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viernes, 20 de marzo de 2015

"AZUL COBALTO": LA VIDA DE UN PEQUEÑO DIOS



 
Azul cobalto
Historia posible del marqués de Sargadelos
Alfredo Conde
Edhasa, Barcelona, 507 páginas
(LIBROS DE FONDO)

   Azul cobalto. Historia posible del marqués de Sargadelos, representa un paso importante en el proceso constructivo de la novela histórica gallega. Un relato ficcional relacionado con ambientes, hechos y personajes históricos. Mas Azul cobalto en poco se parece a  las obras de Walter Scott, quizás el paradigma autorial del relato histórico, sino a otro tipo de narraciones de características diferentes. Azul cobalto es más bien una biografía novelada, la fabulación, partiendo de ciertos datos, de la vida de un hombre extraordinario en la Galicia del último tercio del siglo XVIII y de los primeros años del XIX, Antonio Raymundo Ybáñez, marqués de Sargadelos.
   Alfredo Conde, en efecto, recrea la historia verídica del marqués de Sargadelos, y adivina fabulosamente aquello que la historia no cuenta. Mas la suya es una invención de hechos y acontecimientos posibles. Por eso mismo resulta muy apropiado el subtítulo del libro: Historia posible del marqués de Sargadelos. No es poco, a pesar de lo que el autor manifiesta, lo que sabemos sobre la vida de este personaje, una de las figuras humanas más interesantes que actuaron en Galicia en las fechas señaladas. No obstante, seguramente es mucho más lo que ignoramos de la figura del marqués de Sargadelos, un corredor de fondo en unos momentos en los que Galicia se halla en la vorágine ciclónica, en ese ombligo plácido alrededor del que giran los vientos y el embravecido mar, y con el que el autor se identifica hasta el punto de maldecir en el desenlace del libro la memoria de cuantos posaron sus manos en el cuerpo estremecido y doliente y de cuentos, en loca carnicería, despedazaron y esparcieron  sus restos por la villa de Ribadeo.
  La novela parte del relato de la primera huelga revolucionaria -contrarrevolucionaria sería un término más apropiado- que afectó a la industria española. Estamos en los primeros días de mayo de 1798. El protagonista huye de los reaccionarios, dejando en el pazo de Sargadelos a su silente esposa, aquella mujer que le había dado diez hijos y a la que amara únicamente  a través del agujero que lucen sus camisones en el lugar apropiado. Solamente lleva consigo el cuadro en que Goya lo había inmortalizado, y no por un banal  capricho, sino porque el autor precisa del retrato en azul cobalto, pintado por el maestro de Fuentedotos, para buscar en él al personaje. O mejor dicho, para que este déspota ilustrado, no al estilo francés sino al gallego, señor de los altos hornos siderúrgicos y de la fábrica de loza, se contemple y se busque a si mismo. La asonada contrarrevolucionaria precipita a este pequeño dios, a este verdadero demiurgo, en manos de la recordación. Y esa evocación consume buena parte de la novela.
   De esta manera, el relato de Alfredo Conde se convierte en la invención de la propia personalidad del protagonista desde sus cuarenta y ocho años, amalgamando intensas retrospecciones con el relato lineal de sus últimos años de vida del marqués. Invención, pues, de una vida desde la niñez, recordando el caldo que hierve en la casa de su primo Josef Lombardero, que hierve en el pote de la lareira desde que el mundo es mundo. Los aprendizajes fundamentales, entre ellos aquel de que siempre existe algo oculto o que cualquier sueño es posible. Rehacer por lo tanto una vida desde la derrota y la melancolía de este ser que era al mismo tiempo muchas cosas: fisiócrata unas veces, de la escuela de Adam Smith otras, afrancesado en ocasiones, católico a muerte, otras empresario eficaz, que vive y trabaja bajo el sino de crear riqueza sea como fuere y bajo cualquier circunstancia.
  
Alfredo Conde
La vida de este pequeño dios, cruel y poderoso, que otea el mundo desde la crisálida de la razón, es una sucesión de amplias madrigueras por las que camina hacia la luz, ya sea de la Ilustración, ya de cualquier otro origen acorde con la condición humana. Y en el medio de tanta invención, Alfredo Conde  dota al personaje de una vida erótico-amatoria paralela a la de su sacramental monotonía con la madre de sus hijos. Surge así la figura de Lucinda, la moza aldeana de cuerpo de almasí fresco, mas también templado, que le ofrece al autor la ocasión para escribir páginas rebosantes de lirismo y de conmoción sensorial.
   Un final trágico pero que se ajusta fielmente a la realidad de los hechos y un desenlace estremecido, mérito de la pluma del  escritor, le ponen enramo a esta hermosa biografía novelada en la que Alfredo Conde reproduce virtudes y defectos de obras anteriores.
                                                  
Estatua moderna de Antonio Raymundo Ybáñez en la actual fábrica de cerámica de Sargadelos

En Azul cobalto se hallan presentes los rasgos generales de la escritura de Alfredo Conde. Una estructura editorial binaria que sirve para diferenciar la recuperación de los recuerdos con relación al relato objetivo de la realidad, y en este caso sin anunciar el cambio de tiempos mediante el empleo de ningún artificio sintáctico, sino por medio del fundido de planos. Una ruptura pues de la cronología sucesiva del relato para retomar y evocar acontecimientos anteriores, que los especialistas encuadraría dentro de las analépsis mixtas homodiegéticas. Largos períodos  excesivamente ramificados, al ladote otros muy breves con los que suelen iniciarse o concluir los capítulos. Un tiempo narrativo muy dilatado; páginas cimentadas en un reseñable rigor documental. Y también en una exuberancia de cavilaciones y en un excesivo detallismo descriptivo, que hacen de esta biografía novela un libro leíble por su hermosura y solidez, pero que nada perdería si el autor hubiera aligerado muchas disquisiciones, genealogías y anécdotas varias de personajes secundarios. En resumen, y no obstante las consideraciones precedentes, una sólida amalgama de realidad y de mundos ficcionales que nos trasmite la singladura vital de este pequeño dios poderoso.

