Mostrando entradas con la etiqueta EUNED. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EUNED. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de diciembre de 2011

"LOS AÑOS DEL VERDE OLIVO", DONDE FLORECEN LAS UTOPÍA Y HABLAN LOS FUSILES

Los años del verde olivo
José Picado Lagos
EUNED, San José, Costa Rica, 2010, 61 páginas.


Lo recordaba Lolita Bosch en el año 2009: desconocemos casi por completo lo que se escribe en otros países hermanados por la lengua. Apenas existen vislumbres poéticos o narrativos que superen los horizontes nacionales. Vivimos sin esa ansiada globalización literaria entre países hermanos y hermanados por el idioma y por una buena parte de la misma tradición cultural. La literatura centroamericana es prácticamente invisible tanto en España como en otros países latinoamericanos. Los canales para la distribución bibliográfica no existen o están clausurados. De uno de esos países, Costa Rica, me llega a través de una mano amiga, Los años del verde olivo, un pequeño libro publicado por una editorial estatal costarricense, con el que debuta en la literatura José Picado Lagos, brindándonos su experiencia vital en las luchas antifascitas, liberadoras del continente.
Y hoy me siento honrado por traer a esta página la obra literaria de un hombre, sobre todo de acción, de un luchador en las mil batallas y empeños liberadores en Nicaragua y en El Salvador. José Picado Lagos es en si mismo y en su peripecia vital, un relato, un macrorrelato en el que la realidad supera a la ficción. Ausentes sus años vestido de verde olivo de las referencias oficiales, incluso de las digitales, el amigo costarricense Ronald Bonilla me introduce  -mi voz vicaria hace los mismo con relación a los lectores- en el peregrinaje existencial de José Picado Lagos, un incansable luchador desde 1970 contra ALCOA, organizando a los pobres de Chacarita en Puntarenas,  a los sindicatos campesinos, luchando como Segundo Comandante de la Brigada Internacional que ingresa en Managua junto con Edén Pastora. Combatiente más tarde del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional de El Salvador. Pero no solo lucha con el fusil y las granadas, sino también en labores de alfabetización e integración social, labor que continúa ahora en su país natal, Costa Rica. Este es el perpetuo luchador en busqueda de esa orilla liberadora “donde florecen las utopías” que soñó y sigue soñando con Martin Luther King, Camilo Torres, con El Che, Sandino o Jac Palac.
Los años del verde olivo, una colectánea  de cinco relatos, está escrita desde el futuro como “testimonio de alguien que combatió” en la guerra contra la tiranía, pero con la ametralladora ardiendo todavía de deseo. Cinco cuentos que son retazos de la historia centroamericana de los años 70 y 80. Como telón de fondo, “espacios de nostalgia”: Las Segovias, montañas asentadas entre el mito y la magia, donde crecen rústicas margaritas silvestres; La Vía del Transito, el lago-río morada de filibusteros; los frescos y solitarios parajes de Masaya.
 La técnica narrativa: relatos hilvanados desde los hilos del recuerdo, que recuperan la memoria histórica que en Centroamérica tejieron otros hilos: los de la rebeldía e insurgencia revolucionaria contra los tiranos. Relatos testimoniales y escritos en primera persona, con una escritura sencilla, huyendo de artificiosas solemnidades y con un común leitmotiv: la participación de los internacionalistas costarricenses en la revolución sandinista y en el posterior combate contra la Contrarrevolución.
“La Vía del Tránsito” inaugura el libro. Mezclando ficción y realidad, relata la voz narradora -alter ego del autor- el asalto, con la participación de revolucionarios costarricenses, del puerto lacustre de San Carlos, que fue el pistoletazo de salida de la vía insurreccional en Nicaragua. Posiblemente el relato refleja fielmente los hechos, excepto el sorprendente final, porque, como diría o mejor dicho escribió Gabo, es preciso vivir para contarla. En “Asalto al cielo” asistimos al inicio del odio a la Guardia somocista y  a la conversión del protagonista, casi sin darse cuenta, en militante del  FSLN,  a su participación en el hostigamiento al cuartel de Masaya, a su clandestinidad, a la toma del Palacio Nacional de Nicaragua, en la Operación Chanchera, bajo las órdenes del Comandante Cero (Edén Pastora) y la Comadante Dos (Dora María Tellez). Relato de hechos históricos que cambiaron el rumbo de Nicaragua. En “La guerra es de colores” presenciamos el arranque del Frente Sur, con el ataque y toma de Peñas Blancas. “El Gato Peña” es un relato escalofriante en el que el protagonista ejecuta la sentencia de muerte contra varios guardias somocistas, asesinos y violadores. Es sin duda la más dramática de las prosas de José Picado Lagos ya que termina con el cumplimiento de la venganza, porque en las guerras la piedad también es una utopía.
El relato más literario de la antología es, en mi opinión, “Los años del verde olivo” Un grupo costarricense combate al lado del Ejército Popular Sandinista a la Contrarrevolución. La voz relatora es, en este caso, la de una mujer, homenaje, sin duda, a todas las mujeres que en Centroamérica lucharon y luchan contra los tiranos. Forman la Brigada Mora y Cañas, una escuadra “pura vida”.
José Picado Lagos fabula para todos aquellos, hombres y mujeres, que en Centroamérica dieron y siguen dando la vida por la libertad. Sus relatos nos sumergen en una ficción que es la realidad de estos países y lo hace -y se lo agradecemos- con los localismos orales del español de Centroamérica. La hermandad idiomática nos permite disfrutar de aquellas expresiones (“estaría jefeando”, “pangueros, “humazón”, “sangrerío”, “rengueo”, “chavalo”, “vergeo, “sabemos en puta”…) que enriquecen la lengua común y expresan su rica diversidad y dinamismo,

