martes, 29 de enero de 2019

UNA SAGA CORAL


La huella de los Adioses
Una historia mágica de la emigración cubana
Marieta Alonso Más
Editorum.es, Madrid, 2018, 381 páginas.

    

   Si Marieta Alonso Más, como señalé hace cinco años, perdió su virginidad literaria con aquel su libro en solitario ¿Habla usted cubano?, un reventar de de fantasías que nos llegaron en forma de relatos breves con sabores y acentos cubanos, hace unos meses, estimulada por las voces de su lectores y amigos, dio el salto del relato a la novela. El resultado: La huella de los Adioses, una novela de largo aliento que, no obstante su unidad temática, transita por la misma senda de sus anteriores incursiones en la ficción de formato breve. Marieta Alonso, hija de la cultura cubana y española, nos sorprende con una extensa saga familiar que bascula entre Cuba y España. Múltiples historias de emigrantes, cientos de personajes, aunque referenciados a una misma familia extensa con distintas ramificaciones.
   Narrativa circular, con coincidencia del principio y del final, tanto en el espacio como en el tiempo: Espasante (Santa Marta de Ortigueira, año 2007. La historia acaba igual que empieza, sin que ello quiera decir que su íncipit sea el final. A lo largo de las cerca de cuatrocientas páginas, múltiples recovecos, meandros, analepsis y prolepsis para reflejar ficcionalmente numerosas historias,  verídicas en los hechos esenciales. En un largo periodo de tiempo (1868-2007), con innumerables emigrantes que van y vienen. Sus historias cotidianas, pero no a ras de suelo.
   Una saga que une a dos progenies: la de Antón y sus descendientes y la de la familia de los Landeiro. Historias de ida y vuelta que recogen no solamente el vivir diario de los protagonistas en Cuba y en España, sino buena parte de los acontecimientos históricos, sociales y políticos acontecidos en estos cerca de ciento cuarenta años.
   La novela se inicia con el retorno a Ortigueira en el año 2007 de Cecilia. Trae la urna con las cenizas de uno de los personajes centrales de la narración. Y, sin solución de continuidad, retrocedemos a 1868, a Espasante, momento en que Antón, un joven de dieciséis años, dice adiós al mar que siempre logró sorprenderle. Al quedar huérfano, su tía María le envía a Cuba, donde le espera otra tía, Cristina. Llega a La Habana y por primera vez ve un negro, y le sorprende el baile de las caderas de las mujeres. Al alba del día siguiente, marcha a San Cristóbal, un pueblo de la provincia de Pinar del Río. Aprende los secretos del tabaco y se enamora de Micaela. Había venido a parar a la vega de los Landeiro y con ellos se emparentará.
   Saltos en el tiempo y en el espacio: la acción se traslada a España en más de una ocasión y de nuevo  retorna a Cuba. En 1920, la narración nos coloca en Tiedra Vieja, en las estribaciones de los montes Torozos en Valladolid para describir la venida al mundo en 1903 de Juan, que también emigra a Cuba, escapando de la epidemia de la gripe en España. Con su llegada a la Isla, la narración amplia su campo diegético, y a la vez cobra empuje.
   Una novela cuya arquitectura constructiva incluye materiales diversos: capítulos sobre personajes, diarios, cartas, y que tiene la capacidad de ofrecernos un minucioso retrato del último tercio del siglo XIX cubano, buena parte del siglo XX y los inicios del XXI, con el que se cierra el círculo de esta saga coral.
   A través de sus páginas, se nos hace presente la Guerra de los Diez Años, tratados con España, el poder colonial, el proceso del cultivo del tabaco asociado en la Isla con los minifundios, el final de la esclavitud en Cuba, el vivir diario y las ansias de superación de los inmigrantes españoles, la crisis de 1933, la peor en la Isla originada en 1929, la Guerra Civil española, y  Cuba país de acogida de republicanos, los interminables viajes a bordo del trasatlántico “Monte Ulloa”; una visión negativa de la Revolución castrista, más sin extremar los tintes; el “cubaneo” en Miami, el ataque a Playa Girón en la Bahía de los Cochinos, la crisis de los misiles, la libretas de racionamiento, el mercado negro, y sobre todo, el amor, el amor luchado y no aceptado, en más de una generación
   La huella de los Adioses es una narración de ida y vuelta también a nivel paisajístico: del paisaje cubano rebosante del esplendor tropical se nos traslada a los Campos de Castilla que se adentran en el alma con su trigo amarillo y la cebada verde clara. También de sonidos, acentos y palabras del idioma común.
   Marieta Alonso encauza su amplísimo relato por la senda del costumbrismo literario: refleja con acuidad los usos y costumbres del vivir diario de la Cuba rural, antes y después de la Revolución, y con frecuencia los analiza e interpreta críticamente. En su relato de costumbres tienen cabida numerosos refranes y expresiones sumamente elocuentes, llenas de humor (“soy de esas mujeres que ven un calzoncillo en la tendedera y se quedan embarazadas”, página 305). La edición no respeta, como en sus libros anteriores de la autora el criterio de traducibilidad, y por consiguiente nos permite seguir disfrutando de no pocos usos locales del idioma común que aportan colorido, sin entorpecer la lectura.
   En el debe de la novela, el vicio quizás inconsciente del primerizo, del autor novel: la ausencia del criterio de contención. Un buen fresco de la vida cubana y en parte de la española, con sus personajes bien perfilados, sobre todo por sus acciones, pero con sobreabundancia de secuencias, diálogos e incluso de capítulos enteros que poco añaden a este relato coral, con historias grandes y pequeñas, y que ralentizan el ritmo.
   Novela amable, de lectura sosegada, que mezcla familias, sangre, razas; narrada con ese estilo natural y sencillo, la lengua pulcra de la que la autora hizo gala en sus anteriores libros.