Francisco Martínez Bouzas

jueves, 12 de febrero de 2015

"VIENTO DE TRAMONTANA": EN CLAVE PARÓDICA Y SURREALISTA



Viento de tramontana
Sergio Gaspar
Edhasa, Colección Tusitala, Barcelona 2014, 278 páginas

   A los dos años de haber puesto fin a su  meritoria labor editorial en la extinta DVD Ediciones, debuta en la narrativa Sergio Gaspar (Checa, Guadalajara, 1954), primerizo en la prosa ficcional, pero en su haber con el aval literario de cuatro libros de poesía. Y lo hace con un libro muy especial: una pieza híbrida en cuanto a forma y contenido. Lengua híbrida: conjuga el español, el catalán y el español-gitano; prosa narrativa / descriptiva con abundantes escenas y diálogos teatrales. Incluso variados tipos y tamaños de letra. Pero es especial sobre todo en su contenido, porque Viento de tramontana es un texto que retrata la realidad catalana y española en forma de sátira escrita con aires actuales. Un texto delirante, confiesa el autor porque, añade, la realidad que nos presenta el poder político, editorial, universitario… es frecuentemente tan falsa que solo se puede describir de ese modo. Una verdadera amalgama pues de lo paródico y carnavalesco, con buenas dosis de superrealismo, reivindicando y ejecutando así una de las funciones tradicionales de la literatura, mas proyectándola, como ya señalé, sobre la realidad actual. Pero no solo la sátira deja su marca en este debut narrativo de Sergio Gaspar: en el libro están presentes los ecos de la historia, la reflexión sociológica y filosófica, las calles y barrios de Barcelona, una rica guía de viajes, e incluso la metaliteratura y un provechoso diálogo intertextual con muchas obras y autoras de nuestros días y del pasado.
   Nadie mejor que Sergio Gaspar para describir la esencia temática de su novela. En un texto previo al índice y a las dedicatorias sustanciosas y llena de enjundia, después de reconocer que todas las situaciones narradas son ficticias -“la literatura no es creíble, una propuesta increíble”-, escribe que Viento de tramontana es una parodia de la vida política y de la industria editorial española (página 7). En la construcción de esa parodia, el autor se sirve de un verdadero frenesí imaginativo: a la voz narrativa y a su pareja se les presenta en una carretera del Ampurdán, montado en un asno trotero y pardo, Josep Pla, “un vejete vestido con traje de pana negra, camisa  blanca y boina negra sobre la cabeza” (página 22). Más adelante en una analepsis se nos dirá que Jordi Pujol le había pedido a Pla que se muriese, que residirá en los sótanos de la Biblioteca  Nacional de Cataluña en el palpitante corazón del Barrio Chino. Como recompensa se le zanjará el hecho de que el mayor prosista de la prosa catalana haya colaborado con Franco, transformándolo así de traidor en legítimo patriota. Josep Pla se hace llamar José Llano, se pasea con su burro volador por el Ampurdán, haciendo sobre todo turismo político, con numerosas e ilustrativas digresiones: (paisajísticas, literarias, históricas, urbanísticas, sociales, políticas…) para sus acompañantes. Entre ellos el Gran Hombre Bajito, Nuestro Caudillo, Su Excelencia, que no es capaz de entender el concepto de anacronía y está preocupado, casi de forma exclusiva, por los años en que su Avenida se llamará como él.
   En otro de sus viajes por Barcelona se encuentra con Miguel de Cervantes, que visita la ciudad como un turista más. Juntos inician un recorrido por la capital de Cataluña, por sus calles y barrios, recorrido que hace que Viento de tramontana sea también la novela de Barcelona, con calles como el Passeig de Gràcia que representa simbólicamente a Cataluña y la Diagonal a España. La Barcelona del Eixample diseñada por Cerdà es curiosamente una ciudad planeada por España, por el centralismo madrileño.
   La novela disecciona por la vía del humor los nacionalismos, tanto el catalán como el español. No rehúye adentrase en las cuestiones espinosas de hoy y de siempre del nacionalismo catalán y en sus aspiraciones soberanistas, dejando caer que una Cataluña independiente tendría que ser binacional: el Ampurdán debería separarse de Cataluña y construir su propio estado. 
  
Josep Pla
Tampoco obvia ejecutar una parodia hilarante con el mundo editorial. En las páginas de la novela hacen acto de presencia conocidas editoras y agentes literarias. Los premios literarios también entran en sus reflexiones: han caído desde hace tiempo en la monotonía y en el descrédito. Premios otorgados  a dedo. Sergio Gaspar pone en boca de  César  González Ruano, “un fascista mussoliniano” que aspiraba a ganar el primer Nadal, y que ganaría sin embargo Carmen Laforet, estas casi siempre certeras  palabras:”Es la primera vez en la historia de la literatura española que se crea un premio para no darlo a un amigo” (página 142).
   Novela construida de forma fragmentaria, con una arquitectura en cierta medida caótica, pero unida por las deformaciones satíricas, paródicas en la que subyacen, sin embargo, análisis conspicuos y muy inteligentes acerca de las realidades catalana y española. Un gran amor a la literatura  que se deja sentir en los frecuentes diálogos con otros textos y autores, no porque resulte cómodo y útil, sino porque son lecturas de las que Sergio Gaspar se ha empapado y se apropia de forma inteligente, y ese diálogo resulta para su propuesta creativa. En pocas líneas: un texto muy actual, tanto por su contenido como por su construcción postmoderna, repleto de sarcasmo y humor, pero también de sabiduría. Y apto sin duda para generar polémica.

Francisco Martínez Bouzas

                                                     
Sergio Gaspar
Fragmentos

S ya lo sabía yo… -nos explicaba, radiante-. La burguesía nacionalista catalana es y será siempre católica, fascista y corrupta. Nuestra España eterna de derechas: la masía andaluza y el cortijo catalán, intercambiables. Los señoritos de Madrid y los señoritos de Barcelona. Meapilas, antiabortistas y machistas. Tienen los cojones tan machistas que no son capaces de engendrar a una mujer.
-¿Me acompaña, señora…?
-¿A dónde?
-No iremos lejos.
En efecto, no anduvimos mucho. Pla se detuvo en la casa de al lado. Buscó la ventana adecuada, una que aparecía entreabierta, y nos dijo:
-Siéntense en el antepecho, por favor
Nos sentamos los tres.
-Ahora comprobarán ustedes la fuerza de la tradición y la cultura del pueblo catalán. Canten conmigo.
Patim, patam, patúm
          homes i dones del cap dret,
 patim, patam, Batum,
     no trepitgeu el Patufet.”

