuga con maestría todos los géneros (lírica, narrativa, teatro). Y su calidad soporta todas las mediciones y comparaciones porque sus textos son irrepetibles. Y sin embargo Álvaro Cunqueiro sigue siendo un gran ignorado, especialmente fuera de las fronteras gallegas. Como ha escrito su hijo, César Cunqueiro, todavía hay quien le identifica únicamente como gastrónomo. Por eso mismo el gran universo Cunqueiro, a pesar de las ediciones de sus obras completas tanto en gallego como en español, “goza” de una inmerecida invisibilidad, debida quizás al carácter singular y excéntrico de su producción literaria. El nuevo sello editor Mar Maior sale al mercado global dando a conocer, dentro de la Biblioteca Álvaro Cunqueiro, cuatro de los textos narrativos del escritor mindoniense. Uno de ellos es esta Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos, publicada originariamente en español en el año 1976.
   Esta amalgama de textos en los que se dan cita una potente imaginación y una prodigiosas erudición, forma parte de la obra relatística de Cunqueiro: relatos al margen de sus grandes novelas que o bien configuran un friso del hombre y de la realidad gallega, o bien se “extravían” en fabulosos territorios imaginados, localizados en todos las geografías y en todos los tiempos.
   Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos tiene su origen, si le concedemos crédito a las palabras preliminares del escritor, en los “ocios bastantes” que, desde párvulo, tuvo la oportunidad de disfrutar en la oficina de la botica que su padre poseía en los bajos del palacio episcopal de la vieja villa medieval de Mondoñedo. Y en el libro, confiesa Cunqueiro, en una inigualable sinopsis, “va reunida mi ciencia boticaria, mi saber de farmacopea fantástica, desde la farmacia de Elsinor, castillo muy venteado,  a la botica de La Meca, con su caimán en el techo; desde los venenos de Mahaut d’Artois, que pusieron fin a los Capetos de Francia, a la botica de los señores traductores de Toledo. Se trata aquí del polvo del cuerno del unicornio, obligatorio en las farmacias inglesas todavía en el siglo XVIII, de la piedra bezoar, de la mandrágora, de los Kutbub-al-mawäzin gabirianos. Todo ello compone un mundo a la vez cierto y fantástico, por el que pasa el hombre buscando salud y la larga vida, o dando la muerte.”
   El libro estructurado en dos partes (“Tertulia de boticas”–“Escuela de curanderos”) brota de la capacidad soñadora de Cunqueiro (“Soy un soñador. La mitad del ser humano es sueño”), y de esa prodigiosa erudición, especializada a través de los años en cosas inútiles, tal como bromeaba el escritor mindoniense poco antes de morir. La fantasía de Cunqueiro nos remite en efecto a la botica de La Meca, con el caimán de probada virginidad prendido del techo, con cientos de hierbas entre ellas la famosa yizad, nacida del ámbar, que convierte en fértiles a camellas y mujeres; a la del Preste Juan de las Indias, de la que formaban parte los vientos; a la del viejo Alamut especializada en pócimas con viborillas de oro y en hierbas continentes; a la farmacopea persa especializada en hierbas y en aceites -el de oro especialmente, para la curación de la lepra- que se tomaba con crin de caballo blanco; a la botica de Elsinor, fecunda en venenos y en hierbas como la bermimalva explosiva o voladora; a la del nigromante y volador obispo compostelano Diego Peláez  que había obtenido de un demonio el “licor de la presencia futura”; la botica de los libertinos franceses del siglo XVIII en la que se surtía para sus orgías el marqués de Sade; la de Hama, la melodiosa, en la que los enfermos se curaban columpiándose sobre los rosales. Y así hasta veintiocho boticas registradas por Álvaro Cunquero con la misma fuerza fabuladora.
   El universo de las farmacopeas fantásticas tiene su prolongación en los relatos sobre curanderos, gente que el escritor ha conocido según nos dice. Son los “menciñeiros” gallegos, intuitivos, geniales y poseedores de ciertos poderes mágicos, y que de hecho curaban, o por lo menos sospechaban: Perrón de Braña, Borrallo de Lagoa, El señor Cordal, Cerviño de Moldes, Leivas de Vereda, El cojo de Entrebo, Xil de Ribeira, Melle de Loboso, Lamas Vello.
  