Francisco Martínez Bouzas


Marieta Alonso Más


Fragmentos

“Agachado entre las hojas de tabaco soñaba con la joven pelirroja. Buscaba excusas para ir a verla. Vicente y Pedro eran grandes personas y le tenían en gran estima. Sonreía planeando su próxima visita. A veces charlaban tanto del tema del tabaco que no sabían cómo hacerles callar y  a punto de estallar aparecían unos ojos que le volvían del revés. Ella aparentemente venía a escuchar la conversación y se daba mañas para sentarse cerca de él.
En una ocasión comentaron que a partir de 1848 llegaron cientos de miles de culíes chinos a Cuba, para trabajar en las labores agrícolas hasta que en 1874 prohibieron su contratación. Micaela aprovechó para meter baza y dijo estar convencida de que los emigrantes influían allá donde iban:
-¡Sabes!- Y con el dedo índice tocó en el hombro. Dio un respingo. Se mareó al sentir un apetito voraz, ojalá pudiera poner en su boca aquel dedo y besarlo con ternura-. En nuestra música hay una cierta influencia asiática, incluso en la conga, de origen africano, que tanto se baila y canta en los carnavales, se usa la corneta china.”

…..

“Detrás del bautizo llegó la rutina. La costumbre en el campo de irse a la cama al anochecer igual que las gallinas, se llevaba a rajatabla en aquella casa, la excepción era Micaela que se levantaba bien temprano y se acostaba pasada la medianoche. La llamaban pájaro de noche. Elegía esos momentos para estar a solas y arrellanarse en la mecedora a la luz de la luna, oyendo los ruidos de las sombras. Luego se encargaba de realizar el reconocimiento de suelos y puertas, ordenaba, recogía; preparaba la casa para que también se echara a dormir, respirando paz, al disfrutar de una conciencia tranquila.
Los sábados por la noche se reunían los vecinos para conversar de cómo iba la siembra, contaban anécdotas, chistes e incluso algún que otro chisme a la luz de un quinqué, después alguien rasgueaba una guitarra. Los domingos, engalanados, camino de misa, en las dos carretas, disfrutaban del día de descanso.”

…..

“Un gallego, de Vigo por más señas, de noviembre a mayo hacía la zafra en Cuba, regresaba a Galicia y sembraba su huerta con impaciencia ya que de junio a septiembre iba a la siega a Castilla, regresaba de nuevo a su pueblo y recogía la cosecha que había sembrado a su llegada, aumentando también la cosecha en el orden familiar que para eso pasaba dos lunas de miel al año. Regresaba a la isla y vuelta a empezar.
No perdía el tiempo, no, durante el viaje trabajaba de pinche de cocina en el barco. Una vida agitada. Sin embargo, no era una excepción, hubo muchos que con tanto ir y venir tuvieron descendientes en ambos lados del Atlántico. El vigués también la tenía y confesaba a Juan que al estar en un lado echaba de menos al otro, no podía evitar querer a dos mujeres a la vez y que constara que no estaba loco, ni era un desalmado.”