…..

“-Tías en bikini y ropa interior. Tías en bragas y sujetadores. Tías más altas que nosotros, eso siempre. Mucho más altas y a ser posible extranjeras. Ésta era la fórmula para acabar con el franquismo. Porque los hombres españoles, fuésemos rojos o nacionales, sin distingos, después de vencer el hambre de la posguerra, después de bajarnos de la mula y subirnos a los biscúteres, las vespas y las montesas, sólo teníamos hambre de montarnos en una tía, en un montón de tías y follarlas. Ni toros ni fútbol. Eso ya lo teníamos. Ni novias ni esposas. Eso también lo teníamos. La democracia significaba poder follar. Los tontos del bote de la censura ni se dieron cuenta. Bueno, a lo mejor sí lo sabían, pero y andaban enfrascados en preparar traidoramente la transición como nosotros. Y las españolas, ¿qué querían las españolas? Pues lo mismo que nosotros: despelotarse y follar.”

…..

“-Ustedes, los gallegos, son bisentimentales. Se quieren a  sí mismos y quieren a España. Los catalanes nunca. No se deje engañar por monsergas de poetas modernistas y otras máscaras líricas o periodísticas. Nosotros, los catalanes, somos unisentimentales y monoamantes. No le voy a negar, porque nuestra historia así lo demuestra hasta el aburrimiento, que a menudo cometemos adulterio con España, o dicho con más precisión, con los reyes, presidentes de república y gobiernos de España. Pero siempre será un adulterio por interés, por cálculo político, jamás por atracción erótica, ni desde luego por amor. España, Excelencia, no nos la levanta.”

(Sergio Gaspar, Viento de tramontana, páginas 43-44, 125-126, 130-131)

jueves, 6 de noviembre de 2014

"EL COLOSO DE MARUSI". VIAJES Y EXPERIENCIAS VITALES



El coloso de Marusi
Henry Miller
Traducción de Carlos Manzano
Edhasa, Barcelona, 2014, 252 páginas.

   Henry Miller (Nueva York, 1981 – Los Ángeles, 1980) merece una peana aparte en la narrativa norteamericana a partir de los años 30 del pasado siglo. Sus novelas, obras teatrales y ensayos son una verdadera mirada y reflexión sobre sí mismo, proyectada en figuras marginales o asociales usando sobre todo el tema de la sexualidad. Sin embargo, su producción literaria, al margen de otras consideraciones, posee el mérito de haber sido una de las que más contribuyeron al triunfo de la libertad de expresión en el campo literario, y a la diferenciación entre juicios morales y estéticos. Por eso mismo sus Trópicos solamente pudieron leerse en Estados Unidos a partir de 1960, tras ganarse un recurso en el Tribunal Supremo. Miller aparecía ante los ojos de la conservadora sociedad estadounidense como una incitación al inconformismo.
   Henrry Miller, nacido en Nueva York, se estableció en París en 1930. Y será en la capital gala donde se entregó de lleno a la creación literaria y llevó una vida independiente y anticonvencional que lo consagrará como  uno de los grandes paradigmas de la bohemia moderna y un modelo para la “beat generation”  (Barroughs, Keruac, Gingsberg).
   En su obra narrativa confluyen elementos autobiográficos, especulaciones filosóficas, ternura, obscenidad y, sobre todo, un sello vitalista, anarcoide y erótico. Sus obras filosóficas, Primavera negra, sus Trópicos y sobre todo su trilogía The rosy crucifixión (Sexus, Plexus, Nexus), a pesar de que contribuyen a que el sexo se trate con naturalidad en la literatura, resultan, no obstante, un tanto monótonas porque los coitos, en dosis sobreabundantes, llegan a ser bastante mecánicos. Y hoy en día no dice nada de nuevo que no se haya visto o dicho en el cine, en la narrativa en incluso en los cómics.
   Por esa razón, en la actualidad interesan más otros libros del escritor neoyorquino, como Max y los fagotitos blancos , y más aún, sus libros de viajes, entre los que se lleva la palma, The Colosus os Maroussi, or the sipirit of Greece, rotulado en esta edición de Edhasa como El coloso de Marusi. El libro, escrito en 1941, es una obra profundamente vitalista, una extraordinaria, aunque poco convencional pieza de viajes y un corrimiento hacia la propia interioridad del escritor. La trama argumental reconstruye las vacaciones griegas que Henrry Miller decidió tomarse poco antes de estallar la segunda Guerra Mundial, aceptando la invitación de su amigo Lawrence Durrell para que lo visitase en Corfú. Sus periplos por Corfú, Creta, Atenas y el Peloponeso están recogidos en las páginas de este libro.
   La sordidez, el tedio, la deshumanización y casi la aflicción de vivir tan presentes en obras de Miller, aquí se transforman en un cántico, en una aleluya ciertamente vitalista, como ya he apuntado, y en una narrativa que abre las puertas del conocimiento exterior: Grecia; sus ruinas, que no son piedras muertas sino que atesoran la quintaesencia de lo humano y son, por lo mismo, una experiencia existencial única; sus paisajes; las ciudades míticas del pasado (Micenas, Cnossos, Epidauro); el pueblo griego; sus gentes que Miller percibe como herederos de aquellos hombres que alcanzaron la percepción, la divinidad en la tierra, con excepción de los griegos americanizados que rinden pleitesía al sueño americano; las cálidas y brillantes aguas del Mediterráneo; la sensualidad griega; la tierra griega que se abre como el Libro de la Revelación; los vasos de agua en todas partes. Sus amigos, hombres de la talla de Durrell, Seferis, Katsimbalis, un gran contador de historias fabulosas, a quien Miller dedica el libro, Ghida, el pintor de Hydra… La Grecia misma, un lugar donde “se tiene siempre una sensación de eternidad”.
   Pero El coloso de Marusi, también abre rendijas para el conocimiento interior. Por eso mismo, esta excursión por Grecia, en vísperas de la mayor catástrofe bélica de la humanidad, es igualmente un viaje de iniciación, de descubrimientos existenciales cruciales: el camino de la perfección anímica; del conocimiento de los absurdos que creamos alrededor de nuestro yo (el orgullo, la envidia, la libertad engañosa, la paz que solo  es tal cuando deriva  de un cultivo interior.
   Un clásico pues de la literatura de viajes y un gran relato de experiencias vitales. Prosa vitalista y autobiográfica, repleta de impresiones, escrita con estilo directo y con la fuerza vital del poeta que en Grecia halló el sentido de una civilización, quizás pobre en dinero y bienes materiales, pero colmada de profundos sentidos, de espíritu de eternidad. Y donde las mujeres fueron igual de heroicos que los hombres (página 43)