Imagen de una botica antigua
No poco se ha especulado sobre el paralelismo de estas recreaciones fantásticas con Borges y con los autores del boom latinoamericano. Pero Cunqueiro siempre esquivaba esas semejanzas y comparaciones. Él tenía sus propias coordenadas, sus tendencias transgresoras movidas por la ilusión fabuladora que se deja sentir en su obra mucho más que en el realismo mágico. Su insondable capacidad fabuladora, su erudición sin límites, su conocimiento profundo de las tradiciones míticas dieron  luz a textos como los de este libro, nacidos del imaginario de la phantasia  en su sentido más clásico, es decir, esa forma  indirecta de la que dispone nuestra conciencia para representar el mundo mediante imágenes, mediante los mitos a los que ya Platón les otorgaba la función de sostener las esperanzas.
   Los textos de Cunqueiro sobre farmacopeas  y sobre curanderos se entroncan pues con ese rol biológico de la imaginación, con eso que Bergson llamó la “función fabuladora”, en cuanto reacción frente al poder disolvente de la sola razón y la desazón de la dura realidad cotidiana. Leamos pues  estas muestras del mundo cierto y fantástico de Cunqueiro, no como opio negativo y alienante, sino como alimento de eso que también somos los humanos: sueño, imaginación, emotividad, pasión, nuestros únicos asideros de ese horizonte que es la esperanza.

Francisco Martínez Bouzas

                                                    
Álvaro Cunqueiro
Fragmentos

“¡SEA ALABADO EL DIOS único y misericordioso!
La primera noticia detallada de la farmacia de la ciudad santa de La Meca la tenemos por Ahmad el Gafiquí, el más célebre de los botánicos y farmacólogos de Al Andalus, famoso por su Kitab al adwiya al mufrada, o Libro de los medicamentos simples. A Ahmed le trajeron de La Meca, de la gran botica protegida por los Califas, una uña del caimán que allí colgaba del techo. Este caimán -como más tarde el de todas las farmacias renacentistas germanas- había de ser de sexo masculino y virgen o, por lo menos, que no hubiese tenido contacto alguno con mujeres. Aquí entraba una tradición alejandrina recogida por Plinio, según la cual, en el antiguo Egipto, las mujeres se prostituían con los cocodrilos. El califa Harun al Rahid regaló en dos ocasiones caimanes y manteca de caimán  a la botica de La Meca, traídos de los caimanes de Basora por sus pilotos que iban a Especiería, al trato de la canela, la pimienta y el calvo.”

…..

“A parte de los venenos, que se incluían en la política familiar de la dinastía y aun en la política general del reino, la botica de Elsinor era fértil en hierbas, parte de ellas importadas de Oriente desde las primeras navegaciones viquingas por el Mediterráneo, y parte cultivada en un islote en el foso de Elsinor. Se hacían cocimientos de amapola para evitar el soñar con sucesos sangrientos, y de bermimalva explosiva o voladora, llamada así porque llegando a madurez la flor malva y bermeja, que tiene forma de tulipán, pero el tamaño de una cereza, estalla, y hay que recoger, en el aire los vilanos que despide: esta infusión era usada por los ancianos para soñar acciones eróticas, como las de los años mozos y las de las novelas. Este cocimiento se usaría más tarde en Alemania, y su consumo duró hasta los días del consejero Goethe. Los últimos coitos de este parece que fueron sueños, como se prueba con Bettina von Arnim, por ejemplo. Las más de las infusiones de Elsinor están relacionadas con los sueños, y muchas se usaban contra el sudor frío.”

…..