Francisco Martínez Bouzas



Fragmentos

“Un silencio pasado rodeó la panga y a sus ocupantes. El compa encargado de amarrar los mecates continuó con su tarea, sin encontrar ninguna resistencia de parte de los sobrevivientes y, cuando terminó, me lo hizo saber con una seña.
El resto ya se lo pueden imaginar. La sentencia de muerte fue cumplida. Los guardias escogieron lanzarse al agua para no recibir un tiro en la cabeza y se fueron lanzando con la misma cadencia que el pescador tira las boyas de señalización de su trasmallo. Todos terminaron en el fondo del lago, arrastrados por las grandes piedras y, posiblemente, de sus cuerpos se sirvieron los tiburones: los únicos tiburones de agua dulce del mundo. (…)
Y le dije a mi padre, el Gato Peña:
-Gato, cuando me enteré en abril del año pasado, que una patrulla de la genocida había llegado a buscarme en la casa que tenemos en Papaturro y que, al no encontrarme, lo habían sacado a usted, para tirotearlo en media calle y meterle más de veinte tiros en el cuerpo y un balazo de garand en cada ojo y que luego de asesinarlo los miembros de la patrulla entraron en casa y abusaron de mi mamá y de mis hermanas y las degollaron, para no hubiera testigos, yo me prometí vengarlos. Dios me permitió cumplir con esa palabra y por eso le doy gracias.
-Creo que de ahora en adelante me dedicaré a vivir como siempre lo he hecho, como un buen cristiano, sin rencores ni odios. Quiero encontrar a una mujer con las cualidades de mi mamá y tener hijos para educarlos como usted me educó. Me hubiera gustado mucho que la familia pudiera disfrutar de la vida sin Somoza, pero, bueno no ha podido ser”

(José Picado Lagos, Los años del verde olivo,  páginas 43-44)

jueves, 24 de noviembre de 2011

"DONDE ESTÁS PUERTO LIMÓN": LAS PALABRAS DE MUJER DE ARABELLA SALAVERRY

 Dónde estás Puerto Limón
Arabella Salaverry
EUNED, San José (Costa Rica), 2011, 109 páginas.


Poeta, narradora y actriz, así se define Arabella Salaverry y así la defino sobre todo para el lector español que apenas atraviesa fronteras geográficas y culturales y se ve así privado de los sabores, colores, olores y substancias todas de la poesía centroamericana. Porque Arabella Salaverry es costarricense, con infancia gozada y quizás también sufrida en Puerto Limón, en el Caribe de Costa Rica. Escribir es para ella una necesidad vital. Lo demuestran sus cuatro poemarios anteriores y lo muestra de forma superlativa este Dónde estás Puerto Limón, un libro que también nos llega en sazón, maduro, nostálgico, tenue o claramente combativo cuando el yo poético se enfrenta como mujer y fruto del mestizaje a los grandes retos de todas las latitudes: la situación de los marginados, la discriminación genérica de la mujer a nivel planetario. Pero libro, colmado por una riquísima geografía de energías y vehemencias emocionales, expresadas con palabras de libertad, quebradas, rebeldes con los corsés de los cánones del lenguaje poético, porque solo así son capaces de revelar todas las vivencias del sujeto lírico. Un yo lírico, a veces confesional, biográfico, experiencial; otras, evocador, tomando distancias para descubrir aquellos ritos, instantes, sabores, experiencias, paisajes que quieren ir más allá del intimismo.
En Dónde estás Puerto Limón el yo poético se instala en la soledad como espacio vital para ir destruyendo desde ese topos el tiempo, la memoria, el espacio, requisito para la reconstrucción. Por eso recorrer los poemas de Arabella Salaverry equivale a sumergirnos en la palabra que se mece con el ritmo de las mareas y es transitada por la fulgurante naturaleza caribeña. Pero  es sobre todo palabra de mujer, un libro femenino, sutilmente provocador, escrito desde la vitalidad femenina, capaz de suturar, en el mestizaje de sus versos, preguntas y respuestas, los recuerdos de la infancia, la historia familiar, la mirada sobre los objetos, las tradiciones ancestrales y, sobre todo, una perspectiva vital concreta y una perspectiva femenina general.
Me adentro desde estas premisas en los versos luminosos y contenidamente sensuales de Arabella Salaverry, para encontrarme con una decidida voluntad de ir a los cimientos y reconstruir la memoria. Recuperación de la infancia de ese barco de niebla navegando en las calles y ese viento de pájaro recorriendo las tardes del Puerto Limón natal donde transcurren sus primeros años. Desentierro de la “memoriosa infancia”, en ese Limón “tren detenido / en el terminal del sueño”. Recuperación de rutas, de sueños malabares, los sueños infantiles que brotan inducidos por la imagen de la vieja bicicleta verde. Y junto a la bicicleta, el amor por los trenes, incluso los ausentes, porque amarran el destino del cometa del yo poético al verde del trópico. Mas todo tan lejano, rememorado desde el presente vivido y suavemente nostálgico.
Aunque sin demasiadas concesiones a los localismos -la patria natal convive con herencias de otras geografías e incluso con palabras de otros idiomas-, Puerto Limón aparece necesariamente en el ayer y en el presente: el parque enardecido con ese ilán ilán que “esgrime la desmedida urgencia de su aroma”. Limón que es trópico “lleno de abanicos verdes”. Playa Bonita donde el sol duerme “de tanta arena blanca”.
Y el mar, paisaje familiar, ámbito sin duda íntimamente ligado a la experiencia vital de la poeta que es a la par anatomía local y dimensión abstracta y simbólica, como lo han interpretado todos los grandes líricos. Es el mar que se viste con el color del tiempo (gris de lluvia o azul doméstico), el mar con olor  a Caribe, pero también el mar, substancia marítima abstracta que nos reinventa y que es vaivén de esperanza, pero también temblor visceral que nos acomete ante la sola dimensión de su presencia.
No están ausentes de este poemario la queja y la denuncia. Dos poemas rotulados como “Noticias” nos hacen estremecer con esa nueva flor decapitada, “una niña, una más que muere sus doce años degollada” o con el muchacho y los miles de muchachos que mueren cada día “enredados en miles de silencios”. Es entonces cuando la voz poética abandona el tono mesurado para convertirse en explosión, en denuncia radical de las vilezas del presente.
Internarnos en la poesía de Arabella Salaverry nos confirma que la función poética es quizás algo pequeño en su configuración gráfica, aunque muy hermoso (“Small is beautifull”). Y lo es más relevante: nos permite descubrir las fuerzas mágicas del decir poético, que la poesía es fuerte (Michel Deguy), o como decían los clásicos de mi tierra acudiendo a hechizos verbales igualmente reveladores: que la poesía es el gran milagro del mundo.

Francisco Martínez Bouzas






Arabella Salaverry


Poemas de Dónde estás Puerto Limón

Memoriosa infancia

Recuerdo
un barco de niebla
navegando tus calles
Aquella niña sola juega a la rayuela
Recuerdo
un viento de pájaros
recorriendo tus tardes
La niña canta canciones solitarias
 Recuerdo
una ciudad que fue
                          ahora dibujada
 en la inlúcida trama
                         de los sueños
Tu mano madre
para secar la lágrima
Recuerdo también
garúa
          amor
nostalgia
           llanto
Y las tardes repletas de palmeras
Revivo
lo que la memoriosa infancia
desentierra

Me sabe

Limón me sabe a mango
a coster apple
a haki
Me sabe a infancia
a madrugada a tormenta
Me sabe a muelle
a ilán ilán a baobab
Me sabe a jazmín del cabo
a mediodía y a luz
Limón me sabe a quijongo
es agridulce su voz
Me sabe  a caricia
a abrazo
Limón es curry y canela
nuez moscada
un leve resabio a clavo
anís estrella y rondón
Limón me sabe a…
Limón

Madrugada en el puerto

Emergen a mitad de madrugada
Con sus carcajadas políglotas
despedazan la calma
de las alunadas noches
cuando el calor ensaya
sus últimos asaltos
Son marineros de lenguas forasteras
alemán, holandés o checo
Escupen chistes para coronar
el estruendo de su borrachera
Y en un eco patético
las pobres putas tristes
ensayan también su carcajada

(Arabella Salaverry, Dónde estás Puerto Limón, páginas 5, 31, 55)