Francisco Martínez Bouzas


Henry Miller en Hydra (1939)

Fragmentos

“En Atenas, el tiempo era seco e inesperadamente caluroso. Era como si volviésemos al verano de nuevo. De vez en cuando, el viento bajaba de las montañas circundantes y entonces hacía un frío como de hoja de cuchillo. Por las mañanas, me iba con frecuencia paseando hasta la Acrópolis. Me gustaba más la base que la propia Acrópolis. Me gustaban las casuchas en ruinas, el caos, la erosión, el carácter anárquico del paisaje. Los arqueólogos han arruinado ese lugar; han destrozado grandes trechos de tierra para dejar al descubierto una caterva de reliquias antiguas que quedarán escondidas en museos. Toda la base de la Acrópolis se parece cada vez más a un cráter volcánico en el que las amorosas manos de los arqueólogos han sacado a luz cementerios de arte.”

…..

“Epidauro es un mero lugar simbólico: el lugar real está en el corazón, en el que cada uno de los hombres, con tal que se detengan a buscarlo. Todo descubrimiento es misterioso, en el sentido de que revela lo que es tan inesperadamente inmediato, tan cercano, tan larga e íntimamente conocido. El hombre sabio no necesita viajar lejos; el idiota es que busca la olla de oro al final del arco iris, pero los dos están siempre destinados a encontrarse y unirse. Se encuentran en el corazón del mundo, que es el comienzo y el final del sendero. Se encuentran en la realización y se unen en la transcendencia de sus papeles.”

…..

“La mayor impresión particular que me causó Grecia es la que es un mundo a la medida del hombre. Cierto es que Francia da también esa impresión y, sin embargo, hay una diferencia, que es profunda: Grecia es la cuna de los dioses; pueden haber muerto, pero su presencia sigue dejándose sentir. Los dioses tenían proporciones humanas: fueron creados a partir del espíritu humano. En Francia, como en otros países del mundo occidental, esa vinculación entre lo humano y lo divino ha desaparecido. El escepticismo y la parálisis producidos por ese cisma en la propia naturaleza del hombre brinda la clave para el inevitable hundimiento de nuestra presente civilización. Si los hombres dejan de creer que un día llegarán a ser dioses, seguro que se volverán gusanos. Mucho se ha hablado sobre el nuevo orden de vida destinado a surgir en este continente americano. Sin embargo, conviene tener presente que ni siquiera se ha vislumbrado un posible comienzo durante al menos mil años por venir.”

(Henry Miller, El coloso de Marusi, páginas, 50, 87, 242)

lunes, 6 de octubre de 2014

"LA GOTA CONTRA LA PRIMAVERA", OPTIMISTA NOVELA DE PERDEDORES



La gota contra la primavera
Mario de los Santos
Edhasa, Barcelona, 2014, 149 páginas

   La gota contra la primavera es apenas ciento cincuenta páginas. Mas en ella sus autor, Mario de los Santos, es capaz de agasajarnos con un formidable y deleitoso presente que invade toda la subjetividad del lector: su mente, su afectividad, pero también todos sus sentidos. Con un lenguaje directo, sencillo, una voz narrativa en primera persona que, en una tonalidad confesional, requiere y apela a una segunda, la esposa del narrador, penetra con la fuerza del rayo  en nuestras órbitas lectoras y sobre todo emocionales. El escritor zaragozano se “entrega” al lector con una inexorable necesidad que surge desde un futuro relativamente lejano del  momento en que acontecieron los hechos narrados para mostrarle todas las facetas vitales del protagonista: hijo, hermano, amante, marido, padre, abuelo.
   Con una cita inicial en la que Borges nos recuerda que solo aquello que ha sido es lo que nos pertenece y esa presencia de Alfonsina Storni homenajeada en un título extraído de de su poema “Fiero amor”, que nos recuerda que es la gota la que inaugura la primavera, porque con ella renace y se despliega de nuevo la vida en todas sus dimensiones, especialmente en la amorosa. 
   Mario de los Santos desarrolla una trama argumental cuya sinopsis nadie mejor que el propio escritor nos puede trasladar: “El argumento inicial es  simple: un partido de fútbol  entre dos pueblos vecinos y enfrentados termina en una pelea multitudinaria. A partir de ese momento, sobre el campo estallan las tensiones entre ambas comunidades, pero también aparece la capacidad del ser humano para comprender, empatizar, de verse en el otro y con el otro. Este acontecimiento, por otro lado, marca la vida del protagonista de la novela. En él se enamora, en él se encuentra con su padre, en él disfruta por última vez de su hermano. La gota contra la primavera es un libro que nos habla de la importancia de saborear cada momento porque nadie es capaz de darse cuenta de cuando está construyendo los hechos que marcarán su futuro. También es un canto a la capacidad del ser humano de romper los prejuicios y construir en libertad sus relaciones privadas y comunitarias”.
   Pero la novela del escritor aragonés es mucho más de lo que refleja esta sinopsis argumental. Es una novela de  la memoria, de la recuperación de la memoria histórica de la Guerra Civil. Es el relato de una intensa y dramática tensión que el lector percibe desde el arranque del libro y que, no obstante, el buen hacer del escritor al preservar oculto el suspense, tarda lo justo en zanjarse. Es sí un partido de fútbol entre Serín y Togur, dos  pueblos vecinos separados por un río; y sobre todo por remotas beligerancias debidas  a la muerte de veintidós hombre en 1936 que desencadena una batalla campal repleta  de episodios tan jocosos como absurdos pero que le permiten al narrador, el anciano Manuel, revelar muchas de sus claves existenciales, sus ausencias, sus recuerdos amorosos -amor y muerte enfrentados en un aciaga partida-, la traiciones, sus rémoras, sus amarguras, los odios, los muertos “que no se pueden borrar de los ojos aunque éstos miren al suelo” (página 25); el pasado convertido en una fe de erratas. Y especialmente las pérdidas -esta pieza ha sido calificada como una novela de perdedores-, y la solidariedad y el coraje  porque los perdedores, los vecinos de los dos pueblos separados por el río son capaces de unirse y enfrentarse a la guardia civil, puesto que, si había muertos que separaban, también había peleas que unían (página 100). Y la gran pérdida: el definitivo adiós de la pareja del narrador. Pero también el desamor.
   Mario de los Santos construye esta pieza en una narración no lineal, jugando con los tiempos, sin provocar por ello confusiones en el lector. Y lo hace a partir de una voz narrativa en primera persona, como ya quedó señalado, que apela a una segunda, la mujer del protagonista ya fallecida, a quien recuerda desde la nostalgia, como en una confesión de alivio y desahogo. El autor relata los acontecimientos ficionales con la verosimilitud del testigo. Retrata con maestría a los personajes en los que se focaliza la trama (el hermano del protagonista en quien recae todo el mérito futbolístico del equipo que alcanza la liguilla de ascenso, el padre, una chica de Tagur, el pueblo rival, que acapara la atención de Manuel…) Pero en el fondo la novela se convierte en una historia coral, narrada, fundamentalmente en la segunda parte, con una especial y fina sensibilidad, humanidad y ternura. Y no exenta de toques líricos (“…quedó un rastro de saliva que sabía a noche infinita”, página 33). Esta tonalidad y sobre todo muchos de los hilos argumentales convierten a la narración de Mario de los Santos en una novela ajena a la amargura y al pesimismo. Por el contrario, sus páginas están impregnadas por un soplo de optimismo, esperanza y orgulloso coraje que hacen que estas vidas que forman parte de un colectivo arquetípico  de perdedores, sean capaces de resistir. Es la grandeza de los microbios.
   Un libro, en definitiva, que a pesar de una portada en mi opinión más bien anodina, aunque en consonancia con la época a la que la narración se refiere, esconda un manjar de delicioso sabor.