“Xil fuera músico militar, clarinete, creo, y dejó la banda de música de un regimiento en Burgos para venir a hacerse cargo de la clientela paterna. De los tiempos militares, guardaba el ros para cubrirse en invierno, dentro de casa. Xil herborizaba, y las medicinas las preparaba él mismo, y no cobraba. Xil estaba soltero, y los más de los días vivía en casa de una hermana, o si había curado a uno de Piñeiro, por ejemplo, paseando y viendo nacer el río Miño, o echando una mano en la matanza o en la labranza, o haciendo zuecas. Escuchaba toser la gente a mucha  distancia, y corría hasta donde le parecía que estaba el tosedor, y aunque hubiese varias personas, acertaba con aquel, y se ponía aparte con él, para estudiarlo. Estaba, sobre todo contra la leche.
-Si la leche fuese necesaria para el ser humano, estaríamos mamando toda la vida. Un ternero deja de mamar, y se pasa a la hierba y no vuelve  a mamar. Un zorro deja de mamar, un conejo deja de mamar, y ya no vuelve a probar la leche. Comen de otras cosas. Hay que seguir lo natural.
Apartando la leche de la dieta, Xil recetaba quesos curados, jamón, vino caliente, vino dulce, baños y las esencias, que así llamaba a sus hierbas. Y a cada enfermo daba la suya.
-Tú eres amargo para la genciana -le decía a uno-. Tú eres flojo para la manzanilla -le decía a otro-. Tú mojas la sal de higuera -le dijo a Roque de Valente, que era un tipo pequeño, amarillo, siempre asqueado, salivando, tacaño.”

(Álvaro Cunqueiro, Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos, páginas 13, 52, 156)

martes, 23 de diciembre de 2014

"FUTURO IMPERFECTO": BRUTAL PERO HERMOSA HISTORIA DE AMOR, MUERTE Y SUPERACIÓN



Futuro imperfecto

Xulia Alonso Díaz

Traducción: Xulia Alonso Díaz

Mar Maior (Sello de editorial Galaxia), Vigo, 2014, 233 páginas



   La versión original gallega de este libro de Xulia Alonso fue publicada en el año 2010 y, como era de esperar, provocó en los lectores un gran estremecimiento, conmoción y al mismo tiempo un inmenso halo de fe y esperanza en la capacidad de los seres humanos para hacer germinar la vida cada día y transformar una verdadera bajada a todos los infiernos en una increíble  y hermosa superación. Me atrevo a apostar que la misma amalgama de sentimientos va a provocar la versión española de Futuro imperfecto, uno de los nueve productos editoriales con los que el sello editor Mar Maior  comienza a tener presencia en el mercado global y su lectura se hace más accesible para millones de potenciales lectores.

   Porque, esta por el momento única pieza narrativa de Xulia Alonso, es ciertamente literatura brutal -el relato de un “recorrido forzado hacia la muerte” página 191)- y, al mismo tiempo, un canto al amor, a la capacidad humana de renacer cada día de la desolación y alcanzar horizontes de esperanza. Y una radiografía en carne propia de la llamada “Generación perdida”, la juventud gallega que, en las décadas de los 80 y 90, víctima de la heroína y del SIDA, sembró de dramatismo, y sobre todo de muerte, los hogares de miles de familias. Todo eso lo hace Xulia Alonso en este su “testamento vital”, escrito a quemarropa, sin recatos, sin eufemismos para no olvidar. No olvidar ni siquiera el tacto, el olor, la sonrisa, el momento del ser amado, ni la secuencia temporal de los hechos y transmitirlos no solo a su hija, que ya conocía a grandes rasgos la historia, sino también a todos nosotros, igualmente herederos testamentarios de aquellos que se dejaron la vida en el camino.