(Marieta Alonso Más, La huella de los Adioses, páginas 69, 100,193-194

sábado, 19 de enero de 2019

VIDAS QUEBRADAS


El día enterrado
Francisco Solano
Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2018, 158 páginas

   Francisco Solano (Burgos, 1952) es un escritor y crítico literario cuya obra constituye una de las parcelas tan singulares y desconocidas como sólidas de la actual narrativa española. Un corpus literario, el suyo, emparentado con la mejor tradición literaria centroeuropea. Una narrativa consistente que explora con acuidad tanto la novela como el relato breve, y escrita con incuestionable poderío estilístico. Todo ello aparece de nuevo plasmado en la última pieza de Francisco Solano, El día enterrado, un libro que exige una determinada disposición de espíritu, que demanda esos lectores que no se sienten saciados con tramas azucaradas.
   Un narrador innominado -crítico literario y escritor-, trasunto posiblemente del propio Francisco Solano, pretende explorar y componer un crepúsculo que se orienta en la noche ciega de personajes, unidos por lazos de parentesco o amistad. Una crisis de pareja, la ruptura sentimental entre Rubén y Gadea, marca el inicio de la trama que se nutre de otras subtramas que en sí mismas no despiertan la atención lectora. La ruptura matrimonial hace que Gadea se identifique con una mujer decapitada que ve en un cuadro. Y se interrogas sobre cómo había llegado con su pareja Rubén a ese estado de desafecto. Sigue ligada a su marido por la impertinencia de la memoria. Ha sido capaz de disolver a Rubén de su cuerpo, pero no de su alma. A Rubén, tratado casi de escorzo en la novela, la ruptura le supone un incremento de la soledad del apartamento. Ninguno de los dos ha sabido evitar el desastre y ya nunca compartirán el espacio común.
   Otra subtrama es la de Serapia y Gonzalo, dueño de una galería de arte en la que trabaja Gadea, que de pronto desaparece sin avisar y sin dejar rastros. Por Serapia, una anciana que mete la nariz en todos los asuntos amorosos, nos enteramos de las perversiones comerciales del arte: en la galería de Gonzalo se venden como auténticos cuadros de grandes pintores contemporáneos españoles, pintado por un pintor desconocido que se ha pasado la vida pintando los cuadros de los demás. Cuadros falsos, por consiguiente, que tienen en sus casas coleccionistas de firmas. Poco a poco el lector se va enterando del drama vivido por Serapia: no pudo salvar a su propia hija, y quizás por ellos pretende actuar de consejera sentimental de Gadea.
   Francisco Solano tematiza en El día enterrado ese río interior por el que discurren ciertas vidas quebradas en su parte afectiva, las fracturas amorosas, especialmente cuando el matrimonio se convierte en una rutina diaria y, por consiguiente, en algo que aboca al desconcierto: “El matrimonio es una zoología fantástica, pensaba Serapia, y aún no ha nacido un Linneo capaz de desenredar su confusión” (página 113). La novela, más que de acciones exteriores, es un relato intimista en el que se exploran especialmente los sentimientos, las insuficiencias amorosas, las reacciones que producen los vínculos sentimentales, las alteraciones, las dolencias, las modificaciones de la conducta, las aflicciones ocultas, los malestares e iniquidades de la convivencia. En definitiva: las aguas residuales, los estercoleros de las almas
   Un buceo  e lo que suele acontecer en tantas vidas quebradas, en los misterios de las convivencias felices y en aquellas otras condenadas al fracaso, al dolor, a la soledad y que, sin embargo se mantienen en pie o desaparecen sin dejar rastro. Novela además con incisivos interrogantes sobre el valor del arte actual y sobre el entramado absurdo que es su mercado: los coleccionistas no quieren un cuadro, quieren una firma.
   Así pues, como en otros de sus libros, Francisco Solano nos ofrece una historia más interior que exterior. Y nos la hace llegar a través de una prosa intensa y minuciosamente labrada.