Francisco Martínez Bouzas


Mario de los Santos

Fragmentos

“Tu enfermedad fue larga y dolorosa. Por eso, cuando te enterramos, no me quedó ni tristeza ni alivio, sino una mezcla pegajosa que se apelmaza en las cloacas de los pulmones cuando quiero hablar de ti y hace que me escuezan los ojos. Nos conocimos el día de la Campal, hace mucho tiempo ya, en 1982, cuando España organizó el mundial de fútbol. Me acuerdo perfectamente: se empató con Honduras, se ganó a Yugoslavia y se perdió con Irlanda del Norte. Con ese bagaje pasamos llorando a la siguiente ronda. Allí los alemanes nos dieron un repaso y, junto al empate con Inglaterra, se acabó lo que se regalaba. Finalmente, lo terminaron ganando (casi sin querer, como ganan siempre) los italiano.”

…..

“Llegué a tu portal a mitad de la mañana, te esperé, apareciste a mitad de la tarde. Llevabas un abrigo de ésos con botones que son trozos de madera y guantes con un dedo de cada color. Me miraste, nos besamos como se besan dos primos lejanos, comenzamos a caminar sin hablarnos. Llegamos al embarcadero. Olía a algas secas, a madera roída. Te había preguntado qué tal, me habías dicho que bien. Subimos a una barca, remamos un poco, mirabas ambas orillas, te pregunté si todavía me querías. Asentiste. A veces, explicaste, es como la leche, se calienta tanto que hierve y al final descubres que no es sino espuma. Te volviste hacía mí, tus ojos se habían contagiado del río, eso éramos nosotros, concluiste, espuma. Remé a la orilla, pagaste al barquero. Antes de irme me agarraste de las manos. Son los días, las horas, el tiempo. Ahora es mío. En el pueblo era de otros, era de mis padres, era tuyo, ahora es mío. El tiempo mío.”

…..

Mis preferidos siempre fueron aquella colección de la obra completa de Alfonsina. Recuerdo que abrí un libro, era la primera vez que veía una poesía fuera de los libros de texto, de las tardes aburridas de lluvia memorizando la Canción del Pirata para el festival de fin de curso. Me dijiste: lee.
Te miré.
Lee.
Nunca pude olvidar ese primer fragmento
Lloré, lloré sin tregua; grité. Corazón mío,
 detente  en encamino que lleva al desvarío:
 pero el corazón mío fue una gota de cera…
          Dios, ¿que pudo esa gota contra la primavera?...

La gota contra la primavera.
Cuando terminé me abrazaste.
Los historiadores dicen que se tiró desde unos cerros al mar, me susurraste al oído misteriosamente. Pero no es verdad, se disolvió en el agua. Nunca confíes en un cura ni en un historiador, son las basureros de la verdad.”

(Mario de los Santos, La gota contra la primavera, páginas 9, 101-102, 110-111)

miércoles, 30 de julio de 2014

EL FÚTBOL Y SU PODER NARRATIVO



 
Manual de fútbol
Un libro fuera de juego
Juan Tallón
Prólogo de Manuel Jabois
Edhasa, Barcelona, 2014, 127 páginas.