   Aunque Futuro imperfecto aparezca en la colección literaria de Mar Maior, poco o nada tiene que ver con la ficción. Y si alguien se empeña en leer el libro como novela, se equivoca, porque, a pesar de que el debut literario de la autora es una simbiosis entre vida y literatura, también es un ajuste de cuentas personal y una recuperación de la memoria histórica de aquella Generación perdida, entre cuyas víctimas figuraron ella y Nico, el amor de su vida. Si es verdad, como escribió Borges que un hombre es su memoria, Xulia Alonso, por medio de su testimonio experiencial, pretende acercarnos, con intención de superadora catarsis, a la memoria de la generación gallega que alcanzó la pubertad y la juventud en las décadas de 1980 y 1990, y pagó un pavoroso tributo a aquel frenesí libertario de amor libre, sexo droga, seducida también por paridas publicitarias como aquel invento mediático “Madrid escríbese con V de Vigo”. Pero lo hace en carne propia, como privilegiada y azarosa superviviente de aquel abismo de dependencias de la heroína y de la pandemia del SIDA.

   El relato da comienzo con los primeros síntomas de la enfermedad de su compañero sentimental, del amor de su vida -la autora, ajena a cualquier pudor, no ahorra expresiones amorosas-. Narra el avanzar imparable del mal, el coraje de ambos para afrontarlo. Y repasa su propia experiencia vital anclada en la memoria. Con diecisiete años, estudiante universitaria en Santiago de Compostela en un momento (1978) de efervescencia y frenesí, sobre todo entre la juventud tras décadas de dictadura y con un único deseo de ser transgresores. El gusto incontrolable por todo lo hasta entonces prohibido. Y en medio, como ella misma declara, se infiltró el gran negocio moderno: la heroína, que penetró de forma masiva y virulenta en apenas unos años. Ella y Nico, su gran amor, víctimas incautas de ese infierno, y tras haber salido del mismo con inmenso coraje, positivos en VIH, de la que solo se sabía que su final era la muerte. La decisión, entre un mar de incertidumbres y quizás de forma irresponsable, de tener un hijo juntos. El agravamiento de Nico,  con la seguridad de cual va  a ser el final, el puto punto y final y de que llegará muy pronto. La valiente determinación de exprimir el presente hasta el fatídico desenlace, sin renunciar a nada, tampoco al íntimo acercamiento físico.

   La memoria que según la autora -y constata una gran verdad- guía la escritura de este libro, lo convierte una pieza probablemente única o de las pocas que existen en su género, escrita sin recato, sin retóricas vacías, sin eufemismos, rebosante de verdades y de una gran sensibilidad. Libro demoledor, pero al mismo tiempo henchido por las certezas de los sentimientos amorosos. Pocas veces se ha escrito con tanta fuerza y verdad una historia de amor y de apuesta por la vida, en una colosal batalla contra la muerte, encarándola y haciéndole frente. Literatura de intensísimo dolor que ser introduce directamente en la médula de las emociones. Pero a pesar de que la narración de Xulia Alonso cala en lo más profundo de la sensibilidad, no hay en ella una sola brizna melodramática, ni ninguna excitación sensiblera y victimista. No obstante, a más de un lector le brotaron lágrimas de emoción ante este friso de amor/dolor y de permanente lucha con la muerte.

   Con no pocos valores añadidos, como el reflejo de una época con luces y sombras; el testimonio de la solidariedad de amigos y familiares, solidariedad salvadora de las dependencias de los dos protagonistas, de la cercanía afectiva a una pareja de “malditos sidosos”. Y la fascinante inmersión en la memoria familiar.