Francisco Martínez Bouzas

                                                   
Francisco Solano


Fragmentos

“¿Qué hacer? ¿Se puede intervenir en los sentimientos? Esas injerencias han producido, en general, más daño que el que han evitado; y, en todo caso, los protagonistas del idilio han seguido sus propias inclinaciones, los dominante impulsos que les han llevado, en tantas ocasiones, a volver a pisar las mismas huellas erróneas de sus pasos. Pero se trataba de su opción, de la bendita y ensortijada voluntad propia, esa ofuscada creencia en decidir un destino, y presumir que somos señores o propietarios, codiciosos y deseantes, y no aparceros de nuestro cuerpo, inquilinos inestables con un frágil esqueleto, sometidos por una ley que puede revocarse en cualquier momento, y ser aún más injusta, con apartados más puntillosos e intrincados, y de nada sirve nuestra ignorancia o repulsa para impedir que nos caiga en la canezca. Y los sentimientos equivocados caen, siempre acaban por caer, nosotros los precipitamos, reclamamos su estrépito, como una tormenta de verano tras un día bochornoso, cuando respirábamos la ansiedad y la desidia, y el cielo restalla para ayudarnos, y luego arruina el frescor del agua con una atmósfera pesada.”

…..

“En la calle el aire parecía una gasa fluctuando bajo una luz cansada de transparencia. Quedaban unas horas para que se hiciera de noche, pero los días breves del invierno, antes de alcanzar la culminación, se sometían prematuramente a la amenaza del crepúsculo. Serapia se dirigió con resolución a la plaza, y se sentó aliviada en su banco, observando a un par de viejos, sentados enfrente, que fumaban en silencio. Delante del conserje no había tecleado el número de Rubén; cambió varias cifras, y tuvo suerte de dar con un número ocupado. Si alguien hubiera contestado, habría inventado la conversación típica de oficina de quien se dirige a una telefonista y le responden que esa persona está en una reunión.”

(Francisco Solano, El día enterrado, páginas 54-55, 68-69)

sábado, 12 de enero de 2019

HISTORIA DE DOMINACIÓN Y DE AMORES


Amores
Leonor de Recondo
Traducción de Palmira Feixas
Editorial Minúscula, Barcelona, 2018, 201 páginas

    

   Amores, un título en plural que lo dice todo. Adelanta en buena medida todas las variaciones del amor. Así rotula Leonor de Recondo (París, 1976) su penúltima entrega narrativa, publicada en Francia en el año 2015, y que Editorial Minúscula le ofrece a los lectores españoles en traducción de Palmira Feixas. El título, en efecto, revela sin ambigüedades  ni cortapisas una historia de amores, y a la vez una historia de dominación, de estratificación social, de clases sociales, de amos y servidores, de ricos y pobres. Y de todo lo que se oculta bajo los oropeles y alfombras de los poderosos. Pero es  sobre todo una historia de mujeres: sobre su silencio y sometimiento e los que estaban condenadas a vivir a comienzos del siglo XX. Enfrentando a la señora y a la criada, Leonor de Recondo hace palpable que, encerradas en el espacio de una casa burguesa, sus libertades no se podían medir con el mismo metro. Amores es por eso una novela que hurga y escudriña en las miserias de una familia burguesa, miserias finalmente sublimadas por los amores: no solo por los amores carnales entre mujeres, sino también por el amor maternal: el niño parido por la criada violada repetidamente por el señor de la casa, suscitará el amor de las dos mujeres: señora y criada.
   Un hilo conductor y u tema central: la obligación de ser madres que la sociedad impone a las mujeres a lo largo de los siglos como forma de su realización personal. Y un doble tema fundamental: una historia de amor entre mujeres y la comprensión del cuerpo femenino como requisito imprescindible para la liberación femenina.
   El íncipit de la novela es la violación de la criada Céleste por Anselme de Boisvaillant, un notario en una población de provincias, cercana a París. Todo sucede según las pautas sociales de dominación de la época, en un momento en el que dos mundos, el antiguo del siglo XIX y el nuevo del XX, se enfrentan. En los hogares burgueses conviven señores y sirvientes. Céleste tiene el convencimiento de que ha sido contratada para todo, y por consiguiente que no puede decir no al señor. La criada, en cada violación, se da cuenta de que no hay nada que hacer. Solamente esperar a que pase el tiempo. Anselme está casado con Victoire que cree que el amor a su marido consiste en llevar bien la casa, en retomar las riendas del hogar. Para ella el sexo es un “enredo inmundo” un muro de palabras, de sonidos para postergar la copulación.
   A medida que pasan los días, la vida se hace un lugar en el vientre de Céleste, y Anselme experimenta una satisfacción absoluta por el hecho de que va a ser padre y demostrar así que no es estéril. Además la abortista no logra llevar a buen término su trabajo clandestino. Y el niño nace para que la esposa, que oscila entre la melancolía y la histeria, lo asuma como propio. A partir de ese momento se produce el encuentro de dos cuerpos femeninos. La salud del bebé será el pretexto para que la señora y la criada rindan culto al monoteísmo del amor carnal.
   La novela es un fiel reflejo de toda una época: secretos inconfesables que se repiten generación tras generación, barreras sociales que existen de día pero no de noche: cuando el señor se cruza con la criada, no la saluda; ella no existe. Solamente cobra vida cuando un deseo irreprimible le empuja a subir las escaleras hasta el pequeño cuarto de la criada para agarrarla por el moño y tirar de él hasta que consuma su orgasmo. Porque una empleada de hogar es una mujer a la que se le puede ordenar acostarse con el señor de la casa, o con sus hijos como forma de iniciación en el sexo seguro, sin darle posibilidades a negarse ante tamaño abuso.
   Leonor de Recondo no obvia  algunas escenas de sexo perfectamente descritas: sexo de iniciación, de descubrimiento, de amor y también de sexo impuesto y forzado, de desahogo varonil, sexo en definitiva de poder. En el relato cobran vida otros personajes: la cocinera y ama de llaves y su marido sordomudo. Sus existencias están extrañamente imbricadas, Dependen los unos de los otros, cada cual a su manera. Y sobre todo están atados a su rango social
   La novela, bien estructurada, ofrece una lectura fácil, gracias en buena medida a sus capítulos muy breves. Un lenguaje claro y diáfano, sin complicaciones formales, traslada a los lectores una historia de dominación y de amores, en la que si algo sobra es una cierta tonalidad sentimentalista y un desenlace melodramático.