   A pesar de sus cinco libros ya publicados, Juan Tallón (Vilardevós, 1975) sigue siendo un escritor sin pose ni carrera -no le gusta tomarse en serio, confiesa-, pero está dotado de un fino oído, un mejor olfato y mucha mejor mano para el desenmascaramiento social. Todo teñido con gracia y humor, no sé si específicamente gallegos pero sí universales. Juan Tallón publica en gallego y en español. Los tres libros editados en gallego, la lengua original en la que suele escribir, son novelas serias e incluso trágicas. Socarronas, escritas en un tono ácido pero muy divertidas la dos publicadas en español. Lo último que le han editado va de fútbol. Algo que no es para el autor un deporte -del que dice no saber nada-, sino un relato, una ficción. Si bien no sabe si el fútbol es cultura. Hablará con Kant para averiguarlo. Mas el autor, sin entender muy bien lo que ha hecho al escribir Manual de fútbol, lo define con palabras mayores: una metafísica de la portería, áreas, penalti, vestimenta, banquillo…En otras palabras, el futbol es para el autor un buen instrumento para hablar de forma muy solazada de anécdotas futboleras, de lo divino y de lo humano, de cosas que nada tiene que ver con el fútbol. Si no lo hace de instintos caníbales es porque la edición del libro es anterior a los Mundiales 2014.
   Por supuesto que Juan Tallón es de los que baja del pedestal para hablar de fútbol, aunque insiste en su idea de que el fútbol es un relato, una narración, lo que le proporciona gran capacidad metafórica, genera narraciones homéricas e incluso, como acabo de apuntar, una metafísica de la portería.
   Y así cuenta Juan Tallón el fútbol: como relato sobre la actividad humana que genera este deporte y sus componentes. El balón, en primer lugar, que,  a pesar de poder ser cualquier cosa, no se debe tutear, porque en casos extremos hasta en demonio se puede convertir. Por eso mismo es preciso patearlo lo más lejos posible. Otras veces demanda un trato más serio: es don balón, como el presidente de Estados Unidos. Y casi a la par que el balón, la portería que puede representar múltiples cosas o incluso amores: un santuario, el sofá preferido, aunque a veces se venga abajo, la patria secreta, el bar, la cama, un buen lugar para morrear con tu chavala, leer una revista o pensar en la abuela cuando el área es un solaz  como una tranquila tarde de playa. El área es donde se mata y se muere; a veces se transfigura en Troya, Ítaca, Arcadia o en algo más cotidiano: en una casa de putas. El corner, la esquina del campo donde pueden llover todo tipo de objetos, hasta la cabeza de un cerdo; pensado especialmente para el drama e incluso para limpiarse los mocos.
   El relato del fútbol le da cobijo así a algunos goles como cuchillos, a pasar frío en verano, sudar en invierno, silencios solemnes, banquillos que son cárceles o cementerios, sexo en los vestuarios de Maracaná, al gol, tan importante como la poesía  (yo diría: mucho más) para algunos entrenadores, patadas sonadas, lo más fuerte que se pueda si el delantero es negro ya que no se le ven los hematomas. Penaltis que son agonías, miedos y esperanzas. Unos, con épica, otros sin ella. Las tarjetas que son los revólveres de los árbitros, monosílabos que lo dicen todo. El fuera de juego, una especie de muerte agazapada, una trampa, a veces artística, incluso un concepto filosófico. Finalmente el resultado que demanda una larga cocción, sus trámites y puede ser que no sea un fin en sí mismo, como afirmaba Guardiola, si bien estoy seguro de que pocos se abonan a sus palabras. Y el postfútbol : la crónica escrita por periodistas que a veces acaban destituidos por los presidentes.
    Juan Tallón se va de la lengua y confiesa que cuando habla de fútbol, casi nunca acostumbra hablar de fútbol y que, en todo caso, para entender las incoherencias que lo hacen apasionante es posible que sea preciso enfrascarse en Berkeley, Hume, Kant, Locke y Descartes. Casi como en la Selectividad! Porque el fútbol tiene más que ver con la vida que con el deporte. Y para definir la vida no hay nada mejor que las metáforas. Por eso Manual de fútbol es un libro metafórico hasta la médula. Posiblemente Juan Tallón no sabe jugar al futbol, nunca lo fichó el Atlético de Madrid, pero es indudable  que sabe hilvanar una perfecta narración del fútbol desde la plataforma de su historia y de los cientos de anécdotas que lo habitan y lo construyen como mito.
   No renuncia el autor a la intertextualidad, una marca distintiva de su escritura. Dialoga con el cine y con multitud de escritores, sin canivalizarlos ocultamente, trayéndolos a cuento porque, valga o no la redundancia, a cuento vienen. Desde Howard Hawks o William Faulkner, los primero, hasta Marilyn Monroe como Rose Loomis en Niágara y Harold  Brodkey,  que son los últimos.
   Libro casi siempre desenfadado, iconoclasta, rompedor de lo divino y de los humano (“Cuando eres hijo hay una norma sagrada: obedece a la séptima. Antes es ser un mal hijo”, páginas 100-101). Mas es ese desenfado lo que precisamente convierte a esta breve pieza narrativa en un libro distinto, fuera de juego, como reza su subtítulo. Y al fútbol, en algo traído por los extraterrestres, tal como escribe Manuel Jabois en un prólogo tan divertido como el  texto que le sigue.

Francisco Martínez Bouzas
          


Juan Tallón

Fragmentos

“Cuando conviertes la portería en tu oficina, te sometes a los riesgos de toda la clase trabajadora: la pereza y el cansancio. Ahí está la historia de Carlos El Loco Fenoy, mítico portero del Newell’s Old Boys (Argentina). Durante sus entrenamientos más desganados, se limitaba a clasificar los balones que le lanzaban los compañeros en dos grandes grupos: parables e imparables. No se movía, sólo clasificaba: «parable», «fuera», «palo», «imparable»…Si alguien le reprochaba algo, ponía cara de intelectual y decía: «Hoy, teoría».
La portería, en cierto sentido, también es una patria secreta, como la infancia o el bar o la cama. Tal vez por esa razón, en algún momento de sus vidas la custodiaron individuos como Dalí, Julio Iglesias. Incluso Nabokov. ¡Nabokov, señores y señoras! «Me apasionaba jugar de portero» -confesaba.”

…..

“Hace algunos años, para que no molestase a la redacción, el jefe de deportes de mi experiódico me envió a entrevistar a un jugador del Ourense F. C. No recuerdo bien su nombre. Era algo de Acuña. Nos fumamos un paquete de tabaco a medias y bebimos seis cervezas, y cuando le pregunté en qué parte del campo se desenvolvía mejor, respondió que «en el banquillo». Me recordó a Jorge Edwards, cuando decía que su mejor novela era una que no había escrito todavía. Acaricié la ironía de Acuña como si fuese un jarrón de bronce y la usé para titular a cuatro columnas la entrevista. Esa noche me fui  a la cama desasosegado, pensando en los futbolistas y en los banquillos. Y un poquito en la muerte. Porque el banquillos va en general de eso, de morir, y al acabar, pegarte una ducha y salir para casa, confiando en que haya algo en la nevera para cenar.”

…..