   Esta explosión, casi paralizante y a la vez muy profunda de emociones y sentimientos, no exime en una lectura crítica, de la atención a otros aspectos formales del libro o que tienen algo que ver con su narratividad. Considero, en primer lugar, un acierto de la autora, los saltos en el tiempo, alternando el discurso de la adicción y enfermedad con el relato de su propia vida y el buceo en la historia y perfiles del clan familiar. Se trata de una arquitectura compositiva que favorece la comprensión de muchas cosas en la lucha titánica por la vida -la recuperación, por ejemplo de la abuela Rosa que, después de muerta, sigue siendo un manantial de respuestas-, del perfil humano de ese hombre de mirada atlántica y de la mujer de la Galicia profunda que, a su lado, libró con él, para él y para el fruto de su amor, una lucha gigantesca. La acción o historia narrada en este libro de difícil catalogación es absolutamente verosímil porque su plasmación en la escritura nació con el propósito de ser un testamento vital. Considero además que se desarrolla dentro de la lógica interna de la narración autobiográfica.

   En este tipo de literatura del yo se hacía necesaria la presencia de un narrador omnisciente al que le corresponde  la voz narradora, que cuenta todo lo que los personajes hacen, comenzando por ella misma. Narradora omnisciente que justifica además por qué conoce todos los datos. Una espacialización altamente plausible, no solo porque se privilegian ciertos espacios gallegos, sino porque son en si mismas excelentes descripciones que permiten convertir el espacio de la historia en un verdadero espacio verbal. Bien seleccionados los epígrafes del inicio de la mayoría de los capítulos, especialmente los fragmentos poéticos de Lois Pereiro, otra víctima de la misma Generación perdida. Mas, no solamente los de este poeta monfortino: las voces de Rosalía de Castro, Celso Emilio Ferreiro, Carlos Fontes, Manuel Rivas o Gioconda Belli, entre otros, cumplen su función de pequeñas cápsulas narrativas que resumen y comentan la esencia del texto. Oportunas así mismo las notas del paratexto, sobre todo muy útiles para los lectores no gallegos. Un estilo de prosa explosivo a veces, pero sensillo, directo, reiterativo, escritura a bocajarro, como ya se ha indicado; sin eufemismos, dotado de una gran fuerza denotativa; no abundante en metáforas, pero muy logradas aquellas que representan las secuencias más abisales de la historia. Cierta anisicronía o remansamiento del ritmo que la autora introduce cuando se sumerge y explora la saga familiar, mas sin que actúe como ralentí ni en el tiempo de la historia ni en el del discurso.

   Libro pues altamente recomendable -es la primera ocasión en la que en este cuaderno tiene cabida tal juicio valorativo-; recomendable para todos los públicos, sin excluir consiguientemente al juvenil. Pero aconsejable sobre todo para aquellas y aquellos que aceptan ser penetradas/os intelectual y emocionalmente por esta brutal pero hermosa historia de lucha y superación.



Francisco Martínez Bouzas



                                                    
Xulia Alonso Díaz

Fragmentos



Me preparé, pues para salvarte, y así empezó el último capítulo de nuestra vida juntos, un capítulo que sería de tal intensidad, autenticidad, sencillez y complejidad, que, a pesar de fracasar en mi propósito de salvarte, dio sentido a toda mi existencia, la pasada, la presente y la futura, y eso, amor mío, no te salvó a ti, pero sí a mi. Así, cuando finalmente dejaste de respirar para descansar como merecías, no me sentí vacía, aunque era consciente de lo irreparable de tu pérdida, porque te incorporaste  ami genoma y a mi flujo sanguíneo, porque a tu lado aprendí las lecciones más importantes y eso me mejoró, me hizo consciente y fuerte, aprendí a encajar el fracaso, aprendí a esperar pacientemente, aprendí que la ley natural no tiene nada que ver con la justicia, que los buenos no siempre ganan, aprendí que solo se pierde aquello de lo que uno se desprende y se conserva lo que se retiene y que, después del duelo, del llanto incontenible, de la pena infinita y de la rabia por lo irremediable, se puede convivir con las presencias que se mantienen vivas en la memoria, ¿o debería decir el corazón? Eso se convirtió en quien definitivamente sé que soy: frágil y fuerte, sensible y racional, inquieta pero ¡por fin! paciente, lenta pero segura y, sobre todo, leal, imperfecta y pluscuaperfecta, torpe  pero capaz.”