Francisco Martínez Bouzas


Leonor de Recondo


Fragmentos

“Anselme empuja a Céleste sobre el colchón, siempre con el mismo gesto que la arroja sobre el vientre, con la cabeza hundida en la almohada y el pelo al alcance de su mano. Le sube la falda a toda prisa. Ella no se resiste. Él se agarra al moño, tirándole con fuerza de la cabellera. Luego se coloca, plantado entre sus muslos, y empieza. Las patas de la cama de hierro chirrían. Ni Anselme ni Céleste oyen el quejido de la cama que aguanta el amor forzado. Siempre es laborioso. Y largo. Ella se pregunta por qué esos instantes transcurren tan despacio. Por qué no se desmaya para no sentir nada.
En una ocasión, intentó contárselo a Hueguette en la escalera de servicio. Temblando de pies a cabeza, balbució:
-El señor de Boisvaillant…
Las rodillas empezaron a castañearle. Hueguette lo comprendió enseguida. Le mandó callarse, repitiendo varias veces:
-¡Cállate, cállate, y ni se te ocurra decírselo a la señora.”

…..

“Le tiende la mano. Al levantarse, ella vuelca el pequeño taburete de caoba. Lo recoge con un gesto nervioso. Anselme la mira. Bajo la bata de seda rosa anudada a la cintura, lleva un camisón adornado con encaje y, debajo, una prenda con tirantes cuyo nombre se le escapa. Conoce esas espesuras. No le queda más remedio que lidiar con ellas. Su mujer nunca se desviste por completo. Jamás la ha visto desnuda, jamás la ha tocado entera. Se encoge de hombros. Ira al grano, como siempre. Como el grano se sitúa entre los muslos, que ella solo abre a regañadientes, siempre tiene que forzarla un poco. Y cuando, al fin, en medio de las sábanas, de la seda, del encaje, de las florituras y de la pequeña prenda sin nombre levantada hasta el ombligo, logra entrar en ella, todo sucede muy deprisa. Goza enseguida como si quisiera excusarse por esa intrusión, para que termine el silencio en el que se ha encerrado ella de repente, para que retorne a su reconfortante parloteo.”

…..

“Al penetrar a Céleste, Victoire deja entrar, tras ella, el tiempo, las noches y los días: el cortejo de la eternidad.
Las dos mujeres se zambullen la una en la otra, maravilladas de amar. Ese lazo que ahora une sus cuerpos rompe en un instante el tabú de su amor y de las convenciones sociales. Todas esas consideraciones inútiles que, cuando están desnudas, se quedan cosidas a la ropa.
A Victoire le turba la suavidad de Céleste. Una suavidad húmeda en la que puede entrar y salir a su antojo.
-Jamás había tocado ni visto nada tan suave…Te amo, Céleste.
Al declararse, todo el cuerpo de Victoire tiembla, como si esa verdad la hubiera fulminado. El amor está allí, aquí, con ellas.
Y la belleza de esas palabras, susurradas al abrigo del sueño e la casa burguesa, insufla a Céleste la audacia de erguirse, de mover delicadamente a Victoire y de sumergir la boca en el sexo de la otra hasta colmar su sed, hasta oírla gritar de placer.”

(Leonor de Recondo, Amores, páginas 11, 36,115)

viernes, 4 de enero de 2019

NOVEDADES DE EDITORIAL ANAGRAMA PARA INICIAR 2019


   Como en años anteriores, la barcelonesa Editorial Anagrama inaugura el nuevo año 2019 con la publicación de productos literarios de gran calidad en casi todas sus colecciones. Desde la calidad y la singularidad, Editorial Anagrama sigue haciendo frente a la uniformidad del libro único. En poco o en nada se ha notado, desde esa perspectiva, el relevo de Jorge Herralde por Silvia Sesé.
   En la colección bandera de Anagrama,”Panorama de Narrativas” a punto de alcanzar los mil  títulos, dos novedades: Serotonina de Michel Houellebecq y El expdiente de mi madre de András Forgach. La otra colección específicamente dedicada a la narrativa, “Narrativas hispánicas”, anoto dos novedades: Petit Paris de Justo Navarro y Sánchez de Esther García Llovet.
   En otra de las colecciones clásicas de la Editorial, “Argumentos” cabe destacar la publicación de una obra póstuma de Olíver Sacks. Así mismo en “Nuevos cuadernos Anagrama”, dos títulos: Ironía on de Santiago Gerchunoff y Silencio administrativo de Sara Mesa. Finalmente en “Compactos”, la colección de bolsillo de Anagrama, la reedición de otra novela de Michel Houellebecq, Sumisión.
   Como adelanto editorial y en espera de mi valoración crítica, reproduzco las sinopsis de tres de estas novedades que gentilmente me ha hecho llegar la casa editora y que estarán a la venta en librerías a partir del día 9 de enero.

Francisco Martínez Bouzas



Serotonina
Michel Houellebecq
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 282 páginas

Sinópsis:

“Florent-Claude Labrouste tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia.
   Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.
   Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio...). Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil...
   Nihilista lúcido, Michel Houellebecq construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora. Serotonina demuestra que sigue siendo un cronista despiadado de la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, un escritor indómito, incómodo y totalmente imprescindible.
   «Lo que me impide leer los libros de Houellebecq y ver las películas de Von Trier es una suerte de envidia. No es que les envidie su éxito, pero leer esos libros y ver esas películas sería un recordatorio de lo excelsa que puede ser una obra y lo muy inferior que es mi trabajo» (Karl Ove Knausgård).”

El autor:

Michel Houellebecq (1958) es poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994), ganó el Premio Flore y fue muy bien recibida por la crítica española: «Una mirada lacerante –aunque repleta de humor– sobre el vacío vital de este fin de siglo» (Xavi Ayén, La Vanguardia); «Magnífica novela. Si Kafka nos descubrió en sus relatos el seco cañamazo del siglo XX de la burocracia, Houellebecq nos muestra, con espléndido pulso literario, los entresijos oscuros del siglo XXI de la informática y la presunta liberación sexual» (Xavier Lloveras, El Periódico). En mayo de 1998 recibió el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés. Su segunda novela, Las partículas elementales (Premio Novembre, Premio de los Lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire), fue muy celebrada y polémica, así como Plataforma. Obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en 36 países, y ha abordado el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión. Las cinco novelas han sido publicadas por Anagrama, al igual que Lanzarote, El mundo como supermercado, Enemigos públicos (con Bernard-Henri Lévy), Intervenciones y los libros de poemas Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento (reunidos en el tomo Poesía) y Configuración de la última orilla. Houellebecq ha sido galardonado también con los prestigiosos premios IMPAC (2002) y Schopenhauer (2004); en España recibió el Leteo (2005)
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Petit Paris
Justo Navarro

Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 236 páginas.


Sinopsis:

 París, marzo de 1943: Alemania e Italia están perdiendo la guerra. Después de la invasión angloamericana del norte de África y la rendición en Stalingrado del mariscal de campo Paulus, se respira la hecatombe militar nazi-fascista, el inminente desembarco de los aliados en Europa. Veinte años antes de resolver los crímenes sobre los que giraba Gran Granada, el comisario Polo se encuentra por accidente en París, temeroso de no poder acabar nunca un viaje que solo iba a durar unos días. En tiempos de guerra no es raro que lo previsto como una excursión de setenta y dos horas se dilate meses, años o décadas, o se convierta en el exilio eterno.
Y Polo se mueve en un pequeño París, Petit Paris, de gente peligrosa: abogados y periodistas que ejercen labores policiales en los servicios consulares de España, colaboradores de la Gestapo a la caza de republicanos españoles en fuga. Entre el personal de la escuadra española se han sucedido en menos de un mes tres muertes violentas, y en el centro aparece el posible suicidio del bello Matthias Bohle, un seductor de vida enigmática que con otro nombre había conquistado la Granada de 1940, incluyendo al irreductible comisario Polo, y que recaló en París tras robar cuatro kilos de oro a un industrial que quizá le encargó sacarlos clandestinamente de España.  
Pronto Polo empezará a investigar su muerte, ayudado por colaboradores tan poco seguros como lo es todo en la ciudad: el abogado Palma, casi un doble de Polo rejuvenecido cuarenta años y con carnet de la Gestapo, que ha descubierto la fuente de la juventud en una mezcla de gin, Dubonnet y anfetaminas; Alodia Dolz, heroína de la Cruzada nacional, agente de la Quinta Columna, que sobrevivió a tres años de temerarias actividades clandestinas en la Madrid roja: «Si entonces no la habían matado, ya no la matarían nunca.» El Petit Paris de Polo es negro puro, una ciudad de inquietante ambigüedad moral donde todos mienten y manipulan como único modo de sobrevivir. Una narración deslumbrante y magnética –con homenajes a Simenon, Leo Malet y Modiano– que juega con los resortes de géneros como el policiaco y el de espías para llevarlos más allá.
«Justo Navarro tiene una voz absolutamente personal, posee un mundo inequívoco de obsesiones y ficciones, aporta un sistema expresivo singularizado y brillante, y trae a la narrativa española un necesario acento de dureza, de rigor estético pero también ético» (Miguel García-Posada, El País).

El autor:

Justo Navarro (Granada, 1953), premio de la Crítica por su libro de poemas Un aviador prevé su muerte, ha publicado en Anagrama las novelas Accidentes íntimos (Premio Herralde de Novela): «Un paso ade­lante en una trayectoria cada vez más densa y cuaja­da» (Santos Sanz Villanueva, Diario 16); «Transita por los caminos auténticos de la narrativa con mayúscu­las» (Ramón Acín, El Heraldo de Aragón); La casa del padre (Premio Andalucía de la Crítica): «Se integra en el privilegiado número de novelas que permiten de­finir lo mejor de una época literaria» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); «Una novela de clima inol­vidable y una de las más rotundas e inquietantes de la nueva narrativa española» (Felipe Benítez Reyes); El alma del controlador aéreo: «Turbadora gran nove­la» (Enrique Vila-Matas); «De imprescindible lectura» (Ana Rodríguez Fischer, ABC); F. (Premio Ciudad de Barcelona): «Excelente» (Ricardo Senabre, El Mun­do); Finalmusik: «Para paladares delicados» (Ricardo Senabre, El Mundo); «Con sentido del humor y su aguda visión crítica subraya algunas de las grandes paradojas de nuestro tiempo» (María Luisa Blanco, El País); El espía: «Fascinante» (José Luis Amores, Revista de Letras); y Gran Granada (Premio Andalu­cía de la Crítica): «Soberbia» (J. Ernesto Ayala-Dip, El País); «Una novela negra que... no renuncia a ser una novela del propio Navarro, con su estilo riguroso, inteligente, tajante» (Nadal Suau, El Mundo), así como el ensayo El videojugador: «Hacen falta libros como este, capaces de romper la inercia del pensa­miento y de actualizar el placer de la curiosidad libre de prejuicios» (Sergio del Molino, Revista Mercurio).
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Sánchez
Esther García Llovet
Editorial Anagrama, Barcelona 2019, 130 páginas

Sinopsis:

Madrid. Un Madrid nocturno en cuyo cielo de tanto en tanto se ve pasar alguna estrella fugaz. Un Madrid de extrarradio, de timbas, bingos, gasolineras de la M30, Casa de Campo y bares perdidos en la nada. Un Madrid crudamente real en el que de pronto puede suceder lo inesperado, e incluso lo mágico. Ese es el espacio que transitan los personajes de esta novela de perdedores en busca de una oportunidad.
Sus nombres son Nikki y Sánchez. En el pasado compartieron vida, después sus destinos se separaron. Ella ha estado trapicheando con tabaco en La Línea y ahora ha vuelto a Madrid y se ha metido en el mundillo de las apuestas y las carreras de galgos. Él, con fama de gafe y dado a desaparecer, debe dinero y acepta ayudar a Nikki cuando ella lo llama. La propuesta de Nikki a Sánchez: que la ayude a entregar un galgo de nombre Cromwell a una italiana que se dedica al negocio de las carreras. Y durante una interminable madrugada la pareja transitará por un Madrid espectral en busca de ese galgo y se topará con un montón de extraños personajes, como la artista serbia que acaba de celebrar en pleno bosque una performance consistente en comer carne cruda de ciervo durante veinticuatro horas...
Segunda entrega de la Trilogía instantánea de Madrid tras la notabilísima Cómo dejar de escribir, Esther García Llovet se confirma aquí como extraordinaria retratista de un Madrid que no sale en las guías turísticas, de la ciudad marginal de altas horas de la madrugada, poblada por personajes escurridizos e inquietantes.
Una novela breve y contundente, escrita sin florituras y con diálogos como cuchillos, que avanza sin tregua con una estructura de thriller en la que de tanto en tanto asoma un clima surreal, con imágenes y situaciones dignas de un David Lynch en estado de gracia tras ingerir algún brebaje castizo.
«Esther García Llovet es una perra verde. Un bicho raro en el contexto actual de la literatura española: el mundo de sus escritos es también el de una perra verde. El de una exquisita rara avis... Esta autora cuestiona cada código, cada imagen, cada palabra... Estupenda» (Marta Sanz).
«Nos gusta mucho García Llovet, y nos gusta su estilo, su poética: afirma
su preferencia, como lectora, por las grandes novelas oceánicas (con Bolaño y Foster Wallace como inexcusables referencias), pero como escritora apuesta por las novelas escuetas y alusivas. Su universo narrativo incluye una dosis innegable de extrañeza alentada por una especie de arcano inaccesible, de “fatum” de tragedia griega. Autora de culto» (Sara Mesa).
«Una muy buena escritora, que maneja la tensión narrativa y la ambientación de manera soberbia y mesurada» (Sergi Bellver, Bitácora de Sergi Bellver).
«Ha hecho de la calidad una de sus señas» (Javier Moreno, Quimera).
«Su estilo es de cuchilla de afeitar» (Laura Fernández, Go Mag).
«Es de esas escritoras “secretas” que causan adicción» (Carlos Sala, La Razón).
«Una escritora única... Magnetiza al lector» (Recaredo Veredas, Qué Leer).
«Excelente narradora... Brillante» (Alberto Olmos).

La autora:

Esther García Llovet (Málaga, 1963) vive en Madrid desde 1970, donde estudió Psicología Clínica y Direc­ción de Cine. Ha publicado Coda (2003), Submáquina (2009), Las crudas (2009) y Mamut (2013), además de relatos en diversas antologías y revistas. Es traducto­ra del inglés y colabora habitualmente en la revista Jot Down.
En Anagrama ha publicado Cómo dejar de escribir(2017): «García Llovet es una pegadora certera, de buen juego de piernas y golpe preciso» (Carlos Zanón, El País); «Espléndida novela corta. Mé­rito literario, sustentado en una prosa de buscada sencillez, ingeniosa en sus manifestaciones de hu­mor excéntrico y muy expresiva en su bien dosifi­cada creación de juegos de palabras. A lo cual con­tribuyen también la fluidez y el dinamismo de sus diálogos» (Ángel Basanta, El Mundo); «Esther García Llovet tiene una capacidad muy grande para repro­ducir el lenguaje de la calle, de la gente que anda perdida por un Madrid fantasmagórico, entregada a búsquedas raras porque no tienen nada que hacer» (Benjamín Prado); «Su prosa no mece, no calma, no acompaña, porque supone una sístole ancha y pro­funda, capaz de dar la bofetada oportuna. El lector no olvidará el impacto de su ritmo, la melodía de su verbo y la impronta de una narradora que respira por el pulmón del mejor McCarthy, del eterno Bellow y del último Bolaño» (Ángeles López, La Razón).