“El fútbol es para contar. No es un deporte, contra las evidencias, sino un relato. Jugarlo a secas, como si fuese un altercado de once tipos contra once tipos, limitados por el tiempo y el espacio, resulta del todo vulgar y efímero. La belleza se escribe. Ahí, en la crónica de lo que sucedió en el campo aquel día, cuando llovía como si hiciese sol, y la tristeza de los espectadores adquiría tintes de felicidad, es donde el fútbol se vuelve una leyenda, el asunto más importante que te traes entre manos en toda la semana. Y para eso se necesitan periodistas, hombres y mujeres que lo fían todo a describir lo que ven con sus ojos a base de sustantivos y verbos, muchos verbos. Nada de esto quita para que, en la primera fila del palco, las directivas se vuelvan a menudo hacia la zona de los medios de comunicación, y entre dientes susurren para sí, con gran desprecio: «La prensa». Lo susurran con esa mezcla de asco, repugnancia y miedo que los Cusamano emplean para describir en voz baja a sus vecinos los Soprano: «La mafia». En realidad, muchos directivos piensan como los Cusamano: la prensa es una organización malhechora, formada por esa clase de tipejos dispuestos a decir que el equipo jugo mal…”

(Juan Tallón, Manual de fútbol, páginas 27, 53, 123)

lunes, 21 de julio de 2014

EN EL CORAZÓN DE LA AVENTURA



La piel fría

Albert Sánchez Piñol

Traducción de Claudia Ortego Sanmartin

Edhasa, Barcelona, 283 páginas

(LIBROS DE FONDO)



   En su edición original en catalán (La Campana, 2002), La pell freda de Albert Sánchez Piñol fue un rotundo éxito de ventas y sus derechos de traducción han sido cedidos a treinta y siete idiomas, entre ellos al gallego, lengua en la  que la novela apareció en el año 2007 editada por Ézaro. Algo similar sucedió con la versión al español (Edhasa, 2003). En la actualidad la novela ha vendido cientos de miles de ejemplares. En su día ganó el premio Ojo Crítico y solamente el Nobel J. M Coetzee privó al debutante Sánchez Piñol del premio “Llibreter”, creado y otorgado por el gremio de libreros catalanes con la finalidad de rescatar del anonimato obras de calidad que frecuentemente pasan inadvertidas entre el alud de novedades editoriales. Sin alardes promocionales y basándose en el boca a boca de los lectores, el libro del escritor y antropólogo catalán se convirtió en el gran best seller de la literatura catalana en los primeros años del presente siglo. Y sin duda alguna en una de las novelas de género de nuestros días más internacional.

   La trama del texto de Sánchez Piñol es compleja, entre otras razones porque el argumento no  explica de todo la novela y permite muchas y variadas lecturas. Pero, sin ninguna duda, el autor se estrenó de forma muy notable con un relato que rescata el placer de la aventura, la épica aventurera, en la senda de las grandes novelas de Jules Verne, pero con indiscutibles lazos con los horrores marinos y las andanzas terrestres de Lovecraft, Hogdson, Stevenson y con connotaciones filosóficas así mismo con Conrad (relación de dependencia entre protagonista y antagonista, presentes sobre todo en la última parte de la novela). Y con Karel Capek y su conocida obra, La guerra de las salamandras (1936).

  El relato de La piel fría se abre con una afirmación categórica que ya anuncia por donde van a ir los tiros: “Nunca estamos infinitamente lejos de aquellos a quienes odiamos” (página 9). Acto seguido, el narrador nos sumerge en los entresijos de la peripecia vital de un fugitivo de la independencia irlandesa que, a principios del siglo XX, quiere romper con su pasado y acepta el puesto de oficial atmosférico en una isla remota, próxima al continente austral. El protagonista, que carece incluso de nombre, busca la paz de la nada, pero, en vez del silencio, se encuentra con la compañía de un farero, un hombre primitivo, y un verdadero infierno lleno de monstruos. Unas extrañas criaturas anfibias, los “carasapos”, de piel húmeda, fría, glacial que semejan escualos con patas y salen por la noche de las profundidades para atacarlos. La existencia en el faro se convierte así en la más absurda de las epopeyas: resistir como sea a las acometidas de estas máquinas de matar, experimentando tanto de día como de noche todos los matices del miedo. Mas con el convencimiento de que cuando estamos rodeados de depredadores, la causa del ser humano solamente puede ser una: sobrevivir. Sin embargo, en un cuerpo a cuerpo de guerra y de genitalismo, el protagonista empieza a sospechar que, por debajo de los cráneos pelados de los monstruos anfibios, puede haber algo más que simples instintos y que se limitan a defender su territorio contra los intrusos que los masacran. Se da cuenta pues de que lo único sensato es pactar.

   La piel fría es claramente una novela de aventuras, pero como ya apunté, su temática va mucho más allá de las tramas aventureras. Del relato de Albert Sánchez Piñol emerge una precisa y conspicua  lección sobre la incomprensión y el rechazo que sentimos con relación a todo aquello que nos resulta extraño y desconocido. La novela encierra por consiguiente un claro valor metafórico: “bestializamos” al adversario para justificar la guerra, despreciamos y rechazamos todo aquello que escapa a nuestra comprensión. Por todo esto, La piel fría es en el fondo un alegato contra la xenofobia, el racismo y la intolerancia que muchas veces parecen inherentes al ser humano.

   Con estilo directo, aséptico y una estructura lineal que no pretende complicarle la vida al lector, Sánchez Piñol retorna a la novela de aventuras del siglo XIX, pero su escritura va mucho más allá de la simple aventura y mantiene de forma inequívoca una tesis y una conclusión: el ser humano no es el rey del universo, sino una fracción más de la naturaleza y el mundo es definitivamente un lugar previsible.



Francisco Martínez Bouzas



 
Albert Sánchez Piñol


Fragmentos



“Nunca estamos infinitamente lejos de aquellos a quienes odiamos. Por la misma razón, pues, podríamos creer que nunca esteremos absolutamente cerca de aquellos a quienes amamos. Cuando me embarqué ya conocía este principio atroz. Pero hay verdades que merecen nuestra atención, y hay otras con las que no conviene mantener diálogos.

Tuvimos la primera visión de la isla al amanecer. Hacía treinta y tres días que los delfines habían renunciado a nuestra popa y diecinueve que la tripulación arrojaba nubes de vaho por la boca. Los marineros escoceses se protegían con manoplas que les llegaban hasta el codo. Vestían pieles tan contundentes que hacían pensar en cuerpos de morsa. Para los senegaleses aquellas latitudes frías eran un suplicio, y el capitán toleraba que empleasen grasa de patata como maquillaje protector, en las mejillas y en la frente. La materia se diluía y se les filtraba por los ojos. Lloraban pero nunca se quejaban.”