…..



“Llegabas a casa. La mesa puesta. Adela, eficiente y discreta, se despedía:

-hasta mañana.

Y tú me recibías invariablemente con tu media sonrisa y tus ojos llenos de acogida, cálida, tierna, un poco triste:

-No puedo sonreír mejor que ayer, lo siento.

¡Ah! Tus ojos, tus ojos…cuanta fuerza me daban, cuanta fuerza me sigue dando tu mirada atlántica. Yo besaba tu boca hemipléjica  como si nada pasara y empezábamos nuestra jornada de tarde llena de normalidad.”



…..



“Un día, no recuerdo dónde ni quién, alguien me invitó a un chute de caballo. Es curioso que no recuerdo el momento ni el ritual que lo rodea. Mi primer recuerdo me traslada a mi cama, en aquella pensión, en mi primer año en Santiago. Había vomitado, pues ese es el primer efecto de la heroína al entrar en el cauce sanguíneo: vomitas. No es aparatoso, es un acto automático, mecánico y rápido, lleno de simbología: la heroína te vacía y, luego, te ocupa. En aquella cama estaba despierta pero sentía mi entorno como si estuviera en un sueño, una sensación como la de flotar en un fluido denso que me sostenía y me permitía trasladarme por un espacio desconocido hasta el momento para mí. El primer encuentro fue suave como un arrullo, fue dulce como una nana, fue cálido como un abrazo, trasladándome  aun espacio que identifiqué como «mi interior». Me dormía en sus brazos y me desperté serena y despejada. Nada hacía presagiar ningún tipo de amenaza. ¡¡Atención!! No dejó de ser un encuentro más, una novedad más. Había tantas cosas nuevas en mi vida en aquel momento que no pasó de ahí durante algún tiempo.”



…..



Tú compartías conmigo el asombro y disfrutabas junto a mi de aquellos días, plácidos, por fin tranquilos, parecía que definitivamente tranquilos. Observabas asombrado cómo mi minúsculo cuerpo mutaba para convertirse en el contenedor, el portador de una nueva vida, portador de vida y no de ninguna otra cosa. Tus dientes aparecerían enmarcados por tus magníficos labios cada vez que me mirabas, dibujando una y otra vez esa sonrisa tuya tan abierta, poderosa, que incrementaba el nivel de ácido fólico, de hierro y oxígeno en mi flujo sanguíneo, que subía mi hemoglobina, que despertaba mis neuronas y todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo para poder sentir con mayor intensidad, si es que era posible, la afinada armonía que habíamos compuesto y que sonaba en nuestros oídos aquellos días. Acariciabas mi vientre, besabas mi boca, abarcabas mi contorno con tus brazos y respirabas en mi oreja para que escuchara claramente el sonido de tu felicidad, perfectamente acompasada con la mía. Te sumergías entre mis tetas transformadas en grandes y hermosos pechos como si allí estuviera el centro del universo. Era el centro del universo, creo que sí que lo era, el centro de nuestro universo.”



…..



“A ellos, como a mí, amor mío, los atraías tú, tu fortaleza, tu valor, tu dignidad, tu sentido del humor, tu risa, ya fuera de media luna o de cuarto menguante, tu esfuerzo por hablar aunque la lengua no te obedeciera, tu empeño por andar aunque tuvieras que arrastrar las piernas, tu tozudez por vivir aunque la vida se empeñara en abandonarte. Compartías con nosotros tus logros y tus fracasos, siempre con el mejor semblante, regalándonos en cada instante lo mejor de ti, tu voz, tu risa, tu mirada atlántica, esa que se mantuvo aún cuando perdiste la capacidad de hablar, de reír, de moverte, y tuviste que rendirte.

Tu mirada atlántica, amor mío, ni ella ni nuestra guerrilla aliada me han abandonado nunca desde entonces.”



(Xulia Alonso Díaz, Futuro imperfecto, páginas 15, 58, 90, 162, 181)