…..



“Medito sobre las pretensiones que me trajeron a la isla. Buscaba la paz de la nada. Y en vez de silencio, encuentro un infierno repleto de monstruos. ¿Qué nuevos significados deberían descubrir mis ojos? ¿Cuál sería la interpretación correcta, según mi tutor? Pienso mucho en él. Por más que me lo pregunto, por más que me interrogo, sólo puedo constatar una evidencia espantosa que todo lo invade: monstruos, monstruos y más monstruos. Nada que ver, nada que juzgar, nada que considerar.”



…..



“A veces la compasión se nos aparece como un paisaje detrás de la última colina. Me pregunté si aquel mundo submarino debía ser tan distinto del nuestro: sin duda tenían padres y madres, y la existencia del triángulo demostraba que también tenían huérfanos. No pude soportar sus llantos. Lo cargué al hombro, como un saco. Lo llevé al granito y seguí cosiendo. De nuevo se agarró a mi cuerpo y me lamió la oreja, y así se durmió. Yo simulé indiferencia.”



(Albert Sánchez Piñol, La piel fría, páginas 9, 134, 236)

sábado, 27 de abril de 2013

JOAN PERUCHO, LA PROCLAMACIÓN DE LA FANTASÍA



Las historias naturales
Joan Perucho
Edhasa, Barcelona, 284 páginas
(LIBROS DE FONDO)

   Joan Perucho (Barcelona, 1920-2003) es una de los escritores catalanes más traducidos. Poeta, novelista, articulista, gastrónomo y crítico de arte, se inició en la escritura en español, pero la mayor parte de su obra está escrita en catalán. Sus obra literaria es tan amplia como rica, sin embargo fue ninguneado durante largos años, al igual que su amigo Álvaro Cunqueiro. Ignorado por la crítica, propensa a juicios fundamentalistas, porque, como afirma Carlos Pujol, la literatura de Joan Perucho es la proclamación de la fantasía y de la libertad de las quimeras (…) de las verdades soñadas que suelen ser para el lector mucho más hondas, hermosas y significativas de lo que nunca podrán sospechar los que nunca han leído a Perucho. Sin embargo Perucho vio al fin reconocida su contribución a las letras peninsulares con el Premio Nacional de las Letras al conjunto de su obra, concedido por el Ministerio de Educación en 2002, poco antes de fallecer.
   Ejemplo de dignidad, decoro y elegancia artística, cautivado por la palabra, por su música interna y por las fantasías que son capaces de hacer nacer en nuestro interior, gobernó como nadie lo imposible y lo maravilloso, haciéndolos convivir con lo más cotidiano, con aquello que nos es familiar, con la naturalidad del casalicio.
   Perucho nació para la literatura como poeta surrealista para transitar más tarde por la narrativa. El año 1968 fue el de su explosión con  la publicación de nueve libros, lo que obligó a la crítica a hablar del “boom” Perucho. No obstante el escritor catalán estaba pendiente de una reivindicación: la traducción de su corpus literario al español, hecho que finalmente dio comienzo al emprender la Editorial Edhasa la edición castellana de su obra completa. El proyecto dio comienzo con la publicación de Las historias naturales, una de las novelas más emblemáticas del autor pues recogió en 1960 -año de su publicación en catalán- la quintaesencia de su obra: la digresión culta, la cháchara erudita en la que se entretejen  y amalgaman personajes reales e imaginarios, a la manera de una mitología en la que no resulta nada fácil distinguir la realidad de la ficción. Su protagonista es Antonio  Montpalau, un sabio del siglo XIX, empeñado en combatir la superstición en nombre de la ciencia, dedicándose por ejemplo a perseguir un extraño pájaro, que resultó ser un vampiro, empleando armas como el ajo, el perejil o el crucifijo. Sin embargo su investigación de la avutarda géminis, le obligará a replantearse su visión del mundo. Todo ello en el transfondo de las guerras carlistas, por lo que entre sus protagonistas encontramos personajes reales.
   Perucho halló en Las historias naturales el camino para iniciarse en esa concepción de la literatura como juegos de ingenio, condimentados no con el humor directo, como hizo Álvaro Cunqueiro en el territorio de la literatura gallega, sino con la ironía. La simbiosis de lo racional y de lo sobrenatural, de la fantasía, de la erudición, real o apócrifa, que hallamos como características definitorias  de la obra literaria de Joan Perucho, mereció el elogio de la crítica internacional. Un crítico de la categoría de Harold Bloom escribe el siguiente juicio sobre Las historias naturales: “ambientada en los años treinta del siglo XIX, la época de las guerras carlistas, sigue siendo una narrativa de futuro todavía hoy, más de cuarenta años después de su publicación. Es una narrativa magnífica que mezcla una historia de vampiros, la Historia y una ironía que semeja enteramente catalana”. Este “modelo de narración elíptica para la literatura del futuro” que sutura lo cotidiano con la magia, desvela el oculto secreto de los espejos. Mientras tanto el mundo se entretiene con Tolkien, Rowling o con Las cincuenta sombras de Grey.

Francisco Martínez Bouzas



Joan Perucho



Fragmento

“Se apoyó en la balaustrada y contempló la mar en calma. Se divisaban seis navíos, uno de los cuales enarbolaba pabellón británico. Pasó una «gavinis comunis», chillando, en vuelo rasante. Se hizo un silencio perfecto. Allá arriba, en Montjuich, tremolaba la bandera. Surgieron unos acordes arrebatadores, pero inaudibles, absolutamente inexistentes. Aparecía la imagen de Riego, y el himno, y la Constitución de 1812. Podía verse a los carlistas y la ciudadela y al general O’Donnell desplomándose, con la sangre que fluía, lenta y absurda. Fluía vertiéndose sobre los adoquines. Pasaban los milicianos y las canciones patrióticas, y se gritaban vivas a la reina. Volaban «gavinis comunis» y «avutarda géminis», la especie indeterminada, chillando, moviendo las alas sobre los pórticos de la casa Xifré, recién estrenados. Se saboreaba el gusto salobre del mar, y un optimismo delirante alternaba con un fúnebre pesimismo. Todo el mundo movía las alas y gritaba. Sólo la ciencia permanecía impasible, más allá del bien y del mal.”

(Joan Perucho, Las historias naturales, página